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Canarias reclama su liderazgo turístico en Europa

Diez de las mayores empresas de las Islas, asociadas en Excelcan, se proponen que el peso del Archipiélago en la política turística comunitaria esté en sintonía con su importancia para la ‘industria’

Una turista en una playa del sur de Tenerife. Andrés Gutiérrez

Miconos, con su pequeña Venecia, sus molinos de viento y su barrio del Castillo. La isla griega es uno de esos paraísos instalados en el imaginario colectivo. Como en Canarias, el origen del turismo de masas en Miconos se remonta al último tercio del siglo pasado. Es parte del archipiélago de las Cícladas, que a su vez forma parte de las islas del Egeo Meridional. Ahí están también Santorini y el Dodecaneso. En conjunto son un idílico territorio insular en el que cada año se contabilizan más de 39 millones de pernoctaciones de turistas. Una cifra extraordinaria que se queda pequeña ante los más de 68 millones registrados en Baleares en 2019. Más de 68 millones de noches acumularon quienes visitaron el archipiélago mediterráneo el último año antes del estallido de la pandemia. Sin embargo, ni las paradisíacas islas del sur del Egeo ni la cálida región balear encabezan la lista de los territorios insulares europeos con más pernoctaciones de turistas. Tampoco Cerdeña, Sicilia o Córcega. Con la friolera de más de 96 millones de pernoctaciones en 2019, incluso más de cien millones en años anteriores, Canarias es, con muchísima diferencia, el destino insular líder en Europa. En ello no hay quien le tosa al Archipiélago, cuya industria turística gestiona cada año alrededor de 30 millones de noches más que la de Baleares pese a que cuenta con 38.500 plazas menos –429.222 frente a 467.726–. El liderazgo es, por tanto, indiscutible. Es tan indiscutible como el pequeñísimo margen de influencia que Canarias tiene en la política turística comunitaria. O más bien en las medidas y resoluciones de Bruselas que afectan de lleno a la actividad, ya que no existe una política turística comunitaria en sentido estricto. Pero la habrá. La habrá más pronto que tarde, y las Islas, espoleadas desde el sector privado por la nueva Asociación para la Investigación, el Estudio y la Excelencia del Sector Turístico (Excelcan), van a reclamar el protagonismo que les corresponde en virtud de ese liderazgo.

En marzo de 2021, cumplido el primer año de la era del coronavirus, la Comisión de Transporte y Turismo de la Eurocámara exhortaba a Bruselas a diseñar una política turística comunitaria. La irrupción de la covid, los cierres de fronteras y las restricciones de la movilidad habían puesto en evidencia la importancia del turismo en la economía del Viejo Continente. Es verdad que nadie, ni en Estrasburgo ni en Bruselas, pudo haber imaginado que una pandemia paralizaría la actividad en medio mundo, pero no es menos cierto que el turismo, al menos en lo normativo, nunca fue la principal preocupación de las autoridades comunitarias. Algo que puede resultar paradójico si se tiene en cuenta que Europa es el principal emisor y receptor de turistas del planeta. En definitiva, la UE tiene una Política Agrícola Común (PAC) pero no una Política Turística Común, no tiene una PTC. Así que conforme el virus le restaba décimas al PIB del continente a fuerza de encerrar a los viajeros en sus casas, los informes, declaraciones y resoluciones de la Comisión y el Parlamento europeos sobre la vital trascendencia económica del turismo eran cada vez más numerosos. Todos coinciden en dos puntos: en que el turismo es una actividad «transversal», y por tanto exige una política común para responder a los retos globales –en términos jurídicos esto implica que pasaría a ser una competencia compartida entre Bruselas y los Estados miembros–, y en que hacen falta medidas específicas para los territorios más dependientes de la industria turística, para las islas y para las Regiones Ultraperiféricas (RUP). Y esto es casi tanto como decir que hacen falta medidas específicas para Canarias, ya que será difícil encontrar otro territorio que reúna esas tres características: estar entre las economías más dependientes del turismo, tener la condición de la insularidad y ser una de las nueve RUP europeas. En este clima de consenso sobre la necesidad de una política turística común que atienda las particularidades de las islas y de las RUP, Canarias no está dispuesta a adoptar una actitud pasiva ni a dejar que sean otros, en Bruselas, en Estrasburgo o en Madrid, quienes tomen las decisiones y adopten medidas en una industria que tiene en el Archipiélago uno de sus principales exponentes, cuando no el principal. La región no solo quiere que se la tenga en cuenta, sino ser parte en el diseño de esa necesaria PTC. Es el gran objetivo de Excelcan.

Excelcan nace en septiembre del año pasado, apenas unos meses después de que la Eurocámara se pronunciase en favor de una política turística comunitaria. Las diez grandes empresas que integran la asociación, donde hay un perfecto equilibrio en la representación de las dos provincias isleñas, tienen todas sus centros de decisión en la Comunidad Autónoma y han crecido desde la Comunidad Autónoma. Conocen al dedillo las fortalezas y debilidades del motor de la economía regional y sus intereses están en Canarias. ¿Qué persiguen? Que el Archipiélago sea protagonista en el diseño de la PTC, y más en concreto en todo lo que tenga que ver con las islas turísticas. Un objetivo que comparten con el Gobierno autonómico y con su Consejería de Turismo, con los que van de la mano, y para el que ya cuentan con una hoja de ruta con los pasos a dar. El primero, claro, granjearse el apoyo de las demás islas turísticas europeas para elaborar una estrategia compartida, entre otras cosas porque la propuesta de resolución de Estrasburgo exhorta a presentar planes en común. La Eurocámara plantea trabajar a través de proyectos integrales en los ámbitos de la transición verde y digital y de las infraestructuras. Con los objetivos de superar «los graves efectos de la crisis en los territorios insulares» y de minimizar la amenaza que el cambio climático representa para el negocio turístico, sobre todo en destinos costeros y marítimos como Canarias.

La idea en Excelcan, desde donde ya han contactado con representantes de los sectores público y privado de las demás regiones insulares –con buena acogida–, es que el anunciado Congreso Europeo de Islas Turísticas sirva para unificar las voces de estos territorios, y de sus respectivos Estados miembros, en una respuesta común a unos problemas que también les son comunes. Excelcan y la Consejería de Turismo, unidos en sus objetivos, quieren poner en ese congreso, que se celebrará entre los próximos 30 de noviembre y 2 de diciembre en Gran Canaria, los pilares para la elaboración de dos grandes proyectos estratégicos: Islas Verdes e Islas Digitales. Dos macroproyectos alineados con el Pacto Verde y con la Agenda Digital de la UE que, en los ámbitos político e institucional, mostrarían la unión de los territorios insulares de cara a la futura política turística comunitaria. Se lanzaría así el mensaje de que en ningún caso habrá una PTC –no al menos una PTC en mayúsculas– sin la participación de las islas y sin la debida atención a las islas. Y se lanzaría desde Canarias, con el impulso de todos los implicados en el turismo de Canarias –el sector público a través del Gobierno y el privado por medio de Excelcan– y, por tanto, con el liderazgo de facto de Canarias, el mismo liderazgo que ya ejerce en el negocio con esos cien millones de pernoctaciones anuales. Pero no solo eso. Acaso lo más importante es que ambos proyectos –Islas Verdes e Islas Digitales– cumplirían todos los requisitos que la UE pretende primar en el reparto de los fondos europeos: su carácter «estratégico» para una actividad fundamental en la economía del continente; la implicación de varios Estados miembros –España, Francia, Portugal, Grecia..., todos tienen islas turísticas bajo su soberanía–; el asociacionismo entre países... De hecho, ese asociacionismo entre territorios insulares –y por extensión entre los Estados a los que pertenecen– está en línea con el plan de acción turístico que la Eurocámara le ha encomendado a la Comisión Europea. Un plan «para coordinar y complementar la acción de los Estados miembros».

En el caso de España, el Gobierno central ha redactado el Plan de modernización y competitividad del sector turístico, cuyos pilares son la sostenibilidad y la diversificación. De forma particular en Canarias y Baleares. Un programa nacional en pos del empleo de calidad, de la formación, del apoyo a las pymes y de la diversificación desde el turismo y no contra el turismo. Dicho de otro modo: un plan que busca hacer de este sector el camino hacia otras actividades, actividades en las que ya se piensa en la región: desde la industria aeroespacial hasta el tratamiento integral de residuos, por ejemplo. A ese programa nacional debe engancharse el plan de acción de Canarias, como los planes de acción de las demás regiones turísticas insulares deben engancharse a los programas de sus respectivos Estados miembros y como estos deben hacerlo a los grandes objetivos comunitarios –sostenibilidad, digitalización...–. La propuesta de Excelcan para asociar a las islas turísticas encaja así como anillo al dedo en las directrices y objetivos de Europa, lo que abre las puertas a los fondos comunitarios.

Es en este plan de acción promovido por Excelcan donde se enmarca la petición de Ángel Víctor Torres para que el Archipiélago sea la sede de la futura Agencia Turística Europea. La celebración del congreso a finales de año le dará puntos a Canarias en la carrera con los demás territorios y ciudades que se postulen para acoger la sede. Que la Comunidad Autónoma se haya puesto al frente de las islas europeas le confiere una posición que hasta ahora no había tenido, y para ello solo ha tenido que dar el paso. En septiembre de 2023, en coincidencia con la presidencia española de la UE, tendrá lugar en Tenerife la segunda gran cita marcada en rojo en la hoja de ruta de Excelcan tras el congreso de finales de este año. Ahí se quiere involucrar de lleno al Estado en la defensa de esa política turística común en la que Canarias sea actor principal y no un mero destinatario de ayudas y medidas.

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