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Las ayudas por la pandemia olvidan a un sector tomatero canario en agonía

Gobierno canario y productores buscan vías que permitan subvencionar a unas empresas en pérdidas | La facturación cae 19 millones de euros por la crisis

Labores de carga de tomate. E. P.

La pasada semana partieron del Puerto de La Luz y de Las Palmas los primeros contenedores llenos de tomates de la campaña 2021-2022 rumbo al continente europeo. ¿Será la última? Ya solo son siete –seis dedicadas en exclusiva al tomate– las empresas de las Islas que permanecen activas. La patronal Fedex (Federación Provincial de Asociaciones de Exportadores de Productos Hortofrutícolas de Las Palmas) calcula que la pandemia de covid les hurtó 19 millones de euros y las ayudas para paliar esa merma no les llegan porque la normativa europea impide inyectar dinero público en los negocios con pérdidas. Lo sabe bien el vicepresidente del Gobierno de Canarias, Román Rodríguez, que ayer mantuvo un encuentro con los empresarios cuyos negocios aún se mantienen en pie.

Así las cosas, los productores se plantean incluso «plantar pimientos o frutas tropicales», en palabras del presidente de Fedex, José Juan Bonny. «Algo que dé empleo y nos permita mantener el que ofrecemos», resumió el empresario. La superficie dedicada a este fruto se sitúa actualmente en unas 300 hectáreas en las que trabajan de manera directa cerca de 3.000 empleados.

En unas semanas, Rodríguez, también consejero de Hacienda, Presupuestos y Asuntos Europeos del Ejecutivo regional, ha quedado en citarse nuevamente con los tomateros para dar respuesta a algunas de las vías que estos han puesto sobre la mesa para posibilitar la llegada de las ayudas. Entre ellas, «que las beneficiarias sean las Sociedades Agrarias de Transformación (SAT) o las cooperativas directamente», apuntó Bonny.

El vicepresidente anunció que las cuentas de la comunidad autónoma pueden reservar cuatro millones de euros para permitir que los productores de tomate mantengan la cabeza fuera del agua. «Las cantidades probablemente sean insuficientes y los condicionantes muy exigentes», adelantó Román Rodríguez. Para el sector agrícola, la Unión Europea (UE) fija en 225.000 euros la cantidad máxima que puede percibir un beneficiario de ayudas directas.

Normas adaptadas

Fedex incide en la excepcional situación que se ha vivido durante el último año y medio, desde que se decretó el primer estado de alarma. Y si, como resulta innegable, tanto el mercado como la propia actividad agraria se han visto zarandeadas por la pandemia, los productores animan a revisar las reglas del juego para adecuarlas a la realidad. Por ejemplo y al margen de la burocracia europea. El tomate no ha visto ni un solo euro de los 1.140 millones de euros que Canarias ha repartido en subvenciones para que el tejido productivo del Archipiélago aplique en las graves heridas que, en forma de crisis, les ha provocado el covid.

Fedex insta a adecuar las normas al contexto excepcional de la crisis sanitaria

Ya no solo por esa imposibilidad de inyectar dinero público a fondo perdido en empresas abonadas a los resultados negativos, también por la exigencia de justificar una caída de la facturación del 30% en el año 2020. Los ejercicios de las mercantiles integradas en Fedex arrancan y finalizan en el mes de junio, lo que reduce a seis meses el periodo en el que se contabiliza la caída de facturación.

Durante el pasado año, la UE dio su conformidad para que la ayuda por hectárea cultivada pasara de 15.000 euros a 24.000. El sector celebró la medida, pero sin dejar de ser consciente de que ni ese incremento del 60%, que tendrá reflejo en sus cuentas para la actual campaña, es suficiente para estar a salvo, sobre todo tras el paso de la pandemia.

Cuando apareció el problema sanitario mundial, los productores isleños de tomate tuvieron que tomar la decisión de si daban por perdida la campaña o comenzaban a plantar. Lo hicieron con una hoja de ruta para la mejora de la situación que colocaba en el otoño del pasado año la contención del coronavirus.

La realidad, en forma de sucesivas olas, vino a desmontar los mensajes esperanzadores. Se cumplieron los contratos con los clientes europeos y el Reino Unido, pero entre el 40% y el 60% que tiene por destino el mercado libre –operaciones no pactadas de antemano– no encontró sitio. El reducido mercado local fue uno de sus escasos refugios y grandes cantidades de tomate acabaron en comedores sociales, con el agravante de que por tratarse de un producto altamente perecedero, también hubo que destruir varias toneladas.

En los primeros envíos han salido seis contenedores por semana camino del continente europeo

El habitual sombrío panorama se ha tornado decididamente negro, y por eso las empresas comienzan a pensar muy seriamente en la posibilidad de reinventarse y explorar el resultado que pueden ofrecer otros productos. Pero también para esa reconversión reclaman incentivos fiscales o jubilaciones bonificadas mediante las que poder dar salida a los empleados de más edad. «Son las que se han dispuesto para otros sectores en el pasado», señaló el portavoz de Fedex, Gustavo Rodríguez.

Por si fuera poco, en la actual campaña los productores están viéndose obligados a pagar hasta 200 euros más por camión para colocar la carga en el almacén de destino. Al incremento del precio del combustible se ha sumado la especial circunstancia del Reino Unido desde donde cada vez más camiones regresan vacíos al punto de partida por la caída de las exportaciones británicas.

El brexit ha propiciado un aumento de la burocracia. Incluso, José Juan Bonny reconoció ayer que son varios «los transportistas españoles que no quieren ir por si el papeleo retiene más de lo normal sus vehículos».

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