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El Pergamino de Clío

La escritura cuneiforme

Gracias su carácter silábico, el cuneiforme no solo se utilizó en Sumer sino también en el resto de grandes civilizaciones mesopotámicas

La escritura cuneiforme.

La escritura cuneiforme. / Freepik

Lara de Armas Moreno

Lara de Armas Moreno

El sumerio es el idioma escrito más antiguo que no está vinculado a ninguna lengua indoeuropea o semítica de esa parte del mundo. 

Antes del 3000 a.C. se asentaron poblaciones de campesinos en Mesopotamia que vivían de la ganadería y la agricultura a las orillas del Tigris y el Éufrates. En Acad y Sumer surgió la necesidad de llevar una contabilidad de la agricultura y el ganado y así fue como nació la escritura en el templo de Uruk. 

El nombre proviene del latín cuneus que significa «cuña». Esto se debe a que el utensilio que se empleó para llevar a cabo la escritura fue un estilete en forma de cuña que, al apretarse contra la arcilla blanda, creaba muescas que representaban unos pictogramas que terminarían por convertirse en palabras-concepto. Las tablillas se escribían por las dos caras y solían dividirse en columnas. Cuando terminaban de redactarlas se cocían al sol o en hornos. 

Gracias su carácter silábico, el cuneiforme no solo se utilizó en Sumer sino también en el resto de grandes civilizaciones mesopotámicas (acadios, babilonios, hititas, asirios o elamitas) hasta la llegada de la escritura alfabética después del 100 a.C. 

Al principio se usaron las tablillas como libros para contabilizar el ganado y las cosechas, pero paulatinamente fueron empleadas para redactar textos matemáticos, épicos y religiosos. Para conservar estos importantes manuscritos se crearon enormes bibliotecas entre las que destacan algunas asirias como la de Asurbanipal (722 a.C.) que pudo albergar al menos 22.0000 tablillas. Su influencia fue tal que incluso los minoicos y micénicos utilizaron este tipo de escritura, pero su conservación es escasa. 

Los punzones estaban hechos de caña o madera y eran de tres tipos; uno triangular para las cuñas, otro de punta hueca para los clavos y el último de punta redonda para expresar cifras. Los investigadores consiguieron descifrar con el tiempo el significado de los signos, sobre todo gracias a la lengua persa que es la más sencilla de las escrituras cuneiformes. El texto más antiguo de la lengua persa podría ser una inscripción de Ciro el Grande y el más reciente de Artajerjes en Persépolis. 

Los encargados de plasmar la información en las tablillas eran los escribas y debían escribir en el reverso el título del documento, el nombre del escriba, la fecha y algunos consejos de conservación. También es frecuente encontrar maldiciones y amenazas contra aquellos que osasen destruir, robar o estropear las tablillas. 

La tablilla D714 (1822-1763 a.C.), que se encuentra en el Instituto Pontificio Bíblico de Roma, contiene un texto que habla sobre la venta de un terreno y se nombra al dios Enlil, divinidad principal de ciudades como Nippur. Otra que se conserva en el Museo Británico, perteneció a la Biblioteca de Asurbanipal, un gran archivo de la ciudad asiria de Nínive que inició el rey Sargón II (722-705 a.C.). Posteriormente el rey Asurbanipal la amplió. La tablilla contiene la leyenda de Etana y preserva una de las primeras versiones de la historia que describió como los dioses fundaron la ciudad de Kish. La historia cuenta que el rey Etana, descrito como el primero de Sumer, buscó la «planta del nacimiento» para sus hijos y esposa. Este viaje lo llevó al cielo a lomos de un águila. Con estos ejemplos se demuestra que la escritura cuneiforme pasó de utilizarse para contabilidad a ser una herramienta esencial para la transmisión de la cultura de estos pueblos.

Según el arqueólogo francés François Lenormant, los orígenes de la escritura actual se encuentran en la escritura cuneiforme, los jeroglíficos egipcios, la escritura china, la maya y los jeroglíficos mexicanos.

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