Al contrario de la creencia popular, el zodiaco no surgió en la antigüedad griega, sino que se desarrolló durante el siglo V a.C. en Babilonia. No obstante, influenciaría posteriormente a Egipto, Grecia y Roma y, según la mayoría de los estudios existentes, se extendería posteriormente a China y a la India.

En Mesopotamia, la astrología y la astronomía fueron dos campos de su ciencia que se dedicaron a observar las estrellas y fueron estudios básicos en el desarrollo de la cultura de esta sociedad. Como ejemplo vemos que, durante el primer milenio a.C., el rey babilónico utilizaba estos conocimientos para predecir acontecimientos políticos, económicos y meteorológicos que asegurasen la estabilidad de la población y de su reinado.

A partir del siglo V a.C. se atestigua un cambio en los informes celestes. Los observadores comenzaron a incluir en las tablillas referencias a los signos zodiacales por primera vez. Los anotaron en relación con la primera y a la última aparición de un planeta en un determinado signo zodiacal, por ejemplo, «primera aparición de Saturno en Sagitario». A partir de este momento se registran también los primeros horóscopos que consistían en hacer constar hechos relevantes del periodo del nacimiento de una persona mediante el estudio de la posición de los cuerpos celestes para así revelar el futuro del recién nacido.

Gracias a los textos cuneiformes que se han podido conservar, sabemos hoy que los babilonios fueron los primeros en dividir la franja zodiacal en doce unidades. Debemos recordar que el calendario babilónico constaba de 12 meses de 30 días cada uno, bastante más afinado que el de sociedades posteriores como la romana.

En cuanto al sistema zodiacal babilónico, se desarrolló en base a las constelaciones zodiacales, es decir, al grupo de constelaciones que la luna, el sol y los planetas cruzan en su movimiento. Los babilonios no reconocieron 12 sino 19 constelaciones zodiacales.

El mejor texto conservado para hablar sobre el zodiaco babilónico es MULAPIN (1000 a.C.), un compendio que trata diversos aspectos de astrología y astronomía. De hecho, MULAPIN «el Arado» correspondía a la primera constelación del año. En el texto se nombra a las constelaciones por las que pasaba la luna durante el mes y nombra a algunas como al toro o al cangrejo.

Por otra parte, los signos zodiacales aparecen en los textos babilónicos de tres maneras diferentes. Podían ser nombrados por el mes correspondiente o se les ponía el número del mes, por ejemplo, Aries correspondía con el número 1. Pero el método más común fue dotar de nombre a la constelación. Los nombres más comunes utilizados en los textos babilónicos son el Asalariado (Aries), Las Estrellas (Tauro), Los Gemelos (Géminis), el Cangrejo (Cáncer), el León (Leo), el Surco (Virgo), la Balanza (Libra), el Escorpión (Escorpio), Pabilsag (Sagitario), la Cabra-pez (Capricornio), el Excelso (Acuario) y las Colas (Piscis).

Posteriormente, los griegos asimilaron el zodiaco babilónico y conformaron, a partir de él, el suyo propio cuyas características principales son: el establecimiento del círculo zodiacal anual, trazado geométrico de las estrellas y duración regulada, la insistencia en la horoscopia individual y la mitificación del cielo.