17 de diciembre de 2019
17.12.2019

La Macaronesia se une para convertirse en una potencia en frutas tropicales

Un proyecto liderado por Canarias busca compartir conocimiento sobre estos cultivos, protegerlos del cambio climático y multiplicar las posibilidades de exportación

16.12.2019 | 21:15
Los participantes en Fruttmac.

Las regiones macaronésicas, por sus características climáticas y su vinculación con territorios americanos, son el trópico de Europa, al menos en lo que a fruta se refiere. Bajo el liderazgo de Canarias, 25 instituciones, centros de investigación, organizaciones agrarias y empresas del sector se han unido en un proyecto que pretende fortalecer y reforzar aún más está condición, difundir el conocimiento científico sobre estos cultivos, protegerlos de los efectos del cambio climático y proyectarlos hacia el exterior, multiplicando su capacidad de exportación.

Fruttmac es un proyecto financiado por fondos europeos, dentro del programa Interreg MAC 2014-2020, conducido por el Instituto Canario de Investigaciones Agrarias (ICIA) y que pone la I+D al servicio del sector primario de Canarias, Azores, Madeira y Cabo Verde. "En las Islas hay un clima que favorece estos cultivos, agricultores que conocen estos frutales desde hace años y una cultura de producirlos. Al lado de eso hay una demanda creciente en los mercados europeos. Se trata de sacarle mayor provecho a esa oportunidad", expone Juan Cabrera, investigador del ICIA y responsable técnico de Fruttmac.

Los territorios que participan en el proyecto comparten su condición de regiones turísticas, que contribuye a engrosar los mercados locales mucho más allá de la población residente en estas islas. A este mercado interno -consumidores que viven o vienen a los archipiélagos- se suman los externos, cada vez más interesados en estos productos "exóticos". "Este tipo de huecos de mercados habrá que explotarlos, siempre primando la calidad y la diferenciación", señala Cabrera. El plátano -que, pese a ser ya tan familiar para los canarios, es un producto tropical- es el que ha demostrado mayor capacidad de proyección hacia el exterior, principalmente hacia la Península. Pero hay otros -sobre todo el aguacate y la papaya- que también son cada vez más demandados. Estas especies, y otras como el mango, el maracuyá, la piña tropical y la chirimoya, son los protagonistas de Fruttmac.

Esta iniciativa se dirige hacia tres objetivos principales: favorecer un uso eficaz de los recursos fitogenéticos de los frutales -el material genético de origen vegetal- y su accesibilidad, promover la gestión sostenible de las exportaciones y diversificar la oferta comercial, tanto local como de exportación. El estudio genético reviste una particular importancia: el material vegetal es inestable, y conocer su comportamiento bajo distintas condiciones -teniendo en cuenta que estas se encuentran en pleno cambio como consecuencia del calentamiento global- puede permitir que estos cultivos salgan triunfantes del reto climático. El análisis se traducirá en la elaboración de inventarios que las regiones participantes podrán compartir.

Entre los resultados previstos por los investigadores figura, asimismo, la generación y transferencia de conocimiento y la confección de herramientas de diagnóstico que faciliten un mejor manejo del suelo, el agua y la materia orgánica como fundamentos de una agricultura sostenible. También persiguen ampliar el conocimiento sobre las plagas y enfermedades en las condiciones ambientales de las regiones macaronésicas y ayudar a su control biológico.

Desde el punto de vista comercial, el proyecto se propone aumentar la oferta en los mercados de los territorios implicados e incrementar las posibilidades de exportación de frutas tropicales "de alta calidad" a otros destinos. También hay lugar para la industria agroalimentaria en Fruttmac, que se orienta a mejorar el conocimiento sobre la elaboración y diversificación de productos hechos a partir de este tipo de frutas.

El conocimiento recopilado por los agricultores de los territorios involucrados y las diferentes tradiciones y vínculos históricos de cada uno de ellos constituyen otras las riquezas del proyecto. "Unimos distintos países con distintas culturas agrícolas", recalca el técnico del Instituto Canario de Investigaciones Agrarias. Así, las regiones macaronésicas portuguesas y Cabo Verde atesoran una historia de relaciones con Brasil que ha influido en sus prácticas agrícolas, de la misma manera que en Canarias lo ha hecho su vinculación con Cuba o Venezuela. Ese "tráfico" de material genético y culturas "se va a complementar muy bien", asegura Juan Cabrera.

Fruttmac se desarrollará a lo largo de tres años. Entre las entidades participantes se encuentran, además del ICIA, la Universidad de La Laguna (ULL), el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (ICIA), los siete cabildos, la Asociación de Agricultores y Ganaderos de Canarias (Asaga Canarias) y la Asociación de Organizaciones de Productores de Plátanos de Canarias (Asprocan).

En peso y en valor

La exportación de productos tropicales desde el Archipiélago ha crecido de forma notable en los últimos años, tanto en peso como en valor. El plátano ha mantenido unos niveles relativamente estables en sus envíos al exterior -fundamentalmente a la Península- desde 2012, con 151,7 millones de euros en 2018, alrededor de 2,4 millones menos, y 350.023 toneladas, casi 20.000 más, según datos de la Agencia Tributaria recopilados por el Instituto Canario de Estadística (Istac). Otras frutas han protagonizado evoluciones claramente ascendentes en su búsqueda de mercados más allá de las Islas, por más que sus cifras de exportación continúen siendo modestas. El valor de las exportaciones de aguacates, por ejemplo, se ha multiplicado por más de dos, al pasar de 370.034 euros a 832.667, en tanto que las toneladas comercializadas fuera se han elevado de 291 a 366 entre 2012 -cuando arrancan los registros del Istac- y 2018.

Resulta llamativo también el despegue de la papaya, de la que en 2018 se exportaron 2.575 toneladas por 2,9 millones de euros, magnitudes sensiblemente superiores a las de seis años atrás: 1.687 toneladas y 1,6 millones de euros. La piña tropical presenta volúmenes aún muy bajos, pero en el periodo analizado ha pasado de la nada o poco más -0,008 toneladas (ocho kilos) y 20 euros- a cantidades al menos reseñables -41 toneladas y prácticamente 30.000 euros-, mientras que el mango -que la estadística ofrece conjuntamente con la guayaba- crece por encima del doble en peso -de 7,2 toneladas a casi 19- y se dispara en valor -de 8.300 a 45.500 euros-.

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