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Ampliar las cuotas para sobrevivir

Los pescadores isleños claman a Madrid y Europa para salir de un laberinto administrativo que les ata de manos para hacer su trabajo

Ampliar las cuotas para sobrevivir.

La situación geográfica de Canarias en el océano Atlántico, unida a la condición de sus aguas, favorece la calidad marina en la que pescadores artesanales como Oliver Miranda y Bartolo Artiles, abordo del Nuevo Olimar, desempeñan mediante técnicas ancestrales la pesca de patudo (tuna, según la denominación tradicional).

En Canarias, como ellos, cientos de familias se dedican a la pesca tradicional haciendo uso de los recursos de forma responsable y sostenible, manteniendo el valor cultural, ambiental y ecológico de nuestras costas. Sin embargo, los problemas a los que se enfrenta el sector durante los últimos años, son muy diversos.

El principal obstáculo lo constituyen las cuotas. Según Ricardo Rodríguez, gerente de Canarias Tuna, «lo que pasa con el patudo en Canarias es que se trata de un recurso que a nivel mundial ha visto menguar su biomasa considerablemente debido a la sobrepesca que se realiza en algunos puntos del mundo por la flota industrial y, por eso, la ponen bajo unos criterios de cuota muy estrictos».

La Comisión Internacional para la Conservación de Atún del Atlántico (Iccat), es quien se encarga de establecer los cupos para cada uno de los países miembros en los que se constata la existencia de patudo. Los comités científicos estudian los recursos disponibles y, en función de eso, determinan la biomasa de una especie concreta y, en función de ello, de determinar el buen estado o el peligro de la especie para establecer las cuotas pesqueras.

España, sin voz

En la Iccat, España «no tiene voz propia porque está integrada dentro de la Unión Europea», recuerda Rodríguez. Por tanto, para la Iccat, el Estado miembro es toda la Unión Europea. Es a ella a la que le asignan los cupos que le corresponde y Bruselas quien, posteriormente, se encarga de repartirlos. En España, de la distribución se encarga la Secretaría General de Pesca en Madrid, que no reparte entre comunidades autónomas sino en seis fragmentos de flota: los atuneros cañeros canarios (2,1 millones de kilos), atuneros cañeros en aguas africanas (201.199), atuneros cerqueros congeladores (4 millones), flota canaria artesanal (223.020), otras flotas (299.994) y palangreros de superficie (705.570).

Este hecho, implica que Canarias, aún teniendo una trayectoria histórica por su tradicional forma de pesca (exclusivamente a caña) y siendo un caladero único, reciba una cuota tan baja pese a la cantidad de toneladas que siempre se han capturado en sus aguas, en comparación con otros caladeros.

De hecho, la mayoría del sector está en desacuerdo con los criterios establecidos en Madrid porque les perjudican notablemente en las cuotas. Sorprende, por ejemplo, la falta de cuota para patudo asignada a la flota canaria, artesanal y con una gran dependencia de esta especie.

En el año 2020 se creó el Consejo Consultivo de Regiones Ultraperiféricas (Ccrup) para intentar que la Unión Europea, siguiendo el espíritu del artículo 349 del Tratado de la Unión Europea, reconozca a las Islas de forma singular y le conceda el reparto de la cuota de atún en base a su condición de Región Ultraperiférica (RUP). Se busca con ello una cuota directa para Canarias. La flota isleña dejaría así de competir con las del resto de la España costera.

Una de las razones para esa reivindicación es que los cupos de pesca asignados a Canarias son tan bajos que han provocado que una parte de la flota –integrada por más de 200 embarcaciones–, sólo ha podido pescar tunas este año hasta finales de marzo y la otra hasta principios del mes de septiembre, cuando tradicionalmente la actividad se prolongaba hasta noviembre e incluso en algunos años hasta el mes de diciembre.

En el Archipiélago, tradicionalmente, la tuna se ha pescado entre febrero y diciembre, «coincidiendo siempre el periodo de tiempo en el que se encuentra el pescado debido a su ruta migratoria», apunta Artiles. Sin embargo, desde 2018 la Secretaría General de Pesca ha ordenado el paro de la pesca «antes del cierre natural de la campaña», afirma Rodríguez. Es decir, los atunes están en nuestras costas en su ruta migratoria, hay posibilidad de pescarlos, pero no se puede porque la cantidad asignada a los barcos canarios ya ha sido consumida.

Hay que tener presente que hasta el año 2018 se pescaba de una manera natural, es decir, cuando el pescado estaba en aguas próximas a la costa de las Islas. En estos momentos, eso ya no pasa. El cierre natural al que alude el gerente de Canarias Tuna «no existe, no porque el pescado siga su ruta migratoria, sino porque mandan a parar». Los pescadores viven esta situación como un tragedia: tienen la pesca delante de ellos y no pueden realizar más capturas.

Restricciones del atún

La disminución de las cuotas ha determinado, por tanto, que desde agosto del pasado año, todos los pescadores tuvieran que dejar de pescar tunas, mientras que durante el ejercicio 2021 «toda la flota de artes menores ha tenido que hacerlo en marzo y la de atuneros cañeros, a principio de septiembre», apunta Rodríguez.

Esta situación, dificulta y complica el oficio. Y la consecuencia es que la gran mayoría de la flota solo puede trabajar una media de cuatro a seis meses al año. Para Miranda, «el problema de las cuotas es que ni si quiera nos da para reunir un año de paro; y tener el barco varado sin poder trabajar, también tiene costes de mantenimiento».

En 2020, el Gobierno canario puso en marcha las ayudas covid para compensar el parón de la actividad al que obligó la situación sanitaria «pero estas sólo beneficiaron a parte de la flota», concretamente a «aquellos que demostraron tener pérdidas económicas y una reducción de sus capturas en comparación con el año 2019», sostiene Rodríguez. Por ello, lo que el sector pide es poder trabajar todo el año, tal y como se ha hecho otros históricamente.

Pescadores sensibilizados

Los pescadores que forman la flota artesanal canaria están muy sensibilizados con la protección de su medio de vida y realizan una pesca que es selectiva y sostenible. Por eso asombra que se vea sometida a grandes limitaciones en materia de cuotas y se le impida trabajar durante tantos meses del año. Aún más cuando toda la flota industrial española, compuesta principalmente por buques cerqueros congeladores, trabaja todo el año «arrasando con alevines de patudo, que, en muchos casos, ni si quiera han alcanzado su primera reproducción», apunta Artiles. Este además insiste en que «los pescadores de pesca artesanal como nosotros, no somos los responsables del daño que ha podido sufrir el recurso».

Son otro tipo de pesca y barcos, como los cerqueros, los que más repercusión tienen en la pesca de túnidos desequilibrando y poniendo en peligro este recurso pesquero porque «emplean métodos que causan grandes daños a esta especie y dificultan la recuperación de la misma». De hecho, según Rodríguez, «las empresas propietarias de estos buques cerqueros invierten elevadas sumas en comunicación y grandes campañas de marketing y publicidad, para aparentar consciencia y responsabilidad sobre el medio marino cuando no es así, ya que lo que realmente hacen, es destruirlo».

Se lleva años peleando porque las Islas cuenten con una cuota razonable de pesca de los túnidos que pasan por nuestras aguas, y la lucha continuará hasta hacer comprender a Europa y al mundo que la forma de pescar en Canarias es sostenible, porque no hace peligrar la especie. Los pescadores ponen el acento en que: hay barcos cerqueros que tienen asignadas más cupo de capturas que el grupo de toda la flota artesanal canaria junta.

Y en la pelea de conseguir esa cuota razonable que demandan los pescadores canarios, los peligros sobre la continuidad del sector acechan y se van incrementando, poniendo en jaque el sustento de muchísimas familias canarias, y desmotivando, además, el necesario relevo generacional. En Canarias, la pesca es artesanal y sostenible, por lo que limitar las capturas, es abocarla a su desaparición.

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