Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El amor, una enfermedad

Imagen de archivo

Imagen de archivo

Lara de Armas Moreno

En la Edad Media, el amor se debatía entre la acepción religiosa (caridad y devoción) y la pasional. Esta última se encuentra en De amore, de Andreas Capellanus escrito en el siglo XII. Es un tratado que describe las normas que hay que seguir en las relaciones amorosas. Define el amor como una pasión que procede de contemplar la belleza y de pensar desmesuradamente en la persona amada.

El autor clasifica el amor en tres tipos: el verdadero, que se da entre personas del mismo rango social; el vulgar, que es el carnal y el imposible, que es el deshonesto y contrario a la moralidad.

El libro tuvo muy buena acogida, tanto que influyó notablemente en la literatura y medicina de la época. A raíz de él, se estableció la idea en la sociedad de que el amor era, en realidad, una enfermedad asociada a los cuatro humores (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla) que regían la salud de las personas.

Por ejemplo, el médico Constantino el Africano asoció en un tratado el exceso de bilis negra con el mal de amores. Según Bernardo de Gordonio, la causa de la enfermedad se debía al «amor de mujeres» que podía llegar a causar la muerte del afectado ya que el padecimiento aumentaba la temperatura corporal y el deseo sexual, cambio en el color de la piel, insomnio, falta de apetito... Este estado se llamó «amor hereos» y fue considerado una enfermedad. Según los expertos de la época, el cerebro tenía tres compartimentos: el primero tenía la sensibilidad, el segundo la conciencia sensitiva y el tercero la memoria.

En los textos medievales es común encontrar el amor asociado a una enfermedad muy peligrosa para el equilibrio de la mente humana. Garcilaso de la Vega también realizó esta comparativa. En su soneto XIV cuenta como su desamor le ha llevado a la desesperación. Ya desde el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita se atestigua una lucha entre el amor a Dios y el amor loco que consume a los amantes.

Para curar la enfermedad del amor los expertos recomendaban dos cosas: dieta, que consistía en evitar vino, carne roja, leche, legumbres y huevos (alimentos que incitaban el deseo sexual) y disciplina moral. Para esta última recomendación, se instaba a colocar una plancha de hierro fría en los riñones ya que se creía que en este órgano se encontraba el deseo. Algo que se recomendó y se sigue recomendando para evitar calentones son los baños de agua fría.

En definitiva, esta separación entre el amor divino y el lascivo no era más que una forma de intentar controlar la moral de la época. Para ello se recomendaba una vida virtuosa alejada de la pasión.

Arnau de Vilanova, reputado médico de reyes y papas del medievo, hizo recomendaciones en un tratado para terminar con la enfermedad del desamor. Entre ellas se recomendaba mostrar los defectos del ser amado y distraernos con otras actividades agradables como pasear o tener relaciones sexuales con «jóvenes especialmente placenteras», lo de un clavo que saca otro clavo de hoy en día.

Tracking Pixel Contents