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La guerra eleva la presión de costes sobre la conserva con la destrucción de la ucraniana Azovstal

La planta, con sede en el bastión de Mariúpol, era referencia europea en coque metalúrgico y laminados E Proveedoras de latas descartan faltas de suministro, pero a precios más altos

En la primera imagen, instalaciones de Azovstal, en Mariúpol; a la derecha, tras los ataques rusos.

La industria conservera ha vivido en carnes la dependencia directa de insumos procedentes de Ucrania, granero de Europa e inmenso complejo fabril. Primero, por la importación de aceites vegetales, básicos para la elaboración de buena parte de la producción; el de girasol tuvo que ser racionado en los supermercados –ante los acopios generalizados– y reemplazado en parte por el de oliva, con el consiguiente aumento de los precios para el consumidor final.

En Portugal, el Gobierno autorizó el uso de otros aceites vegetales sin necesidad de modificar el listado de ingredientes en los packaging (envasados). Después, con las disrupciones en los costes y cadenas de suministro de materias primas como el mineral de hierro, el acero o el coque metalúrgico, clave para las latas. La destrucción de la factoría de Azovstal, en la también devastada ciudad de Mariúpol, aumenta la presión sobre un sector con pocos márgenes y dependiente de los volúmenes.

La guerra eleva la presión de costes sobre la conserva con la destrucción de Azovstal.

“Existiendo un desajuste oferta/demanda global previa al de la invasión de Ucrania, y si bien puede considerarse como un elemento más de inestabilidad, la destrucción de la planta metalúrgica de Azovstal supone un elemento añadido de recorte en la oferta global”, constata el secretario general de la patronal Anfaco-Cecopesca, Juan Manuel Vieites. Proveedoras de latas se han dirigido ya conserveras gallegas para trasladar este nuevo factor, como pudo comprobar este periódico. “No hay riesgo de desabastecimiento o de rupturas en la cadena de suministro, pero sí aumentarán los precios”, inciden otras fuentes de la industria. Un punto más a tener en cuenta de cara a una inflación que, en Galicia, cerró marzo en el 10,5%.

La presión de los costes llega por todos los flancos, como describe Vieites. “El envase de hojalata y aluminio obedece a un contexto global de las materias primas que lo componen. Materias primas como el mineral de hierro, el carbón o el coque metalúrgico, entre otros, se han visto afectados por las restricciones de su operatividad en la extracción minera y elaboradora (acerías) debido a las restricciones que la pandemia ha impuesto sobre los trabajadores”.

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Sin olvidar el precio de la energía, uno de los principales costes fijos de las empresas del sector. El megavatio hora alcanzará hoy los 266 euros de máximo en España; hace un año el tope apenas había rebasado los 85 euros. En este contexto, por último, también existen decisiones empresariales de algunas proveedoras de insumos, decididas a mejorar sus rentabilidades en un contexto ya complejo.

La acería de Azovstal, que contaba con más de 10.000 trabajadores y cinco altos hornos, se ha convertido en un bastión de la resistencia ucraniana contra los ataques del ejército de Vladimir Putin. Se calcula que permanecen en sus instalaciones unos 2.000 combatientes locales, además de civiles. Las negociaciones para trazar un corredor humanitario que permita su evacuación han fracasado. El oligarca ruso volvió a reclamar esta semana la rendición de las tropas de Mariúpol tras un encuentro con su homólogo turco, Recep Tayyip Erdogan.

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