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El ‘miedo’ a volar y la carestía del queroseno cercan a las aerolíneas

Las compañías aéreas mantienen su apuesta por Canarias a pesar de las cancelaciones masivas en las reservas de vuelos en Europa

El avión con el primer envío de armamento de España a Ucrania despega de Albacete.

2022 también iba a ser el año de la recuperación para las compañías aéreas, golpeadas con especial saña por la crisis del coronavirus y la paralización del turismo. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania y la sacudida que ha causado en una economía europea ya de por sí inestable –inflación, dificultades para el aprovisionamiento de materias primas, deuda pública en máximos...– han emborronado las previsiones de las aerolíneas. Es verdad que casi no hay empresas –ni en Canarias, ni en España, ni en Europa– que no vayan a sufrir en mayor o menor medida la crisis desencadenada por Vladímir Putin, pero no es menos cierto que las firmas del transporte aéreo están una vez más en peor situación. Son dos las consecuencias de la guerra en Ucrania que cercan ahora a las aerolíneas: el miedo a volar que los conflictos de esta magnitud les infunden a muchos potenciales viajeros y, sobre todo, el extraordinario encarecimiento de los combustibles. Canarias, tal vez la región europea más dependiente de la conectividad aérea, es también la Comunidad Autónoma que más necesita que las compañías salgan indemnes de la coyuntura. De ellas depende que vengan los turistas y que el motor de la economía no vuelva a griparse como ocurrió en lo peor de la pandemia.

El presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA), Javier Gándara, explica que aunque las consecuencias directas del conflicto ruso-ucraniano «no van a ser muy grandes» –el tráfico aéreo entre España, Kiev y Moscú apenas representaba el 1% del tráfico total en el país antes de la pandemia y las rutas transiberianas tampoco tenían un peso relevante–, sí se perciben ya las consecuencias indirectas. Y el problema es que no por ser indirectas son menos preocupantes, más bien al contrario. Es más, aunque todavía es «muy prematuro» aventurar lo que está por venir –la guerra ya ha superado con creces la duración que esperaba el Kremlin por la feroz resistencia de los soldados y ciudadanos ucranianos–, es también evidente que «si el conflicto bélico se extiende, al final tendrá un impacto sobre la demanda del transporte aéreo». Y no solo eso, agrega el representante de la ALA, sino que «tendrá un impacto sobre la tan ansiada recuperación».

Gándara cita como primer gran problema la subida de los precios de los combustibles, «que va a afectar a todos los vuelos», ya sean regionales, nacionales o internacionales. Máxime cuando se trata de una subida sobre otra subida, porque también el combustible que usan los aviones, como el de los coches o las motos, venía incrementándose casi sin respiro desde antes de que el primer soldado ruso cruzara la frontera con Ucrania. En concreto, la gasolina de las aeronaves es el queroseno, una mezcla de hidrocarburos que se obtiene de la destilación del petróleo natural. Es decir, es un derivado del petróleo. Pues bien, a comienzos de año, aún antes de la invasión de Ucrania y según datos de la Agencia Internacional de la Energía, el precio del queroseno de la costa del golfo de Estados Unidos se disparaba hasta los 2,467 dólares –2,26 euros– por galón –un galón equivale a 3,8 litros–. ¿Mucho o poco? Más bien muchísimo, tanto como que suponía el máximo desde 2014, el máximo en ocho años. De modo que el encarecimiento de los combustibles que trae consigo la situación en la Europa del Este no se produce en un momento de precios contenidos, sino de precios ya de por sí muy inflados. No en vano, el coste del queroseno, como derivado del petróleo que es, está altamente condicionado por la cotización del crudo.

El segundo gran problema que afrontan las compañías aéreas es más difícil de medir pero igualmente preocupante. «Luego también está el impacto en la confianza de los consumidores, dado que cuando hay un conflicto bélico, en muchos casos se lo piensan dos veces antes de reservar», expone el presidente de la Asociación de Líneas Aéreas. Una caída de la demanda que estropearía las buenas previsiones que manejaba el sector para 2022. De hecho, esto es algo que ya está ocurriendo. O más bien está ya ocurriendo en la Europa continental, porque Canarias, de momento, parece salvarse de la quema. ForwardKeys, firma especializada en estudios de mercado de viajes, calcula que en la semana inmediatamente posterior a la invasión rusa de Ucrania, es decir, entre los días 24 de febrero y 2 de marzo, se produjo una caída en las reservas de vuelos dentro de Europa de un 23% en comparación con la semana anterior. Y, claro, los destinos más perjudicados fueron, en general, los más cercanos al conflicto: Bulgaria, Polonia, Croacia, Eslovaquia... Esto alimenta la idea de que Canarias, como destino europeo en términos políticos y de seguridad pero extraeuropeo en lo geográfico, pueda convertirse en un destino refugio de cara a la temporada de verano. Su industria turística no solo no sufriría el golpe, sino que hasta podría verse beneficiada. Una tesis que parecen secundar las aerolíneas.

Las compañías mantienen su apuesta por el Archipiélago, hasta el punto de que la oferta de plazas para el verano –hasta 10,8 millones de asientos ofertados– es un 8,3% superior a la que había para el verano de 2019, el último antes de la irrupción del coronavirus.

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