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Cursos ‘antimachirulos’

Los talleres para derrumbar la masculinidad tóxica no son como los de la serie ‘Machos alfa’, algunos de los hombres que acuden ya tienen un pie en el feminismo

Cursos 'antimachirulos'

Armado con micrófono, camiseta ajustada, vaqueros desgastados y un despeinado de peluquería, Santi Millán abre la primera escena de Machos alfa, la serie de Netflix que muestra, en tono amable y de comedia, la masculinidad en crisis de un grupo de cuarentones, completamente perdidos en mitad de la revolución femenina. El actor da vida a una especie de gurú antimachista que imparte una conferencia magistral titulada Machirulos en deconstrucción. Esas charlas no son ficción. En el mundo real, se imparten talleres sobre masculinidades antimachistas tanto en instituciones públicas, como en empresas, asociaciones y gabinetes psicológicos. También en prisiones, clubs de fútbol y colegios. Pero ni los hombres que asisten son como los protagonistas de Machos alfa ni el profesional que lo imparte es un guía espiritual.

Los talleres del mundo real no son conferencias magistrales. Son grupos de reflexión donde no se proponen discursos únicos, sino actividades y debates para hablar e interiorizar qué significa ser un hombre en el siglo XXI. Así queda reflejado en Masculinidades no violentas, un documento a modo de herramienta docente publicado por la Consejería de Derechos Sociales, Igualdad, Diversidad y Juventud del Gobierno de Canarias. Escrito por Coral Herrera, doctora en Humanidades y Comuncación Audiovisual, escritora y periodista, ha sido actualizado por las agentes sociales y máster en Estudios de Género y Políticas de Igualdad, Diana Pérez e Irene Negrín, respectivamente, trabajadora social y graduada en relacione s laborales.

Dani Rius, uno de los impulsores del centro El Taller, abunda en el tema: La comedia Machos alfa muestra cómo el público de la charla impartida por el personaje de Santi Millán está formado por machirulos, palabra que mezcla machista y chulo y que todavía no está incluida en el diccionario de la RAE a pesar de que los académicos anunciaron en 2018 que lo estaban estudiando. En la vida real, lejos de ser machos, machistas y chulos, el perfil de hombre que asiste a los grupos es, a menudo, el de varones que ya están integrados en las filas del feminismo. Están motivados y acuden convencidos. Muchos de los que llaman a sus puertas son hombres que ya tienen sensibilidad y se han empezado a realizar determinadas preguntas. «Nos gustaría que vinieran los más machirulos, pero es un público al que es muy difícil de llegar», señala Rius.

Hace una década, este tipo de espacios de sensibilización eran una minoría. La lucha contra el machismo se centraba en la violencia de género. Esa batalla continúa, pero las fronteras se han abierto hacia las masculinidades respetuosas y diversas. La concienciación comenzó con talleres y conferencias especialmente dirigidas a profesionales. Por ejemplo, a educadores o policías. Pero ahora se han abierto a la calle, a la ciudadanía en general. Los talleres que revisan de manera crítica la masculinidad son «una evolución del feminismo», en palabras de Bernardo Escudero, miembro de Hombres Igualitarios de Cataluña, una asociación que también organiza actividades para cuestionar la masculinidad hegemónica y tradicional. «No damos conferencias magistrales. Lo que hacemos son intervenciones sociales, generamos espacios de reflexión y debates en grupo. Desnudamos la fragilidad de la masculinidad», explica Escudero. Pero los asistentes a las charlas de esta organización no son voluntarios, sino que los conferenciantes acuden a institutos, escuelas, prisiones o clubs de fútbol para ofrecer sus charlas.

Escudero reconoce que queda mucho por hacer, pero que el camino recorrido es importante. Hace años —zanja el experto— los cánticos machistas del colegio mayor Elías Ahuja de Madrid no hubieran sido noticia. «Es una conquista que lo hayan sido».

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