14 de agosto de 2019
14.08.2019

Clemente Cebrián: "Hay que perder el miedo al fracaso y aprender de él; es caro pero muy valioso"

Cebrián es cofundador de la marca de ropa El Ganso, una de las marcas de moda más reconocidas de España

14.08.2019 | 00:26
Clemente Cebrián (derecha) junto a su hermano Álvaro.

En una pequeña tienda nació, en 2006, la que hoy es una de las marcas de moda más reconocidas de España, con presencia en más de una decena de países: El Ganso. Pasó de contar una a una las prendas que vendía a facturar, en el año 2017, 84 millones de euros. Pasó de las manos de dos hermanos -Clemente y Álvaro- a las de una gran multinacional de la moda, dueña de marcas como Louis Vuitton, para volver a retomar los dos madrileños las riendas. Pasó del éxito al error, rozando el fracaso, y entendiendo que de los malos momentos es de los que más se aprende, según uno de sus fundadores, Clemente Cebrián (Madrid, 1974).

El Ganso es un modelo de éxito que no siempre lo fue.

Exacto. La empresa la creamos mi hermano Álvaro y yo, abriendo la primera tienda hace ya trece años. Vimos que había un nicho de mercado en un tipo de ropa, especialmente en hombre, y fuimos a por él. Crecimos muy rápido y en un momento dado nos tiraron los tejos distintos posibles socios y al final llegamos a un acuerdo con uno, del grupo Louis Vuitton. No por culpa suya, sino nuestra, y de todos, estos últimos años no han sido los mejores. Por ello, el verano pasado hemos vuelto a recomprar nosotros el 100% y somos nuevamente nosotros los que gestionamos todo, dándole una vuelta, volviendo a meter un rollo de emprendimiento, en el que nos gustaría volver a hacer las cosas bien. Llevamos diez meses creciendo y las cosas están yendo mucho mejor.

¿Hubo vértigo en algún momento?

Sí. Como le decía, crecimos muy rápido entre los años 2010 y 2015, especialmente en España. Fue entonces cuando abrimos, por ejemplo, en varias ciudades. Cuando empezamos a abrir tiendas fuera de España nos dimos cuenta de que no éramos conscientes de la dificultad que tenía la expansión internacional. Ese momento coincidió con la entrada de los socios y fueron unos años muy complicados: crecimos muy muy rápido, con una inversión muy alta, y no supimos gestionarlo correctamente.

¿Cuál es la clave para lanzarse a emprender? ¿Y para mantenerse?

Primero, no tienes que ir buscando un puesto de trabajo fijo, seguro y para toda la vida, sino que tienes que tener un cierto carácter aventurero, sin aversión al riesgo, porque siempre lo va a haber. También es muy importante tener muy claro qué es lo que quieres hacer, a quién quieres dirigirte, qué producto vas a desarrollar. Parece que siendo emprendedor puedes hacer cualquier cosa, pero es muy importante definirlo bien antes de hacerlo.

Y perder el miedo al fracaso.

Fundamental. Nosotros en esa época mala que hemos tenido hemos aprendido un montón del error, del fracaso, de cuando nos hemos confundido, y eso ha sido un aprendizaje muy caro en todos los sentidos, pero que seguro que de cara a los próximos años va a ser valiosísimo.

¿Falta en España cultura del emprendimiento?

Hubo unos años en los que se fomentó mucho, sobre todo desde instituciones públicas, la cultura del emprendedor como algo muy chulo. En España hay mucha gente creativa, echada para adelante, pero falta todavía realmente creernos que podemos hacerlo. También faltan referentes a nivel nacional: emprendedores que lo han hecho, se han confundido, lo han logrado y son gente normal. Y también hay que fomentar el emprendimiento desde los colegios y las universidades, eso es fundamental.

Esa cultura anglosajona de premiar el error, sabiendo que la sucesión de fracasos es la que lleva al éxito.

Claro, exacto. Y aquí parece todo lo contrario, que casi te tienes que callar porque te da vergüenza admitirlo. Somos muy de juzgar a la gente que hace cosas, crece y luego tiene un error y fracasa o lo hace mal. Nos echamos encima. Tenemos que aprender a valorar a la gente que lo ha intentado, porque eso es un valor tremendo.

Ustedes supieron reinventarse y tocar otros mercados: mujeres, niños y ropa más casual.

Sí. El problema que tuvimos esos años malos es que seguimos haciendo lo mismo. Y es muy importante, sin perder tu ADN, saber ir renovándote. Por eso sacamos una línea más casual, que funciona muy bien. También vamos acelerando la línea de mujer y la de niño y hemos sacado cuatro perfumes. Además, colaboramos con una empresa de relojes para hacer correas con tejidos nuestros. Lo que se trata es de hacer cosas diferentes y no quedarte parado cuando ves que algo tiene éxito, sino seguir progresando.

Pero es importante conseguir esa identificación de la marca con un estilo de vida.

Totalmente. Por eso la colonia, colaboraciones con Disney o con diseñadores extranjeros. Es fundamental que guste el producto, es evidente, pero también verte identificado con la marca y con lo que nosotros queremos reflejar con ella.

¿Cuáles son los retos de futuro de El Ganso?

Sabernos renovar en producto e intentar volver a ser punteros en innovación y la parte digital. Este último es un reto tremendo, porque en su momento lo fuimos y ahora tenemos que volver a lograrlo. Luego también hay un reto común para todas las marcas de ropa en el aspecto de reciclado o tejidos eco, pensando en la sostenibilidad y hay que ir hacia ese campo.

Es importante la digitalización, porque ya cada vez menos se compra en las tiendas físicas.

En las tiendas se sigue comprando, pero la compra online ha crecido muchísimo. Un mismo cliente compra en la tienda y en la web o compra en una y lo cambia en la otra. La digitalización no solo es la web, también es ir a un punto de venta y vivir una experiencia.

¿Qué consejo le va a dar a esos jóvenes empresarios?

Siempre he dicho que hay que aprender del error, del fracaso.

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