Charles Powell, director del Instituto Elcano: «Juan Carlos y Sofía fueron un tándem muy eficiente 30 años»
Charles Powell (Madrid, 1960), hijo de un inglés y una española, es director del Real Instituto Elcano y un historiador que ha dedicado muchos años a estudiar la transición. Tiene varias obras sobre el padre de Felipe VI. La última, que lleva unos días en las librerías, se titula ‘El rey Juan Carlos I y la proyección exterior de España’ (Galaxia Gutenberg).

Charles Powell. / José Luis Roca
Pilar Santos
Parece que le gustan las causas casi perdidas. Ha escrito un libro de 600 páginas para reivindicar a una persona que está proscrita ahora mismo en España. ¿Por qué se ha animado a hacerlo?
No lo he escrito para reivindicar la figura de don Juan Carlos. Es un libro de historia de la política exterior de España, eso es lo que yo quería reivindicar. Quería recordar a la gente cómo estaba el país en 1975 y cómo se produjo ese proceso de normalización internacional, en el cual participaron muchos actores, aunque mi sensación siempre ha sido que don Juan Carlos fue el actor principal.
En su libro aborda ampliamente los contactos que establece Juan Carlos con los embajadores en Madrid desde 1969, cuando el dictador Francisco Franco lo nombra sucesor. ¿Cómo fueron esos años?
Entre 1969 y 1975, cuando se produce la proclamación del Rey, don Juan Carlos empieza a relacionarse muy discretamente con los embajadores de las grandes democracias, fundamentalmente Estados Unidos, Alemania, Francia, Reino Unido. Y en esas conversaciones con los embajadores empieza a anunciarles su intención de convertirse en el rey de una monarquía parlamentaria de corte europeo.
¿Qué país ayudó más a España en ese camino hacia la democracia?
Atribuyo especial importancia a Alemania, que en mi opinión es el único que en aquellos años tenía realmente una estrategia para España. Los alemanes, por una cierta mala conciencia histórica, debido al apoyo que los nazis habían prestado al régimen de Franco durante la Guerra Civil, querían contribuir muy activamente a la transición a la democracia, en primer lugar, y, en segundo lugar, al ingreso de España en la comunidad europea.
Me han llamado la atención las referencias que hace a la reina Sofía en varios capítulos.
Yo creo que el papel de la reina Sofía fue absolutamente clave en todos estos viajes de Estado que se produjeron más o menos hasta el cambio de siglo, hasta el 2000. La reina siempre estuvo presente y tuvo un papel muy activo. Con su conocimiento de idiomas, de culturas extranjeras, de religiones extranjeras, aportó siempre un enorme valor a estos viajes. Luego, como es sabido, esa relación se deterioró y el rey Juan Carlos, a partir del cambio de siglo, prefería viajar solo. Pero durante las primeras tres décadas del reinado fue un tándem extraordinariamente eficiente.
¿Cree que los españoles no le hemos dado la merecida importancia a la reina Sofía?
Yo creo que en general, como el papel de reina consorte es un papel difuso, que de hecho carece de institucionalización, se tiende a olvidar, tanto en el caso de don Juan Carlos como en el caso de don Felipe, el papel de las reinas en ambas situaciones, que es mucho más que un papel de mero acompañamiento. Por ejemplo, en este libro documento alguna conversación en la cual participa la reina en el Despacho Oval de la Casa Blanca. Esto es bastante sorprendente porque ella no tenía en ese momento un papel político definido y, sin embargo, podía participar en una conversación que estaban manteniendo con el presidente [Jimmy] Carter en ese momento.
Usted se ha entrevistado con Juan Carlos en dos ocasiones en Abu Dabi. ¿Cómo está el rey?
Está mayor, tiene poca movilidad, como es sabido, y yo le vi triste por la situación en la que se encuentra, quizás incluso deprimido en ocasiones, enfadado con el mundo… Quizás un poco perplejo también por encontrarse en esa situación y, sobre todo, con una enorme añoranza de España, con unos enormes deseos de volver a vivir en España cuanto antes.
¿Va a regresar de forma definitiva en los próximos meses?
En los próximos meses probablemente no se produzca su regreso definitivo a España, pero para mí es evidente que sería un gran fracaso histórico que don Juan Carlos muriera en el exilio. Es un hombre que nació en el exilio en Roma y creo que merece poder volver a su país tranquilamente para vivir aquí los últimos años de su vida.
Sostiene que Felipe González fue el presidente [1982-1996] que mejor supo proteger al rey de sí mismo, pero que, a partir de 1993, las cosas empiezan a cambiar. ¿Cómo pudimos tardar más de 15 años en enterarnos de sus desmanes?
A principios de los 90 es verdad que se produjo un cambio que quizás se debería haber producido antes. Los medios, sobre todo la prensa escrita, empezaron a mostrarse mucho más exigentes y críticos en relación con la actuación privada de don Juan Carlos y creo que esto reflejaba el hecho de que a la altura de 1992 la democracia estaba plenamente consolidada y los directores de los periódicos empezaron a pensar que este tipo de críticas no hacían demasiado daño y, además, incluso podían contribuir a mantener al rey activo en su papel político. Por otro lado, creo que se había producido para entonces un recambio generacional y que la gente que había vivido la transición ya tenía otra edad y los jóvenes pensaban que la democracia era algo que se podía dar por sentado. España ya estaba en la OTAN, estaba ya en la Comunidad Europea y no se percibía que este tipo de críticas pudiesen ser nocivas para el país.
¿Los ministros de Exteriores, que viajaban con el Rey, fracasaron en su labor in vigilando?
En el libro lo que sostengo es que no resultó nunca fácil para las personas que rodeaban a don Juan Carlos, fuesen altos funcionarios de la Casa del Rey o fuesen ministros de Exteriores, controlar plenamente los movimientos y las actuaciones del Rey. Probablemente porque tenía más edad que ellos, un enorme prestigio, era una figura de autoridad, figura querida y respetada y, por lo tanto, parece bastante lógico que muchos de ellos tuvieran cierta dificultad a la hora de oponerse a él o de criticar su actuación.
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