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El pergamino de Clío

El terremoto de Lisboa

El terremoto de Lisboa lara de armas moreno

El sábado 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos, más concretamente en hora de misa, sobre las nueve de la mañana, se produjo el terremoto de Lisboa que causó un enorme desastre, no solo en la península Ibérica, sino también en el noreste de África y se llegó a sentir en Groenlandia, Madeira, Noruega, las Antillas, Suecia, Irlanda y Gran Bretaña.

Los daños económicos y el número de víctimas fueron cuantiosos. La característica más llamativa de este desastre natural fue su excesiva duración, de entre siete a ocho minutos, con réplicas que duraron algunos años.

Se sintió más al suroeste de la península. En España, el mayor número de daños se produjo en pueblos de Cádiz, Sevilla y Huelva. Los daños se pudieron cuantificar en 410 localidades españolas, de las cuales 189 correspondían a viviendas, 376 a edificios monumentales y 156 a pueblos con percances en ambos tipos de edificios.

El seismo produjo primero grietas gigantes de unos cinco metros que dividieron Lisboa. Los supervivientes huían a espacio abierto, sobre todo a los muelles, desde donde pudieron observar cómo el agua retrocedía, dejando al descubierto viejos naufragios y el lecho marítimo. Confundidos, esperaron sin saber qué pasaría. Al cabo de 40 minutos, tres olas de entre seis y 20 metros engulleron el puerto y la zona centro, llevándose por delante todo lo que encontraron en su camino. Las áreas que no se vieron afectadas por el maremoto sufrieron incendios que, se cree, fueron mayormente provocados por las velas encendidas para honrar a los difuntos en su día. Así las llamas asolaron las ciudades que había perdonado el maremoto.

El rey de España, que en aquel momento era Fernando VI, ordenó recopilar información sobre lo sucedido a través de encuestas a los ciudadanos que contenía las siguientes preguntas:

1. ¿Se sintió el terremoto?

2. ¿A qué hora?

3. ¿Qué tiempo duró?

4. ¿Qué movimientos se observaron en los suelos, paredes, edificios, fuentes y ríos?

5. ¿Qué ruinas o perjuicios se han ocasionado en las fábricas?

6. ¿Han resultado muertas o heridas personas y animales?

7. ¿Ocurrió otra cosa notable?

8. Antes de él, ¿hubo señales que lo anunciasen?

Gracias a las respuestas, se recopiló información de 1.273 pueblos de toda España.

En Lisboa los muertos ascendieron a unas 12.000 personas, en Marruecos se contabilizaron unos 5.000 y en Huelva perecieron más de 1.000. En contraposición a la desgracia, de este terremoto surgieron las bases de la sismología moderna europea.

Como dato curioso, José I, rey de Portugal, escapó de las garras del terremoto por pura suerte, ya que se encontraba de viaje lejos de Lisboa. Tras la catástrofe, el monarca desarrolló una fobia a vivir bajo techo y la corte tuvo que acomodarse en tiendas y en pabellones en las colinas de Ajuda. Su claustrofobia no disminuyó.

Pero el terremoto no solo sacudió las ciudades y edificios. En un ambiente devotamente católico, surgió en la teología y la filosofía del siglo XVIII una tendencia teodicea que ya venía agitando las mentes de los filósofos creyentes. Se fortalecía la creencia de que la cólera de Dios influía en los acontecimientos mundanos. Muchos filósofos contemporáneos como Voltaire hicieron referencia al seísmo en sus escritos.

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