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Restaurantes que sobreviven a la crisis

Los dueños del Rimini rescatan del ERTE a sus trabajadores en espera de los turistas europeos

Juan Lozano y José Cerván en la bodega del restaurante Rimini.

Juan Lozano y José Cerván en la bodega del restaurante Rimini. Andrés Gutiérrez

Los restaurantes de las zonas turísticas reabren de cara a la temporada alta de invierno, como el Rimini, pero sus dueños calcula que el 35% de estos negocios se han perdido para siempre

José Cerván y Juan Lozano, propietarios de los dos restaurantes Rimini de Playa del Inglés, confiesan orgullosos que han podido salvar sus negocios y empezar a recuperar las pérdidas este próximo invierno, pero reconocen que no todos los establecimientos del sur de Gran Canaria han podido sobrevivir a la pandemia.

«Las expectativas son buenas, y ilusión más todavía, pero esto es muy inestable, basta que haya una nueva ola de contagios o que un terrorista ponga una bomba en España o en Alemania para que todo se vuelva a cerrar», declara Cerván, malagueño afincado en San Bartolomé de Tirajana desde el año 1973.

Él y su socio, el asturiano Juan Lozano, crearon el Rimini de El Veril en 1982 y durante 40 años han sorteado todo tipo de crisis, pero esta ha sido «la más grave» porque durante meses se han visto obligados a echar el candado, mandar al ERTE a sus 16 trabajadores, «cerrar los grifos» y verlas venir sin ningún tipo de ingresos. Es más, han tenido que tirar de sus ahorros y de créditos ICO para mantener en buen estado las instalaciones del restaurante, pues hay que cuidarlas día a día.

"Lo que ocurre es que la gente mayor todavía entra en los restaurantes con miedo"

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«Otros pobres no han tenido tanta suerte y se han visto a abandonar sus negocios», comenta Lozano, quien calcula que «hasta ahora solo ha podido reabrir un 35% de los restaurantes que había antes de la pandemia y muchos no volverán a abrir». En concreto, los que no tienen el local en propiedad y deben pagar los altos alquileres. De hecho, el empresario resalta que por toda la urbanización de Playa del Inglés hay centenares de locales vacíos y así seguirán hasta que no se vuelva a la normalidad, que no será, a su juicio, «antes del año 2023, y siempre que no ocurra otra desgracia».

Lozano sostiene que el 60% de la clientela del Rimini era española y el resto estaba formada por alemanes, ingleses y escandinavos. Estos últimos son los que faltan ahora, por eso el restaurante está estos días a un 40% de la ocupación que era habitual. No obstante, ya han podido sacar del ERTE a 12 empleados, con la vista puesta en el regreso de los turistas europeos de invierno, en su mayoría jubilados con un buen poder adquisitivo.

«Lo que ocurre es que la gente mayor todavía entra en los restaurantes con miedo, les preocupa qué mesa le van a dar y si están bien separados de los otros comensales, hay que pensar que son personas de unos 70 años y temen contagiarse en un sitio lejano», añade Lozano.

Al Rimini, ubicado junto a varios complejos de apartamentos, le ha perjudicado que éstos hayan estado cerrados los últimos 18 meses, porque un 20% de sus clientes proceden de esos alojamientos cercanos. Puesto que reabrirán en octubre, Cerván y Lozano confían en recuperar esa cuota.

A finales del 20 de octubre, inicio de la temporada alta, ya habrá en funcionamiento unas 40.000 camas extrahoteleras.

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