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Ana Wagener & Patricia López Arnaiz | Actrices de ‘Intimidad’

«Todavía seguimos culpando a la víctima»

Patricia López y la canaria Ana Wagener ED

En Intimidad, los personajes de Patricia López Arnaiz (Vitoria, 1981) y Ana Wagener (Las Palmas de Gran Canaria, 1962) se dedican a buscar justicia, aunque cada una lo hace a su propia manera. La primera interpreta a Bego, hermana de una mujer de la que se difundió un vídeo sexual que compartieron sus compañeros de trabajo y ha acabado suicidándose (Verónica Echegui). La segunda es Alicia, una policía con vocación de psicóloga encargada de investigar y dar apoyo en este tipo de casos en los que se vulnera el derecho a la intimidad.

Intimidad toca un tema delicado como la filtración de imágenes privadas. ¿Consideran que es importante que casos así salgan a la palestra a través de la ficción?

Ana Wagener (A. W.): Es necesario e importante. Es un tema que se ha tratado poco siendo el foco principal de una ficción como pasa en Intimidad, aunque convivimos con él diariamente. Y causa perjuicios a mucha gente, tanto en los casos mediáticos de los que nos enteramos como en los que no, porque hay personas que no los denuncian por la vergüenza, el miedo y la culpabilidad que sienten. Intimidad es una serie necesaria porque nos ayuda a ser conscientes de que ocurre todo eso y que podríamos no colaborar con ello.

Patricia López Arnaiz (P. L.): Nos encontramos en un contexto tecnológico que nos puede poner en un lugar muy vulnerable, porque es facilísimo grabar en cualquier momento. Toda reflexión que hagamos al respecto para contextualizarlo y que la violencia no pueda crecer a sus anchas como pasa ahora es algo bueno.

¿Consideran que hemos evolucionado a la hora de afrontar los casos de violación de la intimidad que muestra la serie?

A. W.: Todavía queda mucho camino por recorrer, porque se sigue culpabilizando a la víctima. La educación tiene mucho que ver. Yo creo que con las redes se deshumaniza incluso la repercusión que pueden tener casos así, que pueden llegar a destrozar vidas y el entorno de quien lo sufre. Hay que ser consciente de que hay un delito detrás.

P. L.: Uno se puede sorprender mucho con los pensamientos machistas que tenemos, si tiene la capacidad de hacer autocrítica. Yo creo que la serie muestra cómo culpabilizar a la víctima está superintegrado en el relato de la mujer pecadora, que es algo antiquísimo. Incluso la persona que te quiere necesita hacer un trabajo para entender que no te mereces todo esto por haber hecho algo. Lo interesante no es señalar al tío que ha empezado todo esto, sino que los demás nos miremos y veamos cómo participamos y cómo generamos esa violencia desde nuestros pequeños juicios. Entender que si no hacemos click cuando te llega el vídeo, pueden cambiar mucho las cosas.

Patricia, su personaje en la serie, vive el caso de su hermana (interpretada por Verónica Echegui) con culpabilidad, sintiéndose responsable de no haber logrado evitar su suicidio.

P. L.: Begoña está basada un poco en experiencias reales. En los familiares de personas que se han suicidado aparece mucho el tema de la culpa. Está la culpa que tienes por no haber visto lo que pasaba y la que le echas a ella por no habértelo dicho de forma más clara. Al final, gracias al personaje que hace Ana [Wagener], se va despertando en Alicia esa necesidad de justicia y, sobre todo, de indignación, muy desde el dolor.

Ana, su personaje, en cambio, es una policía que sí que tiene claro que las víctimas tienen sus derechos y sirve para abrir los ojos a otras mujeres.

A. W.: Alicia es un personaje que tiene mucha sensibilidad porque está acostumbrada a bregar con gente que está muy asustada, que no entiende absolutamente nada, que siente vergüenza, culpabilidad... Ella debe tener mucha mano izquierda para no ser invasiva a la hora de animarte a denunciar. La trabajé como un personaje que no llegara avasallando, sino que te escuchara y comprendiera. Así que hay una parte de psicóloga en Alicia. Le gustaría gritar, pero tiene que ser más cauta y sutil, porque lo que tiene enfrente es material muy dañado.

Sus personajes esconden mucha carga emocional, sobre todo el de Patricia. ¿Fueron capaces de no llevarse ese sufrimiento a casa cuando acababan de rodar?

P. L.: Pues en un caso así te consumes. Para mí el arranque fue un drama cada día. Todavía estoy descubriendo cómo gestionar todo eso. Porque si estás alimentando tu imaginación todo el rato con situaciones dramáticas, eso conlleva un gasto energético, porque hay una conexión entre tu cuerpo y tu cabeza. En este caso los dos primeros capítulos me desgastaron mucho emocionalmente. Lo bueno es que luego fue cambiando la energía y cuando acabé la serie ya me había curado.

A. W.: El llanto tiene algo de liberador. Arrasa, agota, hay algo físico en ello. Nuestro trabajo conlleva una concentración, porque tienes que controlar muchas cosas. Aparte del propio papel trabajamos con el equipo, así que no haces lo que te da la gana, y encima tienes que estar en contacto con algo emocional. Pero, por otro lado, hay algo muy liberador también, que a veces en la vida real a lo mejor no sacas, pero delante de una cámara, a través de un personaje, sí eres capaz de hacerlo.

P. L.: Es curioso que aquí ha sido la primera vez que, al acabar de rodar una escena muy potente en la que tenía que estar superconmovida, la compañera me preguntó cuando acabamos: «¿Tú cómo limpias eso?». No hacía tanto que había empezado a tener personajes con más peso y muy dramáticos y no había formulado mucho lo que me pasaba, pero yo notaba que padecía por todo eso. Y en ese momento fue la primera vez que alguien puso palabras a lo que me pasaba preguntándome cómo me limpiaba.

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