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Perpetuar la identidad en orillas lejanas

Desde la década de 1950 y a pesar de la distancia, la red de los 52 Hogares Canarios que existen a día de hoy ha logrado mantener vivo el sentimiento de canariedad entre los más de 250.000 isleños que junto a sus descendientes residen fuera del Archipiélago

Acto musical organizado por el Hogar Canario en Berlín (Alemania).

Acto musical organizado por el Hogar Canario en Berlín (Alemania). / LP/DLP

Las Palmas de Gran Canaria

Poner cifras al sentimiento es tan absurdo como darle categoría de verdad al output que proporciona un algoritmo. Aunque los datos oficiales estiman en más de 250.000 los canarios y sus descendientes que actualmente residen en el extranjero resulta complicado calcular cuántos isleños han mantenido o mantuvieron vivo el concepto de canariedad gracias a la labor desempeñada desde la diáspora por los 52 Hogares Canarios repartidos a lo largo de medio mundo y que nacieron en Venezuela durante la década de 1950 con el objetivo inicial de cubrir fuera del Archipiélago las necesidades de los paupérrimos migrantes canarios ampliando posteriormente el papel de dichas instituciones, ya con el concepto que perdura en la actualidad, como faros que desde la distancia permitiesen iluminar todas aquellas tradiciones que a lo largo de siglos han construido la identidad de nuestra región.

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, resume de este modo el sentimiento de magua que en gran parte de las ocasiones inocula entre aquellos que residen lejos de su tierra natal: «Canarios en el exterior... Canarios que demandan vivir con dignidad, que se les escuche, que se contribuya a afianzar el conocimiento de sus raíces, sanando las heridas del tiempo en esa diáspora, siempre lacerante, de un pueblo que se ha visto obligado en diversos periodos de la historia a emigrar constituyendo esa parte de la ‘familia’ que reside en otros paisajes, la que cultiva la añoranza de estas ocho islas atlánticas».

Ocho, efectivamente, más ese pedazo de Canarias que pervive en Venezuela, país donde comienzan a formarse pequeñas asociaciones de migrantes isleños para tratar de ayudarse los unos a los otros en un periodo de suma pobreza para quienes abandonaban su tierra natal.

Estos centros surgieron como espacios de apoyo, identidad y cohesión social para los emigrantes que buscaban prosperidad en tierras venezolanas huyendo de las vicisitudes generadas tras el fin de la Guerra Civil.

Bailarines herreños en un centro canario de Venezuela.

Bailarines herreños en un centro canario de Venezuela. / LP/DLP

A partir de la década de 1940 pero sobre todo a partir de 1950 es cuando ese problema se agudiza alimentado además por la nostalgia que provoca la lejanía así que ante la necesidad de ayuda mutua y el mantenimiento de la cultura canaria en ultramar, los centros canarios comienzan a fundarse, el primero de ellos en 1942 bautizado como Hogar Canario, aunque desapareció poco después, en 1954.

A finales de la década de 1940 y principios de los 50, el asociacionismo se fortalece con la creación de la Casa Canaria (1949-50) y otros clubes como el Centro Canario de Punto Fijo (1953) y el Club/Centro Hispano de Punto Fijo (1954).

El caso del Hogar Canario Venezolano en Caracas fue en aquellos inicios fundamental en la vida social de la colonia canaria, facilitando la formación de más de 5.000 familias canario/venezolanas y funcionando como un lugar de encuentro, recreación y ayuda.

Proporcionaban ayuda a los recién llegados, apoyo ante la precariedad económica y, en muchos casos, ayuda médica o alimentaria a familias canarias.

Así, a día de hoy existen en Venezuela un total de 30 delegaciones vinculadas a Canarias distribuidas por Cojedes, Nagua Nagua (Carabobo), Aragua, Anzoátegui, Miranda, La Guayra, Estado de Lara, Vargas, Falcón, Guarico, Yaracuy o, entre otras regiones, Mérida.

«El modelo de Venezuela es el que se acabaría extendiendo por el resto de la América hispanohablante, donde existen alrededor de 40, aunque con el paso del tiempo sus acciones se fueron adaptando a las nuevas necesidades», explica José Téllez, director general de Emigración del Gobierno de Canarias y una de las personas que más relación mantiene con los canarios en la diáspora.

Téllez Ledesma dice que «la presencia de los hogares canarios ha sido muy importante para las comunidades isleñas de cada país ya no únicamente por el apoyo económico o las posibilidades de acceder a programas educativos y de formación sino porque significa mantener pese a la distancia la cercanía con nuestras tradiciones y con las tradiciones de nuestra región», añade refiriéndose no sólo a la manida imagen de papas arrugadas, timples y playa que popularmente identifica a las Islas sino al resto de mimbres con los cuales se ha tejido el concepto moderno de canariedad y que en el caso de los hogares canarios se traduce en actuaciones musicales, conferencias, presentaciones de libros o, por citar alguna más, muestras de cine.

El teldense Heriberto Rodríguez Hernández, actual presidente del Hogar Canario en Berlín, la única de estas instituciones que permanece abierta en el continente europeo sin contar las siete que funcionan en la Península y que se localizan en Madrid, Sevilla, Valencia, Valladolid, Aragón, Islas Baleares y Murcia, destaca la importancia «de apostar por la cultura como elemento vertebrador para mantener el arraigo entre quienes están fuera de su tierra natal e incluso para promocionar el Archipiélago en el exterior».

Con aproximadamente una veintena de socios, Heriberto Rodríguez Hernández cuenta que el centro canario de Berlín nace en 2001 aunque él no llega hasta el año 2016 a la ciudad alemana. «Desde que supe de su existencia», dice, «me interesé por las actividades desarrolladas y comencé a colaborar con quienes entonces estaban al frente de la directiva». El grancanario pasó dentro de dicha institución a ocupar el cargo de primer vocal y ya en 2024, tras el anuncio de dimisión un año antes del por aquel momento presidente, acaba sustituyéndole.

«Ilusión y miedo» fueron, según Rodríguez, los sentimientos que aquella decisión generaron en un joven al cual le pillaron por sorpresa algunos problemas dentro del seno de dicha asociación, especialmente vinculados a asuntos económicos.

Recuerda, por ejemplo, el mal estado que «presentaban nuestras instalaciones en Berlín, con un inmueble bastante castigado en lo estructural debido a la falta de mantenimiento».

El nuevo presidente menciona en varias ocasiones durante una entrevista telefónica la palabra «raja» en referencia a un daño que presentaba la sede pero también sirve ese término en su acepción de brecha para ilustrar otro asunto que le llamó poderosamente la atención: «el envejecimiento de los socios».

Con más ganas que dinero, Heriberto Rodríguez tenía claro la importancia de solventar y actualizar los métodos de financiación del Hogar Canario en Berlín -«buena parte del dinero lo aportaban algunos socios alemanes», rememora- e intentar atraer a las nuevas generaciones para lo cual echó mano de su experiencia organizando conciertos en el Archipiélago.

Así, Heriberto logró llevarse a territorio berlinés a diferentes grupos de las Islas, entre otras actividades culturales. Con «papas arrugadas a muerte», dice, dinamizar la oferta supuso un acierto aunque «quedan cosas por hacer», admite.

Para el director general de Emigración del Gobierno de Canarias es también crucial «atraer a las nuevas generaciones», una tarea en la cual Téllez y su equipo están volcados «porque es normal ese cambio generacional pero hay que buscar la manera de llegar a ellos», dice en referencia a utilizar incluso los canales que los jóvenes emplean para informarse. Y todo para conseguir perpetuar fuera de las Islas la identidad de nuestro Archipiélago.

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