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Canarias sigue 'anclada' a los trabajos manuales

Mientras que el tejido productivo nacional cada vez demanda mayor tecnificación, la economía isleña sigue requiriendo el trabajo manual

Un camarero sirve una cerveza en el interior de un bar. EP

Camareros; administrativos; peones de la construcción; vendedores para tiendas o almacenes; y personal de limpieza de oficinas, hoteles, apartamentos y similares. Son las cinco actividades con más demanda de mano de obra en Canarias, según los últimos datos del Observatorio Canario de Empleo. Ninguna de ellas está entre las cinco que liderarán el mercado laboral en España en 2022.

En el ranking de LinkedIn, la red social por excelencia en los ámbitos empresarial, laboral y de los negocios, el top cinco de las profesiones en auge lo integran los ingenieros de fiabilidad del sitio, que se encargan de la gestión de sistemas, la resolución de problemas y la automatización de tareas por medio del software; los responsables de desarrollo de negocio; los arquitectos de sistemas en la nube, que se ocupan de ver las posibilidades que le brindan a la empresa el almacenamiento y el acceso virtual a los datos; los ingenieros de machine learning, que buscan soluciones por medio de la inteligencia artificial; y los expertos en ciberseguridad.

Poco tienen que ver entre sí ambas listas, más allá de que todas son actividades necesitadas de personal. Mientras que los puestos más demandados en Canarias son eminentemente operarios, el mercado laboral en el conjunto del país refleja la cada vez mayor tecnificación, especialización y cualificación de la economía y las empresas que la sostienen. La Canarias obrera se aleja de la España tech.

La España ‘tech’, la Canarias ‘obrera’

La estructura productiva del Archipiélago apenas ha cambiado en la última década. Y, en consecuencia, apenas ha cambiado la lista de los empleos más demandados. En 2011, el comercio, el transporte y la hostelería suponían un 29,8% del Producto Interior Bruto (PIB) de la Comunidad Autónoma. Ahora representan un 31,5%, de acuerdo con los últimos datos prepandemia del Instituto Canario de Estadística. De modo que el tradicional motor de la economía regional, ese que se alimenta con la gasolina de millones de turistas, ha ganado peso en los últimos años pese a que también han ganado peso las voces que reclaman la diversificación del tejido productivo.

Diversificar es una cosa y despreciar la actividad que sostiene miles de empresas y decenas de miles de familias es otra. Sea como sea, camareros, cocineros, recepcionistas, telefonistas, limpiadores o dependientes de tiendas tienen hoy tanta demanda como tenían diez años atrás. En realidad más demanda y más oferta, ya que la población se ha incrementado de forma sensible entre otras cosas porque el sector turístico, a veces tan denostado, se destaca por ser muy intensivo en mano de obra, es decir, por ser capaz de dar trabajo a muchísimas personas.

Ni la hostelería ni el comercio son malas actividades. Ni mucho menos. Canarias ha crecido en las últimas décadas gracias a estos servicios y a los millones de turistas que la eligen para pasar sus vacaciones. Pero, además, la Investigación, el Desarrollo y la innovación (I+D+i) no están reñidas con ninguna actividad. Sin ir más lejos, hay empresas hoteleras del Archipiélago que han sido reconocidas por el uso de las nuevas tecnologías para, por ejemplo, agilizar el check-in y el check-out de sus clientes.

Pero no es menos cierto que los tres pilares de la economía isleña –hostelería, comercio y transportes– son solo una parte del sector servicios, ese que también comprende las telecomunicaciones y las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Es en estos ámbitos de los servicios donde se concentran las actividades intensivas en conocimiento y de alta tecnología, y su desarrollo depende de la inversión en I+D+i, tanto del sector público –las instituciones– como del sector privado –las empresas–. Y ocurre que Canarias está a la cola de España en inversión en actividades de investigación y desarrollo, según las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística. Está a la cola y a años luz no ya de las comunidades a la cabeza, sino incluso de las que comparten con ella el furgón de cola.

A la cola de la cola

El Archipiélago es la única autonomía donde el gasto en I+D –público más privado– no llega a los cien euros per cápita, cuando en el País Vasco roza los 700 euros. Aunque con mejores cifras que Canarias –98 euros–, la segunda región por la cola es Baleares –110 euros–, que no por nada es la otra economía española más dependiente del turismo. En definitiva, confluyen en las Islas dos factores: por un lado, que su altísima dependencia del sector servicios es en realidad una altísima dependencia de una parte del sector servicios, la más vinculada al turismo y la menos intensiva en I+D –comercios, hoteles, bares, restaurantes…–; y, por otro, que la inversión en conocimiento no es que sea baja, es que es directamente bajísima.

Si se tiene esto en cuenta, no extraña tanto que la lista de profesiones más demandadas en el Archipiélago no tenga nada que ver con la del conjunto de España. De hecho, la mayor parte de la demanda de profesionales de la España tecnológica o España tech se concentra en unas pocas ciudades. Empresas que están principalmente en Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla y Alicante. Ni Santa Cruz de Tenerife, ni Las Palmas de Gran Canaria, ni ninguna otra ciudad isleña figura entre los principales polos de atracción de las veinte profesiones más demandadas a nivel nacional.

Esta dualidad entre los mercados laborales nacional y regional tiene consecuencias directas e indirectas. El sector servicios, o mejor dicho el subsector turístico, se caracteriza por sueldos bajos, o cuando menos más bajos que los de, por ejemplo, la industria. Los escuálidos salarios que se pagan en la Comunidad Autónoma –los segundos más bajos de España, solo por delante de Extremadura– están así directamente relacionados con el tejido productivo. Y cabe insistir en que la dependencia del turismo no se ha reducido ni un ápice –dejando a un lado la irrupción de la pandemia–, mientras que, en cambio, sí ha perdido peso la industria, que en 2011 generaba un 8% del PIB y que en 2018, el último ejercicio con cifras definitivas, generó un 7%.

También ha perdido peso la construcción, que ha pasado de un 5,9 a un 5,6% y que, al calor del desarrollo y la generalización de la domótica y los edificios inteligentes, es una actividad que cada vez demanda más mano de obra cualificada. Son precisamente la industria y la construcción, algo que puede resultar paradójico en una región con casi un 20% de paro, los dos sectores que más problemas tienen para encontrar profesionales solventes. El problema de estas dos actividades, que también lo padece la industria audiovisual, tiene mucho que ver con las ineficiencias de la Formación Profesional, que no acaba de amoldarse a las necesidades de las empresas. Tiene más difícil solución, sin embargo, el drama social de que muchos titulados universitarios acaben en el limbo del trabajo desencajado, es decir, en puestos temporales, mal retribuidos y sin correspondencia con su formación. Es el mal de la sobrecualificación.

Sobrecualificación

Son varios los estudios que han puesto de manifiesto la brecha entre formación y empleo que sufre Canarias. La Asociación de Agencias de Empleo y Empresas de Trabajo Temporal explica en un reciente informe –con datos anteriores a la pandemia, ya que el coronavirus trastoca cualquier comparación con cifras de 2020 en adelante– que las Islas son la autonomía más sobrecualificada. Casi el 60% de los empleados del Archipiélago, la friolera de seis de cada diez, cuenta con más preparación de la que necesita para el trabajo que desempeña. Esto, claro, tiene mucho que ver con la incapacidad de la economía canaria para colocar a sus titulados superiores en puestos acordes con su formación y aptitudes.

En 2018, antes de la irrupción de la covid-19, había en la región 95.000 graduados, diplomados, licenciados, másteres y doctores ocupados en trabajos para los que no hacen falta estudios superiores, según un análisis de la Fundación CYD. Muchos seguirán infraempleados; otros tantos buscarán una salida laboral acorde con su preparación fuera del Archipiélago. Canarias habrá invertido así en formar a una persona que aportará su conocimiento en otros puntos del país o de Europa.

Con todo, ante una crisis sin precedentes, los expertos hacen hincapié en que la recuperación ha de estar antes de cualquier intento de diversificación, máxime si esta puede poner en riesgo la actividad que sostiene la economía. Porque si el comercio y la hostelería se caracterizan por sueldos comparativamente más bajos y por su menor aportación a la economía del conocimiento, también se caracterizan por generar mucho empleo. Y si hay algo peor que tener la mayor parte de los trabajadores concentrados en una actividad es que esas personas no tengan trabajo.

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