Annus horribilis. Los calificativos se quedan cortos para definir un año que desde el punto de vista laboral ha estado marcado por la inestabilidad, la incertidumbre, los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) y el paro. Canarias llega a este Primero de Mayo con más dudas que certezas y con un horizonte en el mercado laboral con muchas incógnitas por resolver. Los principales sectores de la economía canaria han estado condicionados por el cero turístico y las restricciones en la movilidad y los trabajadores lo han sufrido en sus carnes unos más que otros, pero todos con la sensación de que ha sido un año para olvidar y la mayoría de ellos sin saber a ciencia cierta que les deparará el futuro.

Los sindicatos salen hoy a las calles, tras el paréntesis de 2020, con el objetivo de reivindicar la vuelta a las negociaciones que se interrumpieron a mediados de marzo del año pasado cuando se decretó el estado de alarma. El Gobierno se encuentra en plenas negociaciones con la Unión Europea (UE) para las reformas que se ha comprometido a realizar para que lleguen los tan ansiados fondos europeos necesarios de cara a la recuperación de la actividad económica. Y antes de que el Ejecutivo dé luz verde a las reformas que reclama Bruselas, y ante la reticencias de las organizaciones empresariales, las centrales sindicales quieren recordar en esta Fiesta del Trabajo que no se van a olvidar de la derogación de la reforma laboral, de la reforma del sistema público de pensiones y del incremento del salario mínimo interprofesional (SMI).

Pero el día a día de muchos trabajadores y autónomos en este año de pandemia ha estado más centrado en la inseguridad y, en ocasiones, en la angustia ante un panorama nada halagüeño. Juan Hernández, agricultor autónomo, cree que «no podemos perder el optimismo» pese a la que está cayendo y espera que la recuperación sea más rápida que la de la crisis económica de 2008. Otros como Elías Verona, trabajador en una empresa industrial de alimentación, ha tenido la suerte de estar en un sector considerado esencial en el confinamiento y se ha salvado de los ERTE, quizá por eso espera que la situación se recupere pronto para que la actividad se normalice y la planta en la que desarrolla su labor vuelva a estar al 100% de su producción.

Para otros trabajadores este año laboralmente hablando ha sido especialmente duro e incluso «durísimo» como relata Eduardo Luis Jiménez, que trabaja en la hostelería, un sector especialmente afectados por la pandemia. Verónica Acosta, vinculada al sector turística, ha estado sujeta a los vaivenes del cierre hotelero y a la caída de visitantes, por eso concluye que este último año ha sido «horrible» y ahora, en un hotel urbano, espera levantar cabeza aunque la incertidumbre siempre está ahí.

Pero tampoco en la Administración pública la situación ha estado como para lanzar las campanas al vuelo. Benito Aguiar es profesor de Secundaria y es uno de los contratados como refuerzo por el Covid que, a día de hoy, no saben exactamente qué va a pasar cuando acabe el curso en junio porque su contrato está vinculado a lo que decida la Consejería de Educación con este personal y depende también de la evolución de la situación sanitaria.

¿Y los jubilados? Pues viendo en la calle como cierran negocios y la gente está «triste», indica Adelina Jaén, procedente de la enseñanza, donde trabajó cerca de 30 años. Después de dos crisis económicas consecutivas solo ve «precariedad» en los trabajos, sobre todo en los jóvenes. «Ha sido un año duro y difícil para los jóvenes que no saben cuál será su futuro laboral», advierte.

JUAN HERNÁNDEZ

Agricultor

Juan Hernández. E.D.

Juan Hernández planta papas y lechugas en tierras propias y arrendadas y la llegada del «bicho», como califica al coronavirus, ha supuesto un golpe ya que se vio obligado a prescindir de los tres asalariados que le ayudaban a plantar y cuidar la tierra y recoger los frutos del trabajo. En este año de pandemia ha reducido la superficie de cultivo en casi un 70% con respecto a lo que plantaba en 2019 «porque no vendemos», asegura, debido al cierre de los hoteles en el Sur, lo que impide dar salida a todo lo que se cultivaba antes de la pandemia. Pese a que la alimentación ha sido un sector esencial y no han faltado los productos en los supermercados, el hecho es que el mercado se ha reducido y la importación sigue igual, lo que ha provocado que se haya perdido hasta un 50% de cuota por la producción local.

Otro ejemplo que pone Juan Hernández de cómo le está afectando la crisis de la pandemia es la plantación de papas. «Antes plantaba 400 o 500 sacos para recoger las papas ahora pero este año planté 96 sacos», explica. Sin embargo, «no podemos perder el optimismo» ante la recuperación que se vaticina para final de año y principios de 2022. Hernández ha apostado por aguantar el tirón y mantener el arrendamiento de la mayoría de las tierras que cultiva, pagando el alquiler pese a que ahora no las planta.

EDUARDO JIMÉNEZ

Trabajador de hostelería

Eduardo Jiménez Malpica.

Eduardo Jiménez Malpica. E.D.

Eduardo Luis Jiménez trabaja en la rama de la hostelería y califica este último año de «durísimo». «Ha sido toda una incertidumbre, falta de información porque no sabía si iba a cobrar o no, si era la empresa la que tenía que hacer el papeleo o si lo tenía que hacer los empleados en el Sepe y, además, la empresa hizo un recorte brutal de la plantilla». Jiménez Malpica trabaja en una empresa de catering en un hospital de Tenerife y con el confinamiento todos los trabajadores fueron al ERTE por el cierre del establecimiento. Después abrieron con un servicio mínimo pasando de 41 empleados a seis: «la mayoría de la plantilla siguió en ERTE y en diciembre plantearon un ERE que pudimos frenar pero ahora estamos otra vez en regulación temporal de empleo, pero no de fuerza mayor», relata.

Eduardo Jiménez ha estado hasta dos meses sin cobrar y su mujer, que también trabaja en la misma empresa, ha estado más tiempo en ERTE que trabajando en este tiempo. «Ha sido un año durísimo y desastroso sin saber si vamos a cobrar o no», explica, de tal forma que se plantea cambiar de rama y hacer un curso de vigilante o irse a otro sector porque la rama de la hostelería está muy complicada porque «las restricciones van a seguir».

BENITO AGUIAR

Profesor en Fuerteventura

Benito Aguiar. E.D.

Las circunstancias han llevado a Benito Aguiar a trabajar este año en Fuerteventura como integrante de los docentes contratados este curso como refuerzo por el Covid. Aguiar recuerda que en un primer momento la Consejería de Educación les contrató hasta diciembre, después prolongó hasta abril y finalmente seguirá hasta que acabe el curso en junio, lo que supone que durante este tiempo han estado sujetos a los vaivenes en las decisiones de la Administración. La experiencia de este profesor de Bachillerato ha sido «interesante» porque se han desdoblado en dos los turnos en el centro, él trabaja en horario de tarde con una clase con un alumnado más reducido que en circunstancias normales, lo que ha facilitado la interrelación con los alumnos, compartir experiencias y trabajar más las tecnologías de la información.

Benito Aguiar califica esta experiencia de «dura» pero «interesante» porque ha estado en otra isla, alejado de la familia pero, a su vez, desde el punto de vista profesional ha podido desarrollar su labor docente con nuevas herramientas y con menos alumnos. Por eso considera que la incertidumbre que se abre para él y otros docentes que no saben si seguirá el refuerzo Covid o no el próximo curso perjudica también al sistema educativo ya que volver a aumentar las ratios de número de alumnos por profesor es «volver para atrás». Aguiar lamenta que se trate más de una cuestión económica que de mejorar la calidad de la enseñanza pública.

ADELINA JAÉN

Jubilada de la enseñanza

Adelina Jaén. | | E.D

Adelina Jaén. | | E.D Rubén Acosta

Adelina Jaén estuvo cerca de 30 años trabajando en el sector de la enseñanza y lleva varios años jubilada. Lamenta el panorama laboral de este año de pandemia y el que se avecina después de dos crisis económicas consecutivas: «Ha sido fatal tanto por los trabajadores en paro como por lo que están en ERTE y la disminución de los ingresos, este último año muchos trabajadores lo recordarán como el peor año de sus vidas porque, además, el trabajadores que están en ERTE tienen una enorme incertidumbre porque no saben lo que van a hacer las empresas». Jaén vive de cerca esta situación porque tiene una hija en suspensión temporal de empleo y el futuro no lo tiene claro aunque trabaje en una gran empresa que vive del turismo. Esta docente jubilada cree que la afección no es solo económica sino anímica para los trabajadores y sus familias.

«La precariedad laboral de los jóvenes aumentó mucho a partir de 2008, con salarios bajos y eso tampoco garantiza un buen futuro porque las cotizaciones son bajas también», explica Adelina Jaén. Se considera con «suerte» porque trabajó para la enseñanza pública y tenía la seguridad de contar con plaza: «ser funcionario da más tranquilidad pero lo vives más con los alumnos que vienen de familias con problemas laborales», añade.

ELÍAS VERONA

Trabajador de la industria

Elías Verona. | | E.D. Rubén Acosta

Elías Verona trabaja en una empresa industrial de alimentación desde hace tres años y medio y en su caso no ha estado afectado ni por ERTE ni por despidos pero sí ha vivído la reducción de la actividad que ha supuesto la pandemia, la no renovación de contratos a los trabajadores temporales y la incertidumbre que se vive en la calle y en muchas familias. «No se notó en exceso el confinamiento porque éramos un sector esencial y no tuvimos que parar, además como empresa de alimentación tenemos los protocolos de higiene bastante rígidos, la novedad ha sido más fuera que dentro y solo tuvimos algunos ajustes para implantar grupos burbuja y entrada y salidas escalonadas». El «efecto papel higiénico» también cogió al resto de empresas que manufacturan alimentos por el fuerte incremento de la demanda que se produjo en esa etapa. Pero, por contra, también les ha afectado directamente la reducción de las exportaciones y el cierre del turismo y las restricciones en la restauración, lo que ha provocado una caída de la actividad en algunos segmentos de la producción. Ello provocó que no se pudiese renovar los contratos del personal.

Elías Verona se ve afortunado porque no le ha afectado en el trabajo en este año y pico de pandemia: «lo más triste es ver como hay compañeros que no pueden seguir por la caída de la demanda en hostelería y turismo y lo mal que lo están pasando los que trabajan en estos sectores. El daño colateral lo vemos aquí porque no se ha parado la producción pero sí que los temporales no siguen con nosotros, espero que vuelvan cuando se recupere la demanda».

VERÓNICA ACOSTA

Jefa de recepción

Verónica Acosta. | | E.D

Verónica Acosta lleva 17 años en el sector turístico y es jefa de recepción. El confinamiento la cogió trabajando en un hotel del sur de Gran Canaria y estuvo en ERTE hasta el verano, en el que el establecimiento volvió a abrir al albur de la incipiente recuperación que se vislumbraba en ese momento. Pero volvió a cerrar ante la caída de las reservas y Verónica volvió a la suspensión temporal de empleo. Con el inicio del año regresó al hotel pero con apenas un 20% de ocupación para cerca de 200 habitaciones, lo que convertía el alojamiento en un espacio «triste» igual que el resto de la zona turísticas, con calles vacías y muchos negocios cerrados. En marzo consiguió un puesto en un hotel urbano de la capital grancanaria que vive más de las consignatarias del Puerto de La Luz, empresarios, ejecutivos y deportistas.

Para Verónica Acosta este crisis del sector turístico canario marca «un antes y un después» porque, a diferencia de la recesión de 2008, «ahora nos hemos dado cuenta de que el turismo está amenazado por las crisis sanitarias y cualquier descenso de visitantes que haya». «Jamás había visto esta situación ni en el Sur ni en otros lugares donde he trabajado, me producía tristeza ver los centros comerciales y las playas vacías, creo que todavía permanecen los interrogantes», añade.