En 2019, antes de que la pandemia cambiara radicalmente nuestra forma de vivir, cada día llegaban, de media, más de 12.500 pasajeros a Fuerteventura. Es decir, si sumamos todos los majoreros que volvían en barco o en avión después de haber salido fuera de vacaciones, o haber ido, por ejemplo al médico en Gran Canaria, a todos los comerciales y repartidores que entraban por Morro Jable o Corralejo, y a todos los turistas, cualesquiera que fuera su origen, antes de la pandemia entraban cada día en Fuerteventura el equivalente a más del 10% de la población empadronada. Si para el conjunto de Canarias el volumen de pasajeros que entraba diariamente en las islas equivalía al 4,5% de la población total de las islas, y el porcentaje en Lanzarote era similar al de Fuerteventura, este fenómeno tenía más importancia en La Gomera: los más de 4.000 pasajeros que de media entraron cada día de 2019 en la isla colombina, en su práctica totalidad a través del puerto de San Sebastián, equivalían a casi el 20% de la población censada en la isla. Entre esos pasajeros había distintos perfiles –desde gomeros que habían ido al médico, a comprar o a hacer gestiones a personas que llegaban a la isla para pasar un día como excursionistas (la mayoría turistas que se alojaban en Tenerife) y turistas que llegaban para quedarse durante varios días en la isla–, pero es importante tener en cuenta que cada día entraban en La Gomera casi la quinta parte de la población empadronada en la isla.

Aunque en las islas capitalinas el flujo diario de entrada de pasajeros representaba un peso menor sobre el total de la población empadronada, básicamente porque éstas tienen más población, es importante tener en cuenta la magnitud de las cifras. Si sumamos a todas las llegadas en avión desde todos los destinos a las personas que llegaban en barco desde el resto de islas (y unos pocos desde el resto de España) en el año 2019 entraron de media diaria 32.000 personas a Tenerife y 24.000 a Gran Canaria. Y es importante precisar que no estamos hablando de plazas disponibles, sino de pasajeros reales. Pero hay que diferenciar entre pasajeros que llegan a una isla, que incluyen tanto a quienes retornan de viaje como los que viajan por trabajo, ya sea en el mismo día o en varios, y turistas. De acuerdo a las cifras de Población Turística Equivalente que publica el ISTAC, en Canarias había en el año 2019, de media, unos 281.000 turistas, que representaban el 13,1% de los 2,1 millones de personas empadronadas en las islas, con desigual reparto por islas. Así que, de manera coloquial podríamos decir que antes de la pandemia, de media, una de cada tres de las personas que se podían encontrar cada día en Fuerteventura o en Lanzarote, y una de cada diez en La Gomera, Tenerife o Gran Canaria, eran turistas. Mientras, en el año de la pandemia, 2020, tan sólo una de cada diez personas en las islas orientales eran turistas, y para el conjunto de Canarias la población turística equivalía al 4% de la población empadronada en las islas. Y es importante tener presente que una parte de esos ‘turistas’ eran personas empadronadas en el resto de las islas, o en la propia isla, que se alojaban como turistas en establecimientos turísticos de cada isla.

Ahora que la pandemia ha dado una vuelta radical a cómo vivíamos, y a cómo podremos vivir en el corto y medio plazo son muchas las voces que se han alzado diciendo que sería necesario repensar el modelo turístico canario. Claro que para repensar algo primero hay que pensarlo, y para eso, qué duda cabe, es necesario dimensionar los fenómenos.

Hay quien ha planteado que la combinación entre teletrabajo y nómadas digitales puede ser una solución, al menos a medio plazo, para el sector turístico canario. ¿Qué puede significar ello? Llevando el argumento al extremo, si pensamos que los turistas de 2019 pueden convertirse en ‘nómadas digitales’ en 2023, ello implicaría, por ejemplo, que la población de Lanzarote pasaría de 150 a 205.000 habitantes, la de Fuerteventura de 110 a 160.000 y que La Gomera, Tenerife y Gran Canaria incrementarían su población en un 13%, 10% y 9%, respectivamente. Mientras que una pareja de turistas alemanes o británicos de 35 años quizá busquen hoteles familiares con guardería en que dejar a sus hijos un rato, si se convirtieran en ‘nómadas digitales’ quizá requieran de centros en que escolarizarlos, y de más servicios, entre otros sanitarios: seguramente como turistas no iban al dentista en Canarias, pero posiblemente lo harán si se quedan a vivir aquí.

Aunque las estadísticas son sólo números a menudo sirven para hacernos una idea de cómo es la realidad y de cómo puede ser el futuro. Antes de la crisis de la covid-19 había en Canarias islas a las que cada día llegaba el equivalente al 10% de la población insular y otras en las que llegaba el 20%. Y es importante recalcar: cada día.

¿Creemos que es deseable volver a ello? ¿Durante cuánto tiempo? Creo que hay datos que es necesario tener siempre presentes a la hora de decidir, desde donde estamos, hacia dónde queremos ir.