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Los bancos huyen de las localidades menos pobladas, dos de ellas isleñas

Más de la mitad (54%) de los municipios de España, Betancuria (Fuerteventura) y Garafía (La Palma) entre ellos, no cuentan con servicios financieros

Una oficina de Unicaja Banco. EFE

Las dificultades que desde los desmanes que desencadenaron la crisis de 2008 ha encontrado la banca para alcanzar un modelo rentable han promovido la desaparición de gran parte de las oficinas. Más aún en localidades en las que las pérdidas están aseguradas por la escasez de población. En la actualidad, más de la mitad de los municipios españoles (54,18%) no cuentan con una oficina bancaria. Son 4.405 localidades las que se encuentran en esta situación, dos de ellas isleñas: Betancuria (Fuerteventura) y Garafía (La Palma).

El número se ha disparado desde que estalló la burbuja inmobiliaria y la acumulación de morosidad e impagados en las politizadas cajas de ahorros hizo tambalearse el sistema financiero. Hay 836 pueblos sin servicio bancario físico, un 33% más que hace doce años, según un reciente estudio del Banco de España.

La banca on line ha venido a paliar las carencias y a abaratar los gastos de personal y corrientes de las entidades financieras, pero de poco sirve en los tramos de población de mayor edad, notablemente nutridos en la España y la Canarias rurales. Tampoco sirven en casos al tejido productivo que albergan. Los pequeños empresarios se ven obligados en muchas ocasiones a desplazarse hasta una localidad cercana para poder completar sus trámites operativos.

En el caso de las Islas, los ciudadanos de Betancuria tienen que trasladarse a Antigua, y los de Garafía, a Barlovento o Puntagorda. Trayectos que, a lo sumo, suponen media hora. Nada reseñable, salvo que no se cuente con vehículo propio o la edad haga desaconsejable ponerse al volante.

El alcalde de la localidad palmera, Yeray Rodríguez, señala que en estos casos la inexistencia de un banco se convierte «en un problema». Los negocios lo notan incluso para hacerse con monedas pequeñas, el necesario cambio para devolver a la clientela.

Se impone el pago con tarjeta, pero hasta esa habitual acción se torna complicada cuando «no hay buena cobertura», explica Rodríguez. El regidor apunta que «hasta hace poco tiempo» ese era un problema diario, y más si se unen otras circunstancias negativas. «Con el incendio del año pasado, tuvimos muchas dificultades», rememora Yeray Rodríguez. El fuego afectó a infraestructuras necesarias para potenciar la señal en el término municipal.

En la propia Garafía, Felisa Fernández regenta un bazar desde hace «como once años» en el que vende «de todo. Claro, una persona mayor tiene que ir a Puntagorda a por el dinero de la pensión y ya hace la compra allí. Es algo que está muy mal», sostiene sobre la ausencia de oficinas bancarias. Además, confirma la escasez de cobertura que existe «a menudo» para poder cobrar a la clientela a través de un datáfono, modalidad que, además, está descartada para las personas de edad más avanzada, a las que solo les vale «tener el dinero en sus manos, tocarlo».

Conseguir que las entidades bancarias reconsideren su política de atención a los clientes es una batalla perdida. «Hemos solicitado a algunas entidades un cajero», relata Marcelino Cerdeña, alcalde de Betancuria, sobre unos contactos que no se han concretado en nada positivo hasta la fecha. Entre otras cuestiones porque ni siquiera hallar una ubicación para la máquina resulta sencillo.

El regidor afirma que la localidad de Antigua «está cerca», pero no por ello deja de reconocer que supone «siempre un trastorno» tener que desplazarse para hacer algo que la inmensa mayoría de canarios puede lograr con un simple paseo. Y, como en el caso de Garafía, las principales dificultades se les presentan a las personas de edad más avanzada.

Para ese segmento de población, el Ayuntamiento de la histórica localidad majorera tiene en marcha el traslado gratuito hasta Antigua todos los viernes. «Ya no solo por poder ir al banco o al cajero automático, también para el supermercado o la peluquería», detalla Marcelino Cerdeña. Este regidor cumple catorce años ahora al frente de la Corporación betancuriana, con lo que ha vivido desde la primera fila el cambio de modelo de negocio bancario.

Con todo, el caso de Canarias no es el más complicado a tenor de los datos ofrecidos por el Banco de España. Existen 22 provincias en la Península que cuentan con más de cien municipios en los que no hay oficina bancaria. Si la actual situación de los servicios financieros con los que cuentan se compara con la que tenían antes de aprobarse la Constitución (1978), se contempla un retroceso del 15%.

El precio del dinero está en mínimos históricos y las condiciones para la concesión de créditos se han endurecido, consecuencia lógica esta última de los graves problemas en que se vio envuelto el sector. La rentabilidad del negocio ha caído en picado y los cierres de sucursales, fusiones mediante, se han sucedido por todo el país. Ahora bien, la huida no es gratuita, porque el volumen de dinero prestado ha caído un 40% en las provincias menos bancarizadas.

Los bancos huyen de las localidades menos pobladas, dos de ellas isleñas

Los bancos huyen de las localidades menos pobladas, dos de ellas isleñas J. G. H. / P. A.

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