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Teletrabajo autogestionado: los convenios cubren el mínimo

Apenas el 3,5% de los trabajadores en España están cubiertos por un acuerdo de empresa que les permita ejercer en remoto

Imagen de archivo de una teletrabajadora durante el confinamiento sanitario en 2020. E. D.

El teletrabajo ha sido una de las grandes transformaciones que ha dejado la pandemia en el día a día de muchas personas. Algo que hasta antes del covid era residual se ha convertido en rutinario en muchas empresas. No obstante, ese mantra que corrió durante los primeros compases de la pandemia de que «el teletrabajo ha venido para quedarse» no ha sido así. Cumplido un año de la aprobación de la nueva ley de trabajo a distancia, los acuerdos colectivos que regulan esta nueva modalidad son ínfimos. Es decir, se teletrabaja menos de lo esperado, gran parte de ese ejercicio en remoto se hace de manera informal e improvisada y está teniendo más éxito en las grandes firmas que en las pymes.

El Ministerio de Trabajo apenas tiene registrados un total de 105 convenios y acuerdos con cláusulas que regulan el trabajo a distancia, que afectan a unas 561.000 personas trabajadoras.

Es decir, de los 16,1 millones de asalariados en activo actualmente en España, solo el 3,5% tienen un convenio o acuerdo que específicamente regule esta modalidad. Los niveles de teletrabajo, no obstante, son superiores según revelan los datos del INE. Estos constatan que, en el segundo trimestre de este año, el 9,4% de los trabajadores españoles operan más de la mitad de los días de la semana desde sus casas. Cifra sensiblemente inferior a los tiempos del confinamiento, cuando se alcanzó un pico del 16,2% de teletrabajo. Y lejos de las potencialidades de la economía española. Un camarero o un dependiente de un comercio no van a poder teletrabajar, pero el Banco de España estima que el 30% de los ocupados en España podrían ejercer en remoto.

¿Cómo se teletrabaja?

En España se teletrabaja más de manera informal que regulada y todavía queda mucho campo por delante para generalizar esta modalidad. «Todavía estamos en una fase de transición y ni empresas ni trabajadores tienen en la mayoría de casos claro qué modelo quiere aplicar. Ahora mismo en las empresas donde se teletrabaja se está imponiendo la autogestión», apunta el catedrático de derecho del trabajo Jordi García Viñas.

La fórmula mayoritaria, según coinciden los sindicatos, es la híbrida: unos días en casa y otros en el trabajo. En grandes empresas como Iberdrola, Nestlé o Axa el formato que han pactado con sus trabajadores es el 3+2, tres en la oficina y dos en casa. Esas mismas fuentes también señalan que están teniendo más éxito en los acuerdos de grandes firmas, que en los convenios de sector; lo que perjudica (de momento) a las pymes. «No se llegará a esos niveles de teletrabajo que se esperaban al inicio de la pandemia, pero todos los nuevos convenios que se van renovando lo abordan y los niveles van a ir a más», apuntan desde CCOO.

La norma de trabajo a distancia deja a la negociación colectiva, vía convenios o acuerdos de empresa, el despliegue de esta nueva realidad laboral. El problema es que actualmente la negociación de convenios se encuentra bloqueada y con una cobertura de mínimos. La alta actividad negociadora en otras materias –ERTE, reforma laboral y de pensiones– y la escalada de la inflación está embarrando los acuerdos.

«La ley no concreta y tenemos que concretar nosotros. Y la premisa es que el teletrabajo no puede acarrear un coste para el trabajador. La cuestión es cómo lo contabilizamos y qué entra en ese coste», afirman en UGT. «Hasta ahora los pocos convenios que se han firmado no arriesgan y fijan una pago mensual de entre 35 y 55 euros por teletrabajar», apunta el abogado laboralista y profesor de la UOC Pere Vidal. La cuestión de los costes es un elemento clave, pues existe una tendencia generalizada, especialmente entre las pymes, en rechazar la idea de que el ejercicio en remoto se traduzca en más costes.

¿Qué hacen en Alemania?

En Alemania en el contexto de la crisis sanitaria el Ejecutivo federal aprobó el decreto para la Protección del Trabajo que establece las reglas para las relaciones laborales mientras que el fin de la pandemia no sea declarado por las autoridades. En él se incluye un apartado dedicado al teletrabajo. «El empleador esta obligado a tener en cuenta la oferta de home office en el marco del concepto de higiene empresarial», dice el texto, que añade: «Trabajar desde casa sigue estando ligado a la aprobación del empleado». Salvo que el contrato laboral así lo establezca expresamente, el teletrabajo sigue siendo, por tanto, una opción para empresas y trabajadores, nunca una obligación.

Si el teletrabajo se acaba aplicando, la empresa estará obligada a cumplir con los mismos criterios de seguridad laboral que con el trabajo presencial, así como a respetar los horarios y los descansos establecidos en el contrato.

Un estudio de la Fundación Hans Böckler, cercana a los sindicatos, apunta que el teletrabajo alcanzó su porcentaje máximo del 27% del conjunto de trabajadores durante el mes de abril del 2020 –en medio de las primeras restricciones de la vida pública–. Ese porcentaje cayó hasta el 15% el pasado junio. Antes de la pandemia se acogían a esa opción el 4%.

¿Qué ha hecho Francia?

Desde el 1 de septiembre, se terminaron las recomendaciones del Gobierno francés de trabajar a distancia. El Ejecutivo liderado por Emmanuel Macron prefirió no legislar sobre el teletrabajo y lo promovió a través de protocolos, respetados por la mayoría de empresas. Con el avance de la vacunación y la mejora de la situación sanitaria, fueron flexibilizándose las peticiones gubernamentales de apostar por el trabajo a distancia. Hasta el punto de que con la rentrée caducó la idea de que debía respetarse un mínimo de días de teletrabajo. Desde entonces, la posibilidad de ejercer su empleo desde el domicilio quedó a expensas del diálogo interno en las empresas. Los funcionarios disponen de la posibilidad de teletrabajar tres días cada semana en aquellos puestos en que resulte factible.

Según datos del Ministerio de Trabajo, el 23% de los asalariados hicieron al menos un día de teletrabajo durante el verano. Pero solo el 14% de los empleados que pueden ejercer sus labores a distancia apostaron por esta opción los cinco días de la semana.

¿Cuál es el sistema italiano?

Con la pandemia en remisión, el mundo laboral italiano empezó a reorganizarse para apuntalar las reglas del teletrabajo. Los primeros intentos, sin embargo, se están llevando adelante con no pocas polémicas y dificultades. La razón es que la experiencia del teletrabajo parece no haber convencido ni al Estado ni a muchas empresas que han pedido a sus asalariados que vuelvan a trabajar presencialmente, mientras que numerosos trabajadores se niegan a ello.

En el caso de los empleados públicos, el rechazo a regresar todos al trabajo presencial ha abierto una disputa que ahora se está dirimiendo a través de una mesa de diálogo.

En una situación similar, también se encuentra el sector privado que, en base a la ley existente (2017), debe firmar contratos específicos con los que teletrabajan. Mientras que algunas empresas ya lograron llevar adelante diversos convenios, otros los rechazan.

Lo demostraba esta semana el caso de la sucursal de una aseguradora que pidió a la totalidad de sus 4.000 trabajadores de volver al trabajo presencial, lo que finalmente acabó en una huelga.

La reincorporación británica

El Gobierno de Boris Johnson suprimió la obligatoriedad del teletrabajo en Inglaterra el pasado 19 de julio. Las autoridades recomendaron a las empresas que tomaran precauciones y se mantuvieran vigilantes durante la reincorporación. El primer ministro pidió que el retorno se hiciera «gradualmente», como así ha sido. En septiembre, coincidiendo con la reapertura de las escuelas, se percibió una vuelta significativa, aunque parcial, de empleados a fábricas, despachos y puntos de Londres como la City y Canary Wharf, donde se concentra el sector financiero. El Gobierno está preparando una ley para regular el trabajo flexible. De acuerdo con el borrador empleado tendrá derecho a exigir flexibilidad desde el primer día.

El director ejecutivo de la banca de inversión Goldman Sachs ha llegado a decir que el trabajo desde casa es una «aberración», pero no todos lo ven así. Los empresarios están divididos y en muchos lugares se mantiene un sistema híbrido, alternando teletrabajo con la presencia in situ.

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