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El pergamino de Clío

«¡Ole tus cojones, Paco!» La prostitución en el franquismo

«¡Ole tus cojones, Paco!» La prostitución en el franquismo lara de armas moreno

La fuerte depresión económica en la que se sumió España en la posguerra empujó a muchas mujeres a ejercer a la prostitución para subsistir. Las autoridades franquistas, bien cristianas y moralistas, irónicamente, anularon el decreto abolicionista republicano, por lo que el comercio sexual fue tolerado al comienzo de la dictadura. Existía una prostitución consentida por el Gobierno y controlada por Sanidad y una clandestina que escapaba al control estatal. El auge de la prostitución ilegal hizo reaccionar a las autoridades que crearon cárceles especiales para las prostitutas que no ejercieran la profesión reglada.

Sobre ellas se llevaron a cabo diversos estudios psicológicos y psiquiátricos por doctores como Antonio Vallejo Nágera (Consejo Nacional de Sanidad) o Francisco J. Echalecu y Canino (Patronato de Protección a la Mujer). Las investigaciones de estos autores solían caracterizar a las prostitutas como afectadas de forma innata por psicopatía sexual y afirmaban que sufrían de deficiencia mental y de amoralidad. Este tipo de diagnóstico estaba directamente vinculado con la justificación del internamiento de las trabajadoras sexuales, en principio, con miras a reformarlas, aunque no existían apenas estrategias de reintegración social en dichas cárceles.

Para ponernos en contexto, el 20 de noviembre de 1941, el BOE publicaba dos decretos firmados por el Caudillo: el primero reorganizaba el Patronato de Protección a la Mujer, una institución destinada a la protección de la moral femenina, en concreto, el de las jóvenes menores de 23 años cuya tutela podía otorgarle el Estado o sus propios padres para que fueran internadas y «enderezadas». Por supuesto, de devolverles su moralidad se encargaban monjas y más tarde también celadoras civiles, de su vigilancia también ellas junto con la policía. Dentro del Patronato también se vigiló a las «caídas» o prostitutas de cualquier edad. Con el segundo decreto se creaban las Prisiones Especiales para Regeneración y Reforma de Mujeres Extraviadas.

El franquismo no tardó en culpar a la República del descontrol moral del país. Este mismo franquismo se encontró, tras la guerra, a un país con una natalidad que caía en picado y un alto índice de mortalidad así que se fijó como misión repoblar el país, «criar nuevos hijos para la patria» y como principal instrumento utilizó el matrimonio católico. «A más inmoralidad, más solteros, menos hijos en matrimonios y peor salud» (Patronato de Protección a la Mujer, 1943:13). El control sobre el cuerpo y la moral de la mujer fueron clave en su labor demográfica. De frente, la situación masculina, en la que observamos un gran abismo de pensamiento ya que de este último se espera una gran apetencia sexual que no solo es admitida sino necesaria y, por ello merece, según los grandes doctores cristianos, tolerancia.

La prostitución fue finalmente ilegalizada el 3 de marzo de 1956 ya que el país iba poco a poco dejando de lado su gobierno autárquico y se unía a la lucha internacional contra el tráfico de mujeres. Mientras, la enfadada clientela de los prostíbulos cantaba la siguiente coplilla:

«¡Ole tus cojones, Paco! / Y tus decretos antiputas. / Nos estás dando por culo / Sin que nadie lo discuta. / En favor de la moral / Sales con disposiciones /Más, para atajar el mal, / Sería más radical / Nos cortasen los cojones. /Tu misión es indiscuta, / Sobre tu pueblo Paquete, /Mas el que no encuentre una puta / Que tome por el ojete / Y con estas decisiones / Que a todos nos extrañan / Nos volvemos maricones / Para mayor gloria de España. / ¡España! País del amor, / La aventura y la navaja. / Te han convertido los curas / En el reino de las pajas».

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