Punto y final escrito en sangre
El 25 de diciembre se cumplen 530 años de la segunda batalla de Acentejo, hecho que supuso la derrota en Tenerife de la resistencia aborigen y culminó la conquista de Canarias por la Corona de Castilla

‘Rendición de los menceyes ante Fernández de Lugo’, grabado de Carlos de Acosta. / ED
«Es tanto lo que un Rey amigo siente
que está siempre a mandar acostumbrado
ver en poder ajeno el reino y gente
y su mismo poder de otro mandado»
Antonio de Viana
El próximo 25 de diciembre se cumplen 530 años del suceso que de forma definitiva cambiaría la Historia del Archipiélago. Aquella jornada de 1495 se consuma la Conquista de Canarias por parte del Reino de Castilla tras ser derrotados en la segunda batalla de Acentejo los guerreros que bajo las órdenes del mencey Bentor, hijo y heredero del asesinado Bencomo, constituían el último reducto aborigen que resistía a los ataques invasores.
Así, con la sangre derramada por los últimos pobladores originarios de las Islas a manos de los hombres del capitán castellano Alonso Fernández de Lugo comenzaba a escribirse el último capítulo de una cultura con más de 2.000 años de historia en libertad.
Entre la leyenda y los relatos supuestamente históricos sobre aquel suceso realizados posteriormente por los vencedores se mantienen vivos los hechos sobre ese crucial enfrentamiento que tuvo lugar en la zona donde hoy se localiza el término municipal de La Victoria de Acentejo de los cuales sólo queda como testigo de piedra el imponente pico del Teide a cuya sombra se había producido un año antes la derrota de los conquistadores en la denominada primera batalla de Acentejo.
A finales de 1493 el capitán Alonso Fernández de Lugo, futuro Adelantado mayor de las Islas Canarias y bajo cuya iniciativa se conquistó La Palma, realiza las capitulaciones para la conquista de Tenerife con los Reyes Católicos.

‘La batalla de Acentejo’, pintura de Gumersindo Robayna y Lazo realizada en el siglo XIX. / ED
La expedición conquistadora desembarca a principios de mayo de 1494 en la costa de Añazo, nombre aborigen de la zona donde más tarde se levantará la ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Tras asentar el real de conquista cerca del barranco de Santos, las tropas conquistadoras se adentran en la Isla con intención de vencer al mencey Bencomo de Taoro, el más poderoso de Tenerife.
Las tropas castellanas, sin embargo, son totalmente derrotadas por los guanches en la contienda conocida también como desbarato de Acentejo y que provoca la huida de la Isla de las huestes de Fernández de Lugo quien dos años después oganiza una nueva expedición con ayuda de comerciantes genoveses y de Juan de Guzmán, III duque de Medina Sidonia.
El nuevo y reforzado ejército regresa en noviembre de 1495 a Tenerife presentando batalla en los llanos de La Laguna a la última resistencia guanche, un desigual enfrentamiento que se salda con la muerte del legendario Bencomo, rey de Taoro.
El fallecimiento del que estaba considerado por entonces como el más poderoso mencey guanche generó un desanimo enorme entre sus hombres, una circunstancia que Alonso Fernández de Lugo, conocedor de las consecuencias que animicamente había causado la muerte de Bencomo, aprovechó para avanzar hacia el interior de la Isla con sus tropas decidido a culminar así la conquista de Canarias.
Con la resistencia aborigen debilitada, los conquistadores toman prisionero a un guanche durante una batida de reconocimiento conociendo por boca de este que los guerreros aborígenes querían atacar al día siguiente por dos puntos a los castellanos desprevenidos. Lugo organiza entonces el ejército en dos cuerpos, uno dirigido por él y el otro por Lope Fernández, preparándose para la batalla.
Fray Alonso de Espinosa describe así el desarrollo de la batalla: «Pelearon los unos y los otros valentísimamente, porque los naturales luchaban como desesperados y como aquéllos que querían desta vez concluir y ver para cuánto eran, y los nuestros como gente acostumbrada a vencer y que les iba la honra en salir con victoria, por ser casi en el mismo lugar la batalla, que había sido la primera los años pasados; y querían cobrar la reputación que habían perdido en el propio lugar do la perdieron, que fué Acentejo. Al fin, habiendo peleado la mayor parte del día, la victoria se cantó por nuestra parte y los naturales fueron desbaratados y vencidos, muriendo muchos y los más principales dellos».
La batalla se saldó con la plena victoria castellana sobre los aborígenes, siendo estos diezmados y sus principales líderes muertos.
El ejército conquistador avanzó ya libremente hacia el interior del reino de Taoro, estableciendo un nuevo campamento en el lugar que más tarde se convertiría en Los Realejos. Tras la derrota guanche en aquella última batalla de la cual se cumplen dentro de cuatro días 530 años, Bentor prefirió suicidarse en Tigaiga antes que rendirse a los conquistadores, un gesto que lo convertiría en una importante figura recordada y llorada por su determinante valentía.
Eliminada la resistencia, Alonso Fernández de Lugo, cuya figura quedaría marcada por la dureza mostrada contra la diezmada y humilde población aborigen, fundaría las ciudades de San Cristóbal de La Laguna y Santa Cruz de Tenerife.
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