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África: El continente infravalorado

Futuros que vienen de África: afrotopías para tiempos de emergencia

Las soluciones imaginativas y prácticas para contextos de precariedad son una brújula para un primer mundo al que se le acabó la fiesta del derroche

Ilustración sobre África para el Dominical.

¿Sabía que Bizum, el sistema de pago instantáneo vía móvil, es una idea africana? Quizá haya llegado la hora de que Occidente, ante un sombrío horizonte energético y climático, tome nota de las imaginativas soluciones a las emergencias del infravalorado continente africano.

La concesión al burkinés Diébédo Francis Kéré del Premio Pritzker —el Oscar de la arquitectura— nos ha hecho conscientes de que nunca un africano había recibido el galardón. Pero también de que el continente africano —tan desmesurado y plural— no es un territorio sin recursos o dependiente de un salvador blanco. Al contrario. Quizás porque jamás fue una tierra prioritaria —ni siquiera para sus propios dirigentes—, África y sus habitantes tienden a solucionarse la vida ellos mismos desde el pragmatismo, la versatilidad, el trabajo en equipo y una inventiva a prueba de retos sisíficos.

Pese a la tentación occidental de ignorar o reinterpretar la innovación africana, hay ejemplos de los que debería tomar nota para un futuro más sombrío. En 2018, Yacouba Sawadogo, un campesino burkinés de 80 años, arrambló con el Premio Right Livelihood por su combate contra la desertificación armado con técnicas heredadas de sus antepasados, basadas en la utilización de herramientas como colonias de termitas. Un año después, el franciscano Peter Tabichi recibió el Global Teacher_Prize por organizar un club de ciencia en las saturadas aulas de un colegio de Pwani (Kenia), hasta conseguir que un grupo de escolares se clasificara para un torneo científico en Arizona. La fotógrafa marfileña Joana Choumali recibió el Pictet en 2019 por lidiar con la experiencia del duelo colectivo tras los atentados de Bassam (2016), mezclando imágenes y costura. El abogado liberiano Alfred Brownell ganó el Goldman por la defensa de más de 2.000 kilómetros cuadrados de bosque tropical en su país. Y el laboratorio dirigido por Sikhulile Moyo, en Gaborone, fue el primero en identificar la variante omicrón del covid. Ampliemos el zoom.

MEDIO AMBIENTE

Reutilizar, reparar y releer las lecciones de los ancestros

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YACOUBA SAWADOGO.- El burkinés conocido como ‘el hombre que paró el desierto’.

YACOUBA SAWADOGO.- El burkinés conocido como ‘el hombre que paró el desierto’.

El continente africano es ecológico a la fuerza. Lastrado (¿o no?) por carencias importantes en las infraestructuras, ejerce, a su pesar, de gigantesca reserva natural. La cultura de compartir se extiende a bosques, aguas y otros recursos naturales, cuyo uso se determina en base a un conjunto consensuado de protocolos. También triunfan iniciativas de reciclaje electrónico que convierten bidones o calabazas en ordenadores, y neumáticos, en suelas de zapatos; mientras los sastres cargan sus máquinas de coser al hombro para remendar, arreglar y crear por encargo.

También es la tierra donde un octogenario burkinés, Yacouba Sawadogo, retomó la técnica agrícola tradicional del zaï, practicada por pueblos de África occidental, para crear un sistema de raíces sano incluso en la estación seca, cavando pozos y creando muretes de piedra, fijándose en los ritmos de la lluvia y convirtiendo a las termitas en sus aliadas en la regeneración del suelo. Sawadogo recibió el Right Livelihood Award en 2018 por su lucha contra la desertificación y el hambre, en sintonía con la naturaleza y la comunidad, a la que implicó en su aventura, consciente de que la tarea de reforestar su pueblo no podía ser acometida por una sola persona.

ELIZABETH WATHUTI.- Activista keniana fundadora de la Generación Verde.

La protección del medio ambiente es consustancial a muchas culturas del continente y probablemente alcanzó su proyección exterior más importante gracias a Wangari Maathai, bióloga, veterinaria y activista política keniana, primera africana en recibir el Nobel de la Paz. El Movimiento Cinturón Verde fundado por Maathai tiene jóvenes herederas, como Elizabeth Wanjiru Wathuti, también keniana y fundadora de la Green Generation Initiative, en defensa de los árboles en el país. Ambas forman parte de una corriente de africanas que tienen un papel central en las cuestiones climáticas y ambientales.

CINE Y MÚSICA

Nollywood gana a Hollywood y el afrobeats coloniza las pistas

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NOLLYWOOD.- La factoría cinematográfica nigeriana produce 1.200 películas anuales.

NOLLYWOOD.- La factoría cinematográfica nigeriana produce 1.200 películas anuales.

África crea, vende y compra contenido audiovisual. Nollywood, la industria de cine de Nigeria, es la segunda más grande del mundo, por detrás de Bollywood, en India, y por delante de Hollywood. La factoría de sueños fílmicos empezó con ingenio: los vendedores de aparatos electrónicos hicieron películas para ofrecerlas como extra a sus mercancías. Hoy produce una media de 1.200 películas anuales con un presupuesto de 20 millones de euros. La industria ha encontrado el espaldarazo en iRoko, la plataforma de contenidos que fundó el anglonigeriano Jason Njoku, antes de que Netflix se interesara por el continente africano. En 2016 iRoko ya poseía el catálogo on line más grande del momento, accesible vía móvil. Tres años después, Canal+ adquirió el estudio cinematográfico RoK, perteneciente a esta empresa, con sede en Lagos, y se especializó en crear contenidos originales a los que se puede acceder en línea desde cualquier parte del mundo. El secreto del éxito de Nollywood, pues, fue adaptarse a un mercado muy específico.

Aparte del audiovisual, África despunta en la música pop global. Entre los nominados a los últimos Grammy figuraron el ghanés Rocky Duwani y los nigerianos Femi Kuti, Made Kuti, Wizkid y el gigante Burna Boy, aunque fue Angelique Kidjo (Benin) la que se llevó a casa el premio al Mejor Álbum de Música Global. El afrobeats coloniza las emisoras, la publicidad y las pistas occidentales. Ghana y Nigeria compiten por la hegemonía en las pistas de baile del continente, abanderando el highlife, el azonto y el afrobeats. Pero existen el bongo flava, el amapiano, la rumba congoleña o el coupé decalé, una lista de ritmos que se hibridan con influencias del resto del mundo y viajan por el planeta.

También ocupan la centralidad Sudáfrica, Mali y Costa de Marfil. Sony Music se instaló en Abiyán en 2016 y su catálogo se mantiene en las principales listas de reproducción con Ariel Sheney, Revolution, Tour 2 Garde, Shan’L o Fabregas. La influencia de la música marfileña en Europa, y especialmente en Francia y Bélgica, es tan evidente que incluso provoca cambios en la forma de hablar de la francofonía europea: Magic System y Arafat Dj consiguieron colar términos del nushi, una lengua franca nacida urbana, en la lengua codificada por la Academia Francesa.

ARQUITECTURA

Conocimiento local y sentido de comunidad

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ESCUELA TAMMARI.- Un proyecto del togolés Sénamé Koffi Agbodjinou.

Desde las pirámides o, acercándonos algo más a nuestra época, desde la Edad Media —cuando maestros como el granadino Es Saheli, el navarro Sidi Yahya y el almeriense Yuder Pachá viajaron al imperio de Mali para formarse en la técnica local del adobe— en África la arquitectura siempre fue un terreno de experimentación. En el siglo XXI se arma con proyectos que buscan adaptarse a las necesidades, utilizar el conocimiento local, ajustarse a presupuestos y recursos muy específicos y lograr la sostenibilidad.

Un diseño llamativo en este sentido es el gimnasio del Instituto Blaise Pascal, en Abiyán (Costa de Marfil), un proyecto bioclimático que logró el premio al mejor edificio deportivo en el Festival Mundial de la Arquitectura en 2018. Lo firman Guillaume Koffi e Issa Diabaté, arquitectos marfileños residentes en Abiyán y habituales en los concursos públicos de infraestructuras en África occidental, donde acaban de estrenar la sede de Orange Côte d’Ivoire. Si dejamos a un lado el oropel que envuelve a este estudio de moda y sus proyectos más deslumbrantes, es interesante leer que Diabaté no relaciona la smart city con el wifi accesible en todo el perímetro urbano: tiene la audacia de identificarla con algunos pueblos africanos. Opina que lo ideal para mejorar las urbes es cambiar el estilo de vida, contar con equipos multidisciplinares e implicar los vecinos y los conocimientos locales para planearla.

LYCÉE SCHORGE.- El Pritzker Kéré lo construyó con materias locales y sentido climático.

LYCÉE SCHORGE.- El Pritzker Kéré lo construyó con materias locales y sentido climático.

No está solo en esta filosofía. Su colega togolés Sénamé Koffi Agbodjinou también pretende replicar las virtudes de los pueblos en las urbes y se sitúa en la corriente de la arquitectura vernacular, lo que quiere decir —según precisa— que «construye con la gente». Trabaja en un pequeño laboratorio urbano en un barrio de Lomé en el que experimentan desde 2012. Allí lanzó su proyecto Hubcité, que se concreta en un grupo de poco más de medio centenar de vecinos que desarrollan soluciones tecnológicas para mejorar su entorno: recogida inteligente de plásticos, gestión de huertos orgánicos colectivos y fabricación de impresoras 3D a partir de residuos informáticos que, a su vez, sirven para construir lo necesario para crear el pueblo con el que fantasean.

ECONOMÍA

Dinero móvil y liderazgo en criptomonedas

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P-MESA.- El monedero móvil líder del mercado africano vio la luz en Kenia en 2007.

P-MESA.- El monedero móvil líder del mercado africano vio la luz en Kenia en 2007.

La revolución del dinero móvil prendió en Kenia a principios de este siglo, años antes de que en España se popularizara Bizum. Las transacciones vía móvil convirtieron a ese país en punta de lanza del desarrollo tecnológico: solo eran necesarios un simple código y el teléfono móvil más sencillo para realizar envíos de dinero seguros, casi sin costes y prácticamente instantáneos en los rincones más apartados del país. Esa capacidad de llegar rápida y fácilmente a todas partes, sin tarjeta ni cuenta bancaria, se extendió a otros países: M-Pesa, el monedero móvil líder del mercado africano, vio la luz en Kenia en 2007 y cuenta ya con más de 50 millones de usuarios activos mensuales.

De hecho, el dinero móvil es un sector en expansión: en diciembre de 2020, unos dos tercios de las transacciones de este tipo en nuestro planeta se realizaron en la región subsahariana, moviendo casi 500.000 millones de dólares. Se calcula que había unos 548 millones de cuentas de dinero móvil africanas en 2020 y las cifras no paran de crecer. El año pasado, Kenia y Nigeria registraron récords de este tipo de transacciones: en el primer caso, el 84% de los usuarios de internet encuestados utilizaba el móvil para realizar pagos de manera habitual, mientras que, en el segundo, lo hacía el 60%.

Además, el dinero móvil va mucho más allá de la pura transferencia: así, se pueden pagar facturas y compras, solicitar un crédito, ahorrar y hasta realizar apuestas ‘on line’. Cabe recordar que Bizum empezó a facilitar los pagos en comercios el año pasado y parece que aprende, poco a poco, de los monederos móviles africanos: servicios independientes de los bancos, que no les hacen la competencia, sino que complementan.

El continente africano marca el paso, igualmente, en el territorio de las criptomonedas. Hay estudios que precisan que el crecimiento africano en el sector es el más alto del mundo, superando a Estados Unidos, Europa y Asia, algo que los expertos explican por las bajas comisiones en las transferencias —mucho más favorables que las bancarias o de empresas de transferencias de dinero, tipo Western Union—, la elevada inflación, un desempleo galopante y un repunte en el uso de los teléfonos inteligentes en la región, además de la adaptabilidad de una población joven y nativa digital, que se desenvuelve en el sistema de las criptomonedas con total soltura.

NUEVAS TECNOLOGÍAS

Silicon Savannah no teme a Silicon Valley

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SILICON SAVANNAH.- Kenia es polo internacional de atracción para las ‘fintech’.

SILICON SAVANNAH.- Kenia es polo internacional de atracción para las ‘fintech’.

En la mayor parte de la mentalidad occidental, tecnología y África son palabras que parecen no casar. Sin embargo, la necesidad es la madre de la innovación y el motor del progreso, y así se viene demostrando en países como Kenia, donde radica Silicon Savannah, o Ruanda, que acaba de inaugurar el Centro para la Cuarta Revolución Industrial.

Más allá de las apuestas de grandes empresas globales como Microsoft, Google o Facebook y del empuje de algunos gobiernos con visión de futuro, es interesante fijarse en el vigor de los ecosistemas tecnológicos africanos, que rezuman inventiva y actividad gracias al trabajo de miles de jóvenes que optan por mejorar la calidad de vida del ciudadano medio, adaptándose al entorno y las necesidades específicas de cada contexto. Así surgen soluciones tecnológicas que triunfan, especialmente, en los campos de la agricultura, las finanzas, la medicina o la gestión de la cotidianidad. Siempre apostando por la sencillez y la accesibilidad, y enfrentados a infraestructuras y conexiones deficientes, apagones, apoyo institucional débil y todo tipo de obstáculos.

M-Farm, por ejemplo, nace del análisis de la cadena de distribución de los productos agrícolas para ayudar al campesino a gestionar la recolección, mantenimiento y envíos. En lo que se refiere al sector sanitario, descollan empresas como iMED Tech Group, que se dedica a diseñar prótesis a medida destinadas a víctimas de cáncer o quemaduras; aplicaciones como M-Pregnancy, para el control de los embarazos por sms; o un colgante de identificación sanitaria mediante QR orientado a las mujeres, Pass Santé Mousso. El mundo fintech se orienta a borrar la brecha enorme provocada por un sector bancario casi decimonónico, poco desarrollado y poco utilizado, en general, por la ciudadanía, gracias a las cuentas vinculadas a móviles, antecesoras del Bizum. Y para desenvolverse en el día a día existen opciones como My3Route, que recoge y cruza datos de Twitter y Facebook para que el usuario sepa dónde evitar congestiones de tráfico; o Gbata, una agencia inmobiliaria por SMS. También hay sitio para adaptaciones locales, tropicalizadas, de proyectos que nos resultan familiares, como PesaPal (Paypal), Sendit (Glovo) u Ovioturage (Blablacar), además de la administración electrónica o el pago de parquímetros vía móvil que todos conocemos y el mapeo de localidades que todavía no están en nuestra cartografía del mundo.

LETRAS Y FEMINISMO

El relato africano contado por africanos

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CHIMAMANDA NGOZI ADICHIE.- Referente del feminismo siglo XXI, la escritora nigeriana ha colocado su novela ‘Americanah’ en la lista global de ‘best sellers’.

No hay futuro imaginable sin la voz y las experiencias de las comunidades minorizadas. Una queja recurrente entre historiadores, intelectuales y académicos del continente africano es que no existen muchas historias africanas contadas por los propios africanos. Eso, sin embargo, está cambiando con la participación activa de la diáspora y la afrodescendencia. La idea detrás de esta corriente es forzar la aparición de narrativas que fueron ocultadas o tergiversadas. En definitiva, que los cuentos de caza dejen de ser patrimonio de los cazadores para recoger también la perspectiva de los leones, sus presas. En las librerías españolas hoy se pueden adquirir traducciones al español, el catalán o el gallego de títulos que versan sobre la experiencia de la colonización firmados por el último Nobel, Abdulrazak Gurnah, y otros autores como Armand Gauz, Tierno Monenembo, Boubacar Boris Diop o Yaa Gyasi. La esclavitud aparece en los textos de gente como Leonora Miano y el caso concreto de la lucha contra el fascismo invasor italiano en Etiopía es algo que glosa Maaza Mengiste.

La recuperación de las historias africanas y su exposición y difusión no incumbe solamente a la literatura, el cine o la música: llega también al ámbito académico, con la descolonización de las universidades y sus estudios, o incluso a Wikipedia. En la enciclopedia global, proyectos como Kumusha Takes Wiki se encargan de acompañar a comunidades africanas para que puedan compartir conocimientos sobre su entorno y su forma de vida valiéndose de un entorno tecnológico que promueve la democratización de las narrativas.

En el ámbito universitario, tienen especial relevancia los estudios feministas, donde destacan nombres de clásicas, como Ama Ata Aidoo o Ify Amadiume, junto a los de representantes de nuevas generaciones como Rama Salla Dieng o de divulgadoras como Rosebell Kagumire. El punto de partida de muchas de estas mujeres es que los feminismos africanos son tan diversos como el continente y que la existencia de una serie de referentes que se remontan hasta las reinas egipcias las empodera y legitima. Aidoo afirma que las africanas eran feministas antes del feminismo y Molara Ogundipe coincide con la novelista Chimamanda Ngozi Adichie en que muchas africanas tenían unos roles más respetados que sus colegas europeas o norteamericanas en varias épocas históricas, llevando la contra a un discurso feminista hegemónico pensado por blancas de clase media y que las retrataba como seres pasivos o mendicantes. Además de Adichie, entre las escritoras feministas también figuran nombres como Flora Nwapa, Trifonia Melibea Obono, Jennifer Nansubuga Makumbi, Zukiswa Wanner o Ken Bugul.

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