Suscríbete

eldia.es

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

¿por qué calan en el cerebro las ideas reaccionarias?

«La imagen ha triunfado sobre el pensamiento y el espectáculo sobre la cultura»

José Rodríguez Pellejero Juan Castro

Distintos procesos cerebrales actúan conjuntamente cuando se trata de aceptar mensajes radicales aunque en esa actividad influyen otros factores, culturales y formativos, así como otros influjos externos más vinculadas a la publicidad que a los propios desarrollos mentales. «Tener un pensamiento genuino es cada vez más difícil», asegura el psicólogo y profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria José Rodríguez Pellejero.

¿Cómo actúa nuestro cerebro a la hora de receptar discursos o ideas extremistas?

Cambiar algo requiere un esfuerzo mayor que dejar las cosas como estaban. Pero que la mente prefiera lo simple no significa necesariamente que esto sea un efecto del cerebro. El cerebro es el órgano físico de la mente, de la conciencia, de las emociones, y como todo órgano es causa y efecto de la función que realiza. El pensamiento posmoderno viene acompañado de la sustitución de la mente por el cerebro, de lo cognitivo y social por lo biológico. De lo más abstracto por lo más tangible y concreto. Pero mirémoslo desde un punto de vista más vygotskiano, vamos a pensar en ello en sentido contrario. ¿Y si nuestro cerebro fuera conformándose en función de las herramientas que usamos? Los móviles y los ordenadores son las herramientas que ahora utilizamos para pensar, y luego está el lenguaje. El lenguaje es la herramienta que usa el cerebro para pensar desde hace al menos dos millones de año. La forma de pensar de un bebé que aún no habla es radicalmente distinta, ellos pueden pensar cosas que nosotros ya solo hacemos mediante el lenguaje. Permítame un ejemplo sobre la forma en la que las herramientas condicionan nuevas formas de pensar y relacionarse. Hace un tiempo un colega que había atravesado una crisis muy fuerte de pareja, con una ruptura muy traumática, me dijo que ‘pensaban reiniciar la relación’. ¡Reiniciar! Como si fuera el Windows.

En realidad las relaciones no se pueden reiniciar: se retoman, o continúan. Nada se resetea. Los problemas de pareja continúan, o se superan, pero no desaparecen por cortar y volver. Pensar que se puede volver a empezar desde cero es una forma de autoengañarse y conservar, de conservadurismo, y es mucho más fácil que afrontar el problema y sus consecuencias. El cambio hacia lo desconocido siempre preocupa o da miedo. El miedo y las emociones en general son una clave importante para entender el fenómeno que estamos analizando.

¿La amígdala es la responsable de activar el miedo en el cerebro?

Puede, pero en realidad la clave para entender el avance del conservadurismo posmoderno no es esa, sino todo lo contrario. Es el miedo el responsable de la activación de la amígdala. Me explico: es un hecho constatado por el London Institute of Cognitive Neuroscience que los liberales tienen más materia gris en zonas del cerebro asociada con la racionalidad, mientras que el cerebro de los conservadores es más grande en la sección vinculada con el procesamiento del miedo, con la amígdala. Pero estos son estudios correlacionales, como la mayoría de los estudios neuropsicológicos, y no pueden determinar cuál es la causa y cuál la consecuencia. Ya sabemos que el cerebro, o nuestra mente, prefiere lo simple. Especialmente si hay un exceso de información y demandas de atención desde los dispositivos móviles. Los mensajes, sean verdaderos o falsos, primero son procesados como verdaderos, y requiere un esfuerzo posterior negarlos cuando sabemos que son falsos. Podríamos decir que aceptar una información como cierta requiere un paso a nivel mental, mientras que clasificar esa información como falsa requiere dos pasos mentales, y estamos muy ocupados y cansados habitualmente para tantos pasos como necesitamos dar ante tanto fake-news. La explicación simple es que hay cerebros de derechas y cerebros de izquierdas, pero esto sería tan naíf como pensar que hay cerebros del Barça y cerebros del Madrid. Incluso aunque se demostraran diferencias significativas en sus cerebros no podríamos saber si son de uno u otro equipo solo viendo sus cerebros. Y parece evidente que, tanto el equipo de fútbol como la ideología política, tienen más que ver con el ambiente familiar, algo contextual y no biológico.

¿Sería como afirmar que cada vez hay más pensamiento reaccionario porque hay más cerebros con mayor volumen en la zona de la amígdala?

Exacto. Pero si el cerebro es el reflejo y no el origen, si lo importante no es la genética sino la epigenética, habría que hacer un análisis más complejo, un análisis que probablemente menos gente quiere hacer y oír. Personalmente estoy convencido de que una sociedad del miedo de los virus mortales, de las guerras, de los terremotos y de las alertas por altas o bajas temperaturas está produciendo una constante estimulación de la amígdala, el cerebro desarrolla las zonas que se estimulan; pura plasticidad neural.

La explicación simple es la de que hay cerebros de izquierda y de derechas, como hay gente del Barça y del Madrid, una cuestión de identidad, pero vamos a intentar una explicación más compleja. Para hacer este análisis en profundidad que le propongo tenemos que hacer trabajar a nuestra mente, y a nuestro cerebro, con muchas variables al mismo tiempo, algo que consume mucha energía y requiere más tiempo. ¡Tiempo! ¿Para pensar? Justo lo que menos tenemos en estas sociedades tecnologizadas. Ya tenemos cuatro variables en la ecuación que podrían explicar la proliferación del pensamiento reaccionario. Lenguaje, miedo, tecnología de la comunicación y tiempo. A esto habría que añadir el contexto, el sociopolítico, pero también el lugar. Ni el pensamiento ni el miedo son iguales en New York o en Nueva Delhi, sociedades distintas con miedos y pensamientos distintos, sociedades distintas también en desigualdad.

¿Y cerebros distintos?

Todos los cerebros son distintos, como las caras. Hay tantos como individuos. Sin embargo, tener un pensamiento genuino es cada vez más difícil.

Pero entonces, ¿a más miedo más conservadurismo?

Y más activación de la amígdala. Cuando digo que hay que añadir contexto sociopolítico a la ecuación es porque vivimos un momento de hegemonía del capitalismo a nivel mundial. El capitalismo no solo no está acabando con las desigualdades, sino que las necesita para seguir existiendo. ¿Cómo pueden hacer las grandes multinacionales para mantener la desigualdad, por ejemplo, salarial, y que no se produzca una revolución? Esta es una cuestión insoslayable en este debate. El riesgo de ruptura social existe y el sistema pone los medios para que no se produzca. Y cuando digo los medios me refiero también a Los Medios; a los de comunicación, pero también al lenguaje. Todo lenguaje está cargado ideológicamente, conscientemente o no. En este extremo es imprescindible la lectura de George Lakoff, autor de No pienses en un elefante (Atalaya), y por supuesto de Noam Chomsky, autor entre otros de Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media. Miremos por ejemplo la proliferación de los lobbys, y de los thin tanks, muchos de ellos camuflados bajo el nombre de observatorio o fundación.

¿Por qué hay tantas empresas del Ibex dispuestas a subvencionar estos recursos? Porque están haciendo una importante labor en la batalla por las subjetividades. La política en la posmodernidad se traduce en vender: una imagen, una idea, una identidad, una metáfora o un modelo mental. Los modelos mentales son otra de las claves que explican la preferencia por los pensamientos reaccionarios. Johnson-Laird nos habló de estos modelos mentales, formas simples de entender funcionamientos complejos. Es otro autor olvidado en estos debates, pero imprescindible.

¿Podremos despejar la ecuación?

No de una forma simple que pueda asumirse fácilmente como la verdadera. Requiere tiempo y energía. Lo que digo es que hay un interés económico que, utilizando las tecnologías de la información y el lenguaje, están garantizando el orden social evitando que el ejército de excluidos, que sería uno de los más numerosos del mundo, rompa con el orden establecido. Los conservadores hace tiempo que encontraron la fórmula para ganar las subjetividades porque los publicistas se las han dado. Mensajes directos al sistema límbico, es decir mensajes directos a las emociones, que enlacen con las metáforas fundamentales y los modelos mentales que la gente emplea para explicarse los fenómenos del día a día. Es lo que los psicólogos de la política y Lakoff llamaron ‘establecer el marco’ para el debate. Ya no se hace política, hoy en día todo es publicidad. El triunfo de la imagen sobre el pensamiento, del espectáculo sobre la cultura, con un ejemplo muy claro en el caso de la Infantilización de la Universidad, de la que nos habla Frank Furedi (Narcea Ediciones). Este triunfo de la cultura espectáculo sería otra de las variables para sumar en esta ecuación.

¿Podría ampliar un poco cómo funcionan las metáforas y los modelos mentales para que los pensamientos reaccionarios sean compartidos por una mayoría?

Sólo algunos partidos políticos tienen el dinero para pagar los medios de comunicación, los publicistas y los comunicadores que saben y pueden conectar con las metáforas fundamentales que todos tenemos como herramientas para entender el mundo. Y no solo son las metáforas: los pensamientos se agrupan para formar modelos mentales que son formas simples no necesariamente reales, de explicar los fenómenos del mundo que no entendemos. Todos usamos modelos mentales para poder funcionar. Entender el cerebro como un recipiente en el que calan, o se meten cosas, es una metáfora muy extendida, pero el cerebro no funciona así. Probablemente los neuropsicólogos cuando hablan entre ellos no la usan, es más una cosa de los periodistas y de los docentes. El cerebro no es ninguna caja, ni siquiera la memoria lo es. Pero, ¿quién leería un artículo titulado El pensamiento como un entramado de conexiones sinápticas reflejo de una determinada forma de usar el lenguaje, los móviles, los bolígrafos o los ordenadores? Probablemente este último artículo tendría muchos menos lectores que otro titulado ¿Por qué calan en el cerebro las ideas reaccionarias? Y tiene una carga ideológica distinta. La metáfora del cerebro como recipiente con predisposición a dejar entrar argumentos pequeños implica una visión determinada y, también, cargada ideológicamente. Inevitablemente lleva a pensar que el problema de la proliferación del pensamiento reaccionario es más individual que social o político.

¿Pueden hacer algo los movimientos progresistas para que se conozca la verdad más allá de estos eslóganes políticos?

Como dijo Lakoff: ‘lamentablemente el lema la verdad os hará libres no era verdad’. En la sociedad posmoderna la verdad ya no importa, cada uno puede tener la suya, lo que importa es la libertad, pero tampoco cualquier libertad, sólo importa ser libre para poder elegir quién eres y cómo quieres aparecer en Instagram. Se ha conseguido desviar el foco de atención, de lo social a lo individual, de lo económico a lo identitario. Estamos muy entretenidos construyendo nuestra identidad, algo que siempre cuesta dinero, que requiere validar nuestros sentimientos constantemente y a menudo ir en contra de lo racional. La identidad no necesita reflexiones profundas; necesita eslóganes, símbolos y banderas. La identidad para construirse necesita un Instagram, un Facebook, una imagen y no un tratado sobre economía y movimientos sociales. El problema de la izquierda actualmente es que se ha dado cuenta de todo esto e intenta ganar el poder usando los mismos medios. Si la ecuación vale para ellos también para nosotros, es lo que deben haber pensado. Y así, se está perdiendo el discurso materialista de la Justicia Social. Ahora todos los partidos políticos, con sus publicistas en la retaguardia, han entrado en el marco de la lucha por las identidades y la libertad de ‘las cañas y las bravas’.

Lo malo es que los buenos publicistas, los mejores periodistas, los dueños de las televisiones y de las redes sociales virtuales siempre están con quien les paga bien. La izquierda en España ha perdido el discurso, ha decidido estimular la amígdala en lugar de enfocar la verdad. Y de esta forma podrán ganar algunas elecciones, pero nunca alcanzarán el poder para cambiar la realidad. ¿Me preguntaba por qué calan en el cerebro las ideas reaccionarias? Porque son ideas publicitarias, y no ideas políticas; porque favorecen modelos mentales simples y útiles que se apoyan en metáforas y percepciones reales. Porque la fórmula de justificar los medios con los fines, de deslegitimar al adversario, de mantener la lucha en el terreno de las identidades y de victimizarte para construir un ‘ellos-nosotros’ funciona, y da más voto que la verdad. Me refiero a esa verdad a la que escribió Antonio Machado: ‘¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela’.

Compartir el artículo

stats