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El pergamino de Clío

Las plañideras

Las plañideras La Provincia

Las plañideras, han existido en diversos lugares a lo largo de la historia. Son mujeres llamadas a llorar en los entierros. La palabra proviene del latín plangere (llorar o lamentarse exageradamente, golpearse en señal de dolor). Es una de las prácticas funerarias más longevas en la que una mujer actúa trágicamente de manera profesional, llorando en los entierros de personajes relevantes. Contratándola se dejaba constancia del dolor y del estatus social del difunto. Se conocen distintos nombres para la profesión, desde plañideras a vocetrices, lastimeras o lloronas, han sido en diversas ocasiones encontradas en artefactos arqueológicos y también aparecen en la literatura.

Las lágrimas y cantos de las plañideras preparaban al difunto para cruzar al otro mundo desde tiempos tan remotos como el de Gilgamesh (ca 2750 a. C.). La que es considerada la obra épica más antigua, contiene en efecto la figura de las plañideras. En estas tablillas del II milenio a.C., Enkidú llora por su amigo. «Me lamento amargamente como una plañidera». Otra de las más antiguas representaciones en las que aparece es en la tumba de Rasmose (ca 1380 a.C.) en la que se observa a un grupo de plañideras que llora por la muerte del chaty. Heródoto llegó a hablar de ellas: «Se emplasten de lodo el rostro y la cabeza. Así desfiguradas y desceñidas y con los pechos descubiertos, dejando en casa al difunto, marchan por la ciudad llorando y dándose golpes de pecho».

Encontramos otra representación en una escultura egipcia de la Dinastía XVIII (1500-1295 a.C.). Se cree que es la representación de Isis llorando por la muerte de Osiris. En un gesto de tremendo dolor se lleva las manos a la cabeza, este gesto en el oficio de las plañideras se denomina «carpere», arrancarse el cabello en señal de dolor.

Más tarde aparece el oficio representado en Grecia en algunas ánforas, una de ellas del 760 a.C. En Grecia se llamaba «praefica» a la plañidera que presidía cada comitiva, la cual dirigía el lamento y moderaba el tono de los llantos. Roma perpetuó esta costumbre difundiéndola por el Mediterráneo en donde se extendió hasta el medievo. En la tumba de doña Blanca I de Navarra (1388-1441) aparece representado en la cubierta frontal un grupo femenino que se lamenta y, en el extremo izquierdo, la plañidera que tiene las manos sobre la cabeza en señal de profundo dolor.

A partir del siglo XIV se intentó acabar con el oficio creando leyes para erradicarlo ya que, para los eclesiásticos, entorpecían los oficios con sus lloros y sus acciones como cuando se lanzaban encima de los sepulcros causando un gran alboroto.

En España contamos con una larga tradición de plañideras. En Galicia se las llamaba choronas, en navarra nigaregileak y en Vizcaya erostariak. El oficio terminó por desvanecerse casi por completo a partir de la década de 1950. Actualmente aparecen solo en representaciones escénicas culturales como tras los pasos de Cristo en Semana Santa o en el entierro de la Sardina en el desfile de carnaval en el que se parodia un cortejo fúnebre, como sucede Canarias.

En México aún existen plañideras, incluso existe un concurso en el Festival del día de muerto en San Juan del Río, Querétaro en el que se valora positivamente la capacidad teatral de las plañideras.

En definitiva, desde antiguo el lloro ha representado una manera de plasmar el dolor por la pérdida de un ser querido, a la par que un símbolo de debilidad entre los hombres y las personas posicionadas en lo alto de la jerarquía social, por ello, en la plañidera encontramos uno de los oficios más antiguos del mundo, tanto casi como la propia muerte.

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