La estrella «invitada»

La estrella «invitada»

La estrella «invitada» / ED

Lara de Armas Moreno

Lara de Armas Moreno

Los habitantes chinos, árabes, americanos y japoneses pudieron presenciar, el 4 de julio de 1054, hace 970 años, la aparición de una supernova que dio origen a la Nebulosa del Cangrejo. Los astrónomos chinos no salían de su asombro. Una estrella tan brillante como la luna parpadeaba a plena luz del día.

Se ubica a 6.500 años luz de la Tierra y es una estrella que comenzó siendo 10 veces la masa de nuestro sol. Se cree que debió haber explotado hace unos 7.500 años. Se trata de una vasta nube de escombros y gases que salen hacia el exterior. Son, nada más y nada menos, que los fragmentos dispersos de una supernova, es decir, una estrella en explosión. Estar situada en la banda zodiacal, muy cerca de la eclíptica, le permitió ser vista desde todos los puntos del mundo.

No contamos con registros históricos precisos, sin embargo, se sabe que el brillo de la nueva estrella pudo superar al de Venus y, durante un tiempo, fue el tercer objeto más brillante visto desde nuestro planeta, después de la Luna y el Sol. Brilló en el cielo junto al sol durante varias semanas y fue vista por la noche al menos durante dos años, tras los que no volvió a ser perceptible a simple vista. Se pudo observar durante 653 noches.

Se sabe que los chinos y los árabes dejaron registrado el avistamiento de la supernova, pero también la evidencia arqueológica atestigua que, en América del Norte, los aborígenes pudieron ver también a «la invitada», como la conocieron los astrónomos de China. Estos interpretaron la explosión como símbolo de buen augurio. La describió con detalle Yang Wei-te, astrólogo de la corte china: «Humildemente observé que una estrella huésped había aparecido; encima de dicha estrella había un débil halo, de color amarillo. Si uno examina cuidadosamente el pronóstico concerniente al emperador, la interpretación es la siguiente: el hecho de que la estrella huésped no traspasó Pi, y su brillo es grande, significa que hay una persona de gran valía».

Los anasazi americanos dibujaron petroglifos que pretendían describir el evento. Sin embargo, no hay datos del avistamiento desde Europa. Hay quienes creen que pudo deberse a ciertas creencias religiosas por las que se habría percibido como un mal presagio.  

Entre junio y julio de 1056, la estrella desapareció ante los atentos ojos de los amantes de los cuerpos celestes y permaneció oculta hasta 1731, cuando John Bevis, un astrónomo aficionado, anotó un avistamiento de una tenue nebulosa. Siguió de nuevo oculta hasta 1758, momento en que Charles Messieren, cazador de cometas, la añadió a su catálogo de objetos que hoy es conocido como Catálogo Messier. Gracias a este redescubrimiento, la nebulosa pasó a ser conocida también como M1 o Messier 1.

El nombre de Nebulosa del Cangrejo se lo debemos al astrónomo William Parsons, también conde de Rosse, que la observó desde Irlanda a través de su telescopio y decidió que tenía una forma parecida a la de un cangrejo. También es reconocida como Zeta Tauri, en la constelación de Tauro. No fue hasta el siglo XX cuando se asoció la estrella al evento descrito por los astrónomos chinos en 1054. Hoy, los restos de la Nebulosa del Cangrejo son los más estudiados de una explosión estelar.

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