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Francisca Barceló Vadell | Presidenta de la Fundación Barceló

«En el ADN de la familia Barceló está no rendirse nunca ante las dificultades»

Francisca Barceló Vadell durante la entrevista que concedió a este periódico. Andrés Gutiérrez

¿Qué propició el nacimiento de la Fundación Barceló?

El crecimiento e internacionalización de nuestra cadena hotelera nos hace sentir unos privilegiados. Esa es la razón por la que cada año intentamos hacer un poco más por responsabilidad social corporativa. La fundación empezó con algunas actuaciones en República Dominicana, luego edificamos un colegio en Haití después del terremoto y más tarde hemos ido ampliando nuestro radio de acción siempre con la colaboración de un socio local. Eso nos da mayor seguridad.

¿A qué tipo de seguridad se refiere?

A que nosotros construimos un colegio, pero luego qué pasa con él. En Haití, por citar un ejemplo, había unas hermanas religiosas que perdieron su convento y nos pusimos de acuerdo con ellas para que se hicieran cargo de la gestión de la escuela.

¿La pandemia y la crisis económica han modificado la planificación de sus actuaciones?

¿Se refiere a las acciones que hemos realizado en España?

Sí...

El covid y los problemas económicos de las familias nos han obligado a cambiar de estrategia. La demanda de alimentos provocó que una pequeña finca familiar que tenemos en Mallorca fuera destinada a la producción de fruta, hortalizas y legumbres frescas. Esa iniciativa, que hemos compartido con el Banco de Alimentos o Cáritas y otras ONG, se vio reforzada con la firma de unos acuerdos con asociaciones de carniceros y cofradías de pescadores para intentar dar algo más que productos enlatados y alimentos no perecederos.

¿Cómo se engarza la estructura hotelera con la parte más solidaria de la marca Barceló?

Los hoteles son el escaparate para dar a conocer la labor de la fundación. En Canarias tenemos 18 y estamos trabajando para organizar al menos una vez al año un acto solidario en cada uno de ellos. Queremos darnos a conocer [la Fundación Barceló lideró 111 proyectos en 2021 en 16 países, por un valor de 2,1 millones de euros y que benefició a 284.487 personas], mostrar lo que hacemos y ayudar a la región.

¿Cómo está ese «escaparate»?

Todos los fondos de la fundación proceden de la marca Barceló. Mi padre y mi tío fueron los fundadores de la empresa, aunque antes mi abuelo había comprado algunos autocares... Yo no lo conocí porque falleció a una edad muy temprana y fueron ellos los que empezaron a mover el negocio en Baleares y más tarde abordaron el desafío internacional que supuso desembarcar en el Caribe. Fue la tercera generación Barceló la que dio el salto de calidad en el que nos encontramos en estos momentos.

Usted está mucho más próxima a la parte solidaria de la marca, ¿pero qué se le pasó por la cabeza cuando en marzo de 2020 se paró la actividad turística?

Yo tengo más de 60 años y he vivido unas cuantas situaciones difíciles, pero ninguna como esa. Cerrar todos los hoteles por la pandemia fue un shock para el que no estábamos preparados. Fue una situación dura para los propietarios, los accionistas, los empleados... Evidentemente unos lo pasaron peor que otros, pero creo que nuestros trabajadores se sintieron acompañados; percibieron que seguíamos a su lado. No es fácil seguir en pie cuando pierdes parte de tus ahorros, la ilusión disminuye y el trabajo simplemente no está. La sensación es que estamos en el camino de regresar a los números positivos después de ser arrasados por una gran tormenta económica.

Fundaciones como la que usted preside son más necesarias que nunca ante las incertidumbres económicas  que azotan a la sociedad, ¿no?

Yo creo que sí [silencio]... En mi caso solo llevo un año como presidenta, pero mi hermana estuvo al frente otros seis y antes que ella una prima, hija de mi tío Sebastián. Vamos tirando del carro con ilusión, aunque en ocasiones las fuerzas sean las justas... Nuestra directora de proyectos nos cuenta lo desolador que resulta poner en marcha algo en África, pero eso no nos frena para que estemos intentando sacar adelante un pozo de agua en Etiopía. Las necesidades son abundantes en el mundo pero la fundación intenta aportar su granito de arena. Esa es la razón por la que estamos tan ilusionados con impulsar iniciativas solidarias en los 18 hoteles canarios: queremos planear acciones en Canarias para Canarias.

De África procede una presión migratoria que en muchas fases del año genera un colapso en las Islas por la falta de recursos.

Los problemas son de origen y muy variados porque, insisto, hay muchas necesidades... Abrir un pozo en medio de una zona desértica es algo milagroso, pero allí falta comida, medicamentos, trabajo y las oportunidades de mejora que se buscan a través de la migración.

¿No tiene la sensación de que el día a día viene envuelto en datos de macroeconomía que, a veces, impiden ver que con poco se puede hacer mucho?

No le voy a quitar la razón [sonríe]... La fundación impulsó hace ya 20 años un sistema de microcréditos en Nicaragua para la construcción de unas viviendas sencillas de dos habitaciones y lo imprescindible para poder vivir con cierta dignidad. Esas casas fueron ocupadas por maestros, personal de la administración, sanitarios, etc. El problema no fue edificar esas 200 viviendas sino generar una planificación a su alrededor con una red de alcantarillado, luz, teléfono y otros servicios elementales. Esa es la razón por la que siempre hay que tener un buen socio en la zona en la que decidimos realizar una acción. Poco a poco, con el dinero que íbamos recuperando de esos microcréditos, fuimos asfaltando calles, abriendo una guardería, montando una zona para practicar deporte. El secreto está en no parar.

¿Cuál es la recompensa?

Sentir que somos una ayuda. La mujer es una pieza clave en todas nuestras acciones porque sabemos que la mayoría de las veces está en una posición de mayor debilidad. En Turkana (Kenia) logramos abrir un colegio para que las mamás se dedicaran a hacer artesanía [pulseras y llaveros] que luego vendemos en España y, a cambio, ellas reciben el dinero que les permite comer, escolarizar a sus hijos y acceder a medicamentos, que en muchas ocasiones también se los ofrece la fundación. En la memoria de este año aparece la foto de un niño que perdió sus piernas por la mordedura de una serpiente y le pudimos comprar una silla de ruedas... Esas son las mejores recompensas.

¿Aquí no vale rendirse?

En el ADN de la familia Barceló está no rendirse ante las dificultades. Mi padre es un ejemplo de generosidad y sacrificio. Con 94 años sigue yendo todos los días al despacho. Él dice que está jubilado, pero cuando en sus manos cae un informe de cuentas y ve que la recaudación del bar de la piscina de un hotel de Canarias baja mucho llama por teléfono al director para averiguar qué es lo que ha sucedido. Eso es vivir por el negocio, ¿no? Tiene una capacidad de trabajo que he visto en muy pocas personas.

¿Dar a cambio de...?

Del agradecimiento de las personas a las que podemos ayudar en un momento complicado de su vida. Mi padre es un hombre de unas sólidas creencias religiosas y sabe lo que cuesta cada cosa. Él nos ha dado una educación y el motor para todo esto: damos a los más necesitados una parte de lo que ganamos con la marca.

Resumiendo, que su familia no es rica de cuna.

Mi madre dice que cuidaba cabras [sonríe]... No, no somos ricos de cuna. Tampoco lo son muchos de los empresarios del sector turístico de Baleares. El abuelo compró una furgoneta con el dinero que tenía y la usaba para trasladar a personas de su pueblo natal hasta Mallorca. Así fue como empezó el negocio de los hermanos Barceló.

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