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¿Puede un caramelo salvar un ejército?

¿Puede un caramelo salvar un ejército?

¿Puede un caramelo salvar un ejército?

Lara de Armas Moreno

En junio de 1950, el estallido de la Guerra de Corea se produjo tras la invasión de las tropas norcoreanas al sur de la península. En respuesta, Estados Unidos lideró una coalición internacional bajo el mandato de la ONU con el objetivo de repeler la agresión y restaurar la soberanía surcoreana.

En noviembre de 1950, la 1.ª División de Marines del 10º Cuerpo, junto con otras unidades, avanzaba por las montañas del embalse de Chosin, en territorio norcoreano. Bajo un clima de -36 °C, en una zona de gran altitud, los Marines pronto se vieron superados por el avance de las fuerzas chinas, que se habían unido recientemente al conflicto del lado del ejército norcoreano. Se ordenó a los Marines replegarse hacia el sur.

Mientras se desplazaban a través de las altas montañas rodeados por el enemigo, su equipo y vehículos se congelaron, las municiones se agotaron y sufrieron de congelación debido a las extremas condiciones climáticas. Es por ello que solicitaron por radio que les enviaran más munición, concretamente se quedaron sin proyectiles para los obuses, pero lo pidieron con la palabra clave que era «Tootsie Roll», un caramelo muy popular en EEUU que por el packaging se asemejaba a los proyectiles solicitados. Este es un dulce duro y hecho con cacao.

El encargado de recibir el mensaje no entendió que se tratase de una palabra encriptada y envió un cargamento del dulce en lugar de la munición solicitada, algo que suponía, a priori, una sentencia de muerte para los soldados abandonados a su suerte en Corea. A pesar del error, los caramelos sirvieron de alimento para las tropas que no tenían nada que comer, además, el dulce era moldeable, por lo que fue utilizado como masilla para tapar los agujeros de bala que perforaban los bidones de gasolina, impidiendo que el líquido se derramara.

Tras 16 días de asedio, los soldados pudieron huir hacia el puerto de Hungnam. Si bien, la victoria fue para China, las bajas de la ONU fueron menores gracias a los Tootsie Rolls enviados por error.

No es el único fallo logístico de la historia. Napoleón Bonaparte sufrió un problema similar por culpa de los botones de estaño. Tras el fracaso de los acuerdos de Tisilt y Erfurt, firmados entre Napoleón y el zar Alejandro I, en 1812, las tropas francesas planearon una campaña que se vio frustrada por el letal invierno ruso. Los botones de las casacas del ejército de Napoleón estaban hechos de estaño, material que a bajas temperaturas (a partir de los -20ºC) se convierte en estaño alfa, una forma muy frágil que hace que el material se desintegre, por lo que los soldados no podían abrocharse el uniforme, algo que aumentó las hipotermias y, por ende, el número de bajas.

A pesar del incidente, el ejército francés ya iba de por sí poco equipado para el frío. Los documentos de la época atestiguan que los soldados robaban ropa en las ciudades saqueadas para poder mantenerse calientes, incluso a veces, cuando las circunstancias lo requerían, se ponían atuendos de mujer para mantenerse calientes.

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