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El presencialismo se impone al teletrabajo tras el auge del covid

Las empresas rechazan asumir costes de la actividad en el domicilio | Un estudio contempla riesgo de acabar haciendo muchas más horas en casa que en la oficina

Una mujer trabaja en el comedor de su casa durante la pandemia. | | ÁNGEL DE CASTRO (EPA)

Miles de trabajadores han recibido este correo (o uno similar) a lo largo de los últimos días, coincidiendo con el inicio del curso: «Por la presente, desde la dirección le comunicamos que a partir del próximo lunes se pone fin al programa de teletrabajo y todos los empleados deben reincorporase de modo presencial a sus puestos». El presencialismo está arrinconando el teletrabajo en la actual fase de la pandemia y, tras el segundo verano de la era poscovid, muchas empresas han acabado de culminar el regreso a la oficina de sus empleados.

Los datos que el Instituto Nacional de Estadística (INE) actualizará el mes que viene permitirán medir cómo de intensa ha sido esa vuelta a lo presencial tras más de año y medio de pandemia, pero los sindicatos señalan que se ha intensificado y que las empresas que siguen con ello se decantan más por modelos híbridos que por el ejercicio totalmente en remoto.

La primera semana de septiembre, Jordi, un ingeniero de datos de una multinacional con sede en Barcelona recibió el correo anteriormente citado y volvió a tener el escritorio de su cubículo como punto de referencia. «En verdad nos dan bastante libertad para decidir si vamos o no, pero los jefes prefieren que estés. Eso se nota», dice. «Algún día está bien, pero a mí la verdad es que teletrabajar todos los días no me gusta, me cuesta mucho desconectar», añade.

Tras año y medio de pandemia, las investigaciones sobre los efectos y demás derivadas del teletrabajo han proliferado y existe un cierto consenso de que «el teletrabajo ha venido para quedarse». No obstante, ello no implica que esté exento de riesgos. Una de las conclusiones más comunes entre los múltiples estudios publicados es que teletrabajar suele estar asociado a echar más horas de las que se acaban haciendo en la oficina.

Un estudio publicado este mes por Eurofound señala que los empleados que trabajan de manera habitual en casa tienen el doble de probabilidades de hacer más de 48 horas a la semana.

Las mayores dificultades para coordinarse entre compañeros de trabajo y con la dirección de la empresa es otro de las desventajas. Concretamente, el 60% de las pymes consultadas afirman que ejercer a distancia dificulta esa comunicación interna, según un estudio presentado hace unos días por la patronal Pimec.

Esa es la causa que ha provocado que a Magda la hayan llamado de vuelta a la oficina este mes. Esta barcelonesa trabaja en una pequeña editorial infantil de menos de 10 trabajadores y justo este mes la propiedad ha decidido contratar a un nuevo gerente. «Entiendo que tengamos que volver a lo presencial, porque el jefe tendrá que conocernos y saber cómo trabajamos. A mí me ha fastidiado, porque vivo en la otra punta de la ciudad y con el teletrabajo me ahorro casi dos horas al día de autobús», cuenta.

Tiempo y también dinero se ahorran los empleados con el teletrabajo, que a su vez también puede ser fuente de gasto, si se tiene en cuenta la factura del wifi o esa silla nueva para no destrozarse la espalda tras ocho horas sentado, pues pocas empresas se han rascado el bolsillo para habilitar los equipos adecuados con los que trabajar desde casa, especialmente las más pequeñas.

Volviendo a la encuesta de Pimec, el 56% de empresas han gastado cero euros para aplicar el teletrabajo. «Ahora hemos empezado a recibir muchas consultas coincidiendo con la escalada de precios de la luz. El trabajador no puede asumir los gastos derivados del teletrabajo, la ley lo deja claro», recuerda la secretaria de política sindical de UGT de Cataluña, Núria Gilgado. Y es que esas reticencias empresariales están frenando que gran parte del teletrabajo que se mantiene tras año y medio de covid se regularice.

Empleados públicos también a sus puestos

No solo los trabajadores del sector privado han acelerado su vuelta a oficina este mes de septiembre, tras el segundo verano poscovid. Los empleados públicos de las diferentes administraciones también han culminado, o acelerado, su regreso a lo presencial y han disminuido notablemente el tiempo disponible que hasta ahora tenían para ejercer desde sus casas. Cada institución sigue su propio guion: mientras algunos gobiernos autonómicos culminan este mes un regreso progresivo, la Administración General del Estado ha recortado sin negociación con los sindicatos de tres a un día las jornadas hábiles para que sus empleados ejerzan desde casa.En Cataluña, por ejemplo, a finales de junio la consejera de Presidencia, Laura Vilagrà, comunicó a las centrales que comenzaba la operación retorno para 40.000 trabajadores públicos, con la premisa común de que a finales del mes de septiembre todo el mundo tenía que estar con el régimen vigente antes de la pandemia de la covid: dos días de teletrabajo como máximo a la semana. Más abrupto ha sido el proceso en el caso de los funcionarios estatales, que recibieron esta semana el anuncio del Ministerio de Hacienda y Función Pública de que a partir de octubre sus días de teletrabajo quedaban recortados de tres a uno a la semana.

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