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Sombras y luces del neoempleo

El Primero de Mayo vuelve a las calles en los albores de una nueva revolución laboral marcada por el teletrabajo, las jornadas flexibles, los nómadas digitales y la robotización

El teletrabajo crece.

Joaquín Sabina dice en una de sus canciones que solo en la plaza madrileña de Antón Martín hay más bares que en toda Noruega. En Antón Martín, en la Milla de Oro del sur de Tenerife o en Maspalomas. Esta dependencia económica del sector servicios y más en concreto del negocio turístico –alta dependencia en el caso de España y altísima en el caso de Canarias– marca y marcará en gran medida el ritmo con que las empresas y los asalariados isleños se subirán al tren del neoempleo. El teletrabajo, los nómadas digitales, la jornada ultraflexible –el flexiworking en inglés–, la semana laboral de 32 horas, la fórmula del 4+3 –concentrar el trabajo en cuatro días para descansar el resto de la semana–, la generalización y potenciación de la formación dentro de la empresa, la robotización, los nuevos modelos de universidad... Es decir, el neoempleo y todo lo que implica. Una revolución del mercado laboral, y por ende de la sociedad misma, que ni es la primera ni en el fondo es tan diferente de las anteriores, aunque pueda parecerlo a primera vista. Como recuerda Gloria Rojas Rivero, catedrática de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de La Laguna, las relaciones laborales y las formas de producción vienen cambiando desde la revolución industrial. Sin ir más lejos con la incorporación de maquinaria cada vez más sofisticada, con lo que el uso de los robots y de la inteligencia artificial, que poco a poco se abren paso en las empresas, es en última instancia un paso más en esa constante evolución. Al final, explica la catedrática, «el mercado de trabajo siempre se recuperó, y la norma laboral siempre encontró la manera de seguir sosteniendo el sistema de producción capitalista en el que, en definitiva, estamos instalados desde hace dos siglos».

El 2,3% de los asalariados canarios teletrabaja de forma ocasional, un porcentaje que ha crecido tras los confinamientos y cuarentenas pero que está por debajo de la media en España

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El teletrabajo es la muestra más palpable de que las cosas están cambiando. Es verdad que fue la pandemia de coronavirus el desencadenante de que se generalizara eso de trabajar con el ordenador desde casa, lo que hasta entonces estaba reservado en las Islas para una minoría. Y en realidad sigue siendo así, aunque es evidente el empujoncito indirecto que los meses de confinamientos y cuarentenas le dieron al teletrabajo también en el Archipiélago. Un 2,3% de los asalariados de la Comunidad Autónoma –poco más de dos de cada cien– teletrabaja de manera ocasional, según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del primer trimestre de este año. Se trata de un porcentaje pequeño, pero también es cierto que hasta la irrupción de la covid a comienzos de 2020 apenas superaba el 1%. Así que, por un lado, el teletrabajo va ganando terreno en la región, pero, por otro, está por debajo de la media nacional. En España, hasta un 4% de los empleados trabaja de forma ocasional desde su domicilio, con lo que la tasa casi duplica la de Canarias. En cambio, un 93,3% de los asalariados isleños no teletrabaja ni un solo día, el porcentaje más alto del país con los de La Rioja, Extremadura, Castilla-La Mancha y Baleares. La estadística oficial muestra que el archipiélago mediterráneo tiene prácticamente las mismas tasas de teletrabajadores ocasionales –baja– y de empleados siempre presenciales –de las más altas del Estado– que Canarias, de modo que las dos regiones se sitúan a la cola del país. ¿Por qué las cifras son casi las mismas en unas islas y en otras? Porque ambos territorios tienen una economía con una dependencia extrema del turismo, y resulta obvio que las posibilidades de implantar el teletrabajo en una oficina, administración, centro de enseñanza o entidad financiera siempre serán mayores que en un bar o en un restaurante. Trabajar desde el domicilio no es posible para el camarero, el limpiador de hotel, el maître o el mayordomo de habitación. Por lo tanto, es lógico que el peso del teletrabajo sea inferior en los archipiélagos, donde esas profesiones son mucho más numerosas que en la Comunidad de Madrid o en el industrial País Vasco. En última instancia, tal como puntualiza el presidente de la Asociación de Trabajadores Autónomos (ATA) en Canarias, Juan Carlos Arricivita, «todo depende del sector».

Al hilo de lo anterior, Rojas Rivero se muestra convencida de que el teletrabajo ha venido para quedarse, para quedarse, claro, en esas empresas en las que sea «factible». Además, la catedrática cree que lo más «razonable» es que el teletrabajo se combine con la presencialidad, algo que ya han hecho grandes firmas como Ikea, donde en los puestos que lo permiten se trabaja tres días desde casa y dos en la empresa. Las compensaciones salariales a los empleados suelen oscilar entre los 50 y cien euros mensuales. Todo ello deberá acordarse sector por sector y entidad por entidad, lo que representa uno de los grandes retos que el Gobierno, la patronal y los sindicatos tienen por delante. Al respecto, el presidente de la Confederación Provincial de Empresarios de Santa Cruz de Tenerife (CEOE-Tenerife), Pedro Alfonso, advierte que el teletrabajo «no puede ser un premio, sino una forma eficiente de organización vinculada a objetivos». Alfonso explica que la productividad en las Islas es de las más bajas del país, y eso que España ya padece, a su vez, los índices de productividad más escuálidos de los países de su entorno. Esta es la gran preocupación en la patronal: que el teletrabajo acabe debilitando aún más esa correlación entre el empleado y lo que este produce en la empresa.

‘Flexiworking’

Bélgica ha sido el primer país europeo en modificar su normativa para dar a empresas y trabajadores la posibilidad de concentrar la semana laboral en cuatro días –la fórmula del 4+3– o flexibilizar los horarios. ¿Es posible en España –y por ende en Canarias– el sistema del 4+3 o la generalización del flexiworking? A juicio de los empresarios es sencillamente «inviable».

Así lo considera Agustín Manrique de Lara, presidente de la Confederación Canaria de Empresarios –la CCE, la patronal de la provincia de Las Palmas–, pero no porque las empresas del Archipiélago no estén preparadas para ello, que lo están –asegura–, sino porque la legislación no da facilidades. «Podemos tener jornadas semanales de 32, 16 o 40 horas, esa no es la cuestión, sino que para ello hace falta un marco flexible, un marco de relaciones laborales en el que sea posible pactar las jornadas con flexibilidad», ahonda el representante de la CCE. Los empresarios consideran que la reforma o contrarreforma laboral del Gobierno de PSOE y Podemos no solo no es aliada del flexiworking, sino que supone un obstáculo. «Es que tienes que hacer un contrato fijo para un trabajo temporal; la reforma laboral va en sentido contrario», apunta por su parte Pedro Alfonso. «La solución a lo belga es en la actualidad inviable», insiste Manrique de Lara.

La patronal del Archipiélago considera que la reforma laboral no solo no ayuda a promover la jornada de cuatro días semanales, sino que supone un gran obstáculo: «Es inviable»

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De hecho, la profesora Rojas Rivero pronostica que si el Gobierno, el actual o el que venga, siguiera los pasos de Bélgica, «la resistencia de la patronal sería probablemente dura», un vaticinio que corrobora el recelo existente entre el empresariado isleño, si bien más relacionado con la rigidez de la reforma laboral que con una abierta oposición a la flexibilidad de horarios o la jornada de cuatro días. En cualquier caso, y más allá del actual marco de relaciones laborales, la jornada de cuatro días y el flexiworking –que va un paso más allá del 4+3 y permite una casi total libertad para pactar jornadas y horarios en la empresa– se encuentra en España, en general, y en la Comunidad Autónoma, en particular, con el mismo freno que el teletrabajo: la altísima dependencia del turismo.

«A lo mejor en una industria puedes concentrar el trabajo en cuatro días, pero ¿qué haces en un restaurante? ¿Y en la obra? ¿Le dices al empleado que trabaje cuatro días pero las mismas horas? Entonces al cuarto día estará reventado», ahonda el presidente de ATA-Canarias. Arricivita agrega que en tal caso la productividad de ese obrero se reduciría, con lo que la medida sería «contraproducente». Así pues, el representante de los autónomos de la región precisa que el neoempleo «es una idea muy bonita, pero para todos los sectores no es real». Es más, hace hincapié en que en estos momentos tampoco es viable adoptar no ya el 4+3 o la libertad para el flexiworking del modelo belga, sino tampoco la jornada semanal de 32 horas más ocho de formación que UGT, primero, y el partido político Más País, después, han puesto sobre la mesa. ¿Por qué? Porque esto tendría un coste extra que las empresas isleñas, o más bien las pymes isleñas, no pueden soportar. En opinión de Arricivita, la reorganización en la empresa no bastaría por sí sola para cubrir las ocho horas de formación, es decir, harían falta nuevas contrataciones. «Suena muy bonito, sí, pero hay que pagarlo», sentencia.

La altísima dependencia del turismo explica por qué el 26,7% de los asalariados isleños trabaja dos o más domingos al mes y hasta un 37%, dos o más sábados, la tasa más alta del país

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Por el contrario, el secretario general de la UGT en la región, Manuel Navarro, pone énfasis en que la reducción de la jornada semanal en favor de la formación no solo mejora la productividad y protege la salud de los trabajadores, sino que los prepara para adaptarse a las cambiantes necesidades del mercado laboral. Esas horas de formación dentro de la propia empresa no solo servirían así para el puesto que en esos momentos ocupara el trabajador, sino también de cara al futuro. Por ejemplo para adiestrar en una nueva ocupación a la persona que lleva a cabo una labor que a corto o medio plazo desempeñarán los robots. Según el secretario general de la UGT en las Islas, esta reorganización sería posible con la «optimización» de los recursos. «Sí hay margen para hacerlo», subraya Navarro, que asevera que la productividad por trabajador se incrementó en Canarias con la reducción horaria por los expedientes parciales de regulación temporal de empleo a los que obligó el coronavirus. «Las personas que trabajaron menos horas aumentaron su productividad y se minimizaron los errores», ahonda.

Sea como sea, también aquí vuelven a surgir las dudas por esa terciarización de la economía regional, esa dependencia del binomio servicios-turismo. No en vano, no es lo mismo reorganizar la jornada laboral en la oficina que cierra todos los fines de semana que hacerlo en un hotel, en unos apartamentos o en un restaurante, donde el sábado y el domingo son días tan laborables como cualquier otro. De hecho, el 26,7% de los asalariados de la Comunidad Autónoma trabaja dos o más domingos al mes, y hasta un 37% lo hace dos o más sábados mensuales, cuando la media nacional es muy inferior –24%–. ¿Es posible implantar la jornada semanal de 32+8 sin que suponga un mayor coste para las empresas o sin que se incentive a través de subvenciones públicas? No para la patronal y sí para la UGT.

«La robotización y la inteligencia artificial son grandes desafíos para el futuro del trabajo, pero confío en que no quedaremos expuestos a las máquinas; la máquina ha de estar al servicio de las personas, lo humano, por tanto, no va a desaparecer»

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Donde sí tiene el Archipiélago un filón, y precisamente por su industria turística, es en los nómadas digitales, esos empleados o autoempleados extranjeros que buscan destinos desde donde teletrabajar varias semanas o incluso varios meses. Un tiempo durante el que consumen y gastan, es decir, durante el que generan ingresos, de ahí que los grandes destinos turísticos del mundo, entre ellos Canarias, se los rifen. De momento, las Islas han conseguido situarse entre los lugares favoritos de estos nómadas digitales, una de las nuevas especies de trabajadores que ha traído consigo el neoempleo, hasta el punto de que más de 46.000 pasaron el año pasado por el Archipiélago. Hay que tener en cuenta que, por lo general, estos nómadas se emplean en los sectores de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC), la inteligencia artificial, los servicios en línea... Actividades bien retribuidas y que, por tanto, les permiten hacer un gasto en destino superior y hasta muy superior al del turista medio, de ahí los esfuerzos de la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias, que dirige Yaiza Castilla, por ganar cada vez más atractivo a ojos de estos singulares visitantes.

Teletrabajo, jornadas flexibles, nómadas, formación en la empresa... Y, al fondo, los robots y la inteligencia artificial (IA) para el desempeño de tareas que hoy ejecutan las personas. ¿Qué tareas? Algunas es posible adivinarlas –el check-in virtual en los hoteles parece condenado a generalizarse– y otras están también condenadas a ello aunque hoy pudiera parecer inimaginable. La robotización y la IA son «dos grandes desafíos» para el futuro del trabajo, explica la catedrática Rojas Rivero, quien, no obstante, cree en la prevalencia del factor humano. «Confío en que no quedaremos expuestos a las máquinas; la máquina ha de estar al servicio de las personas, lo humano, por tanto, no va a desaparecer».

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