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De La Barraca a la ópera

El tenor canario Airam Hernández interpreta a Lorca en el estreno mundial de ‘El Abrecartas’, en el Teatro Real - El montaje combina ficción con personajes, cartas y situaciones reales

Airam Hernández —chaqueta azul— en una escena de ‘El Abrecartas’. | JAVI DEL REAL

Cuando el próximo miércoles se suba en Madrid el telón del Teatro Real es muy posible que pululen entre el elenco y el público un puñado de exquisitos fantasmas con nombres tan relevantes como el del compositor Luis de Pablo, el director artístico Gerard Mortier o los escritores Vicente Aleixandre, Miguel Hernández, Eugeni D’Ors, Andrés Acero y Federico García Lorca, personalidades sin las cuales habría sido imposible construir la ópera El Abrecartas que protagoniza el tenor canario Airam Hernández dando vida al universal poeta granadino. Basado en la premiada novela del mismo nombre escrita por Vicente Molina Foix, el montaje se apoya en un trasfondo histórico real como el asesinato de Lorca, la muerte de Miguel Hernández, el suicidio de Acero en México e, incluso, fragmentos de documentos auténticos que se entrelazan con el contenido de cartas, mensajes e informes policiales, muchos de ellos ficticios, donde se retratan las vivencias cruzadas de los personajes. De esa combinación entre realidad y fantasía, con la dirección musical de Fabián Panisello, surge un retrato certero de la primera mitad de la España del siglo XX.«No es la primera vez que interpreto una ópera contemporánea o un estreno mundial, pero en esta ocasión se dan ciertas circunstancias que hacen que este proyecto sea muy especial para mí», explica el cantante tinerfeño Airam Hernández.

«Por un lado, me ha dado la posibilidad de meterme en la piel de uno de los grandes personajes del siglo XX que, dicho sea de paso, ha formado parte en momentos importantes de mi vida. A Federico lo leíamos en el Colegio y lo releí posteriormente en mi adolescencia, una época en la que buscaba la soledad para pintar, escribir y leer. Por otro lado, la oportunidad de hablar directamente con el libretista de la ópera [Vicente Molina Foix] sobre los personajes y compartir impresiones es algo que no siempre se tiene la ocasión de hacer. Y es algo que valoro muchísimo. Esto es», dice el intérprete, «quizá lo que más agradezco de interpretar repertorio contemporáneo: que hay una conversación directa entre creadores e intérpretes. Lo único que lamento es no haber tenido la ocasión de compartir este proyecto con el maestro Luis de Pablo», fallecido en octubre de 2021 y la persona que hace diez años propuso al autor de El Abrecartas convertir su novela en una pieza lírica.

De Pablo, al que Molina Foix ya conocía y con el que había colaborado previamente, tras leer su novela se pone en contacto con él y le muestra su deseo de llevar la novela al formato operístico. En un principio, Gerard Mortier se interesa por el proyecto pero lamentablemente también fallece sin dejar firmado el acuerdo.

Por fortuna, años más tarde Joan Matabosch retoma la idea y la materializa sin sospechar entonces que el estreno mundial de El Abrecartas sería desafortunadamente un tributo al recién fallecido Luis de Pablo.

Hernández cuenta que, como parte de la preparación de esta ópera, «lo primero» que se planteó «fue hacer varias lecturas de la novela, que me atrapó desde el comienzo. Está llena de detalles, desde la transformación personal de los personajes a través de su manera de expresarse en las cartas como en el lenguaje propio de las distintas épocas, que ayudan al lector a contextualizar y a recrear las situaciones temporales y espaciales que se relatan. Es un libro en el que el autor hace un recorrido por la España del siglo XX, lo que permite ver claramente el cambio generacional y la íntima relación de prácticamente todos los personajes que aparecen. Vicente ha estado presente en los ensayos y si algo enriquecedor me llevo de esta producción son las interesantes conversaciones que hemos mantenido sobre su obra y sobre la ópera».

Partiendo de una foto antigua del colegio de Fuente Vaqueros en la que aparece Federico García Lorca con 6 o 7 años, vestido de blanco, junto al resto de los alumnos, Molina Foix creó una novela epistolar en la que da vida a uno de los niños anónimos del retrato, al que llama Rafael, que crece fascinado con el poeta. Junto a él germina el universo ficcional plasmado a través de cartas, misivas, notas, informes policiales y documentos de Lorca, Aleixandre o, entre otros, Hernández, que comparten con personajes ficticios el mismo mundo tenebroso e inquietante que les obliga a ocultar sus pensamientos, sentimientos y pulsiones sexuales.

«Como intérprete juego con ventaja», responde Airam Hernández cuando se le pregunta si es un arma de doble filo enfrentarse a una obra tan exitosa entre el público como El Abrecartas. «Gran parte de ese peso recae en el compositor y en el libretista. Nosotros somos el vehículo a través del cual sus visiones particulares son llevadas al escenario. Obviamente, desde nuestra posición tenemos la responsabilidad de pasar por el filtro del conocimiento que tenemos del personaje, de nuestra experiencia y de nuestra corporalidad todas las directrices que nos proponen para que la interpretación final resulte convincente», explica sobre una producción que cuenta con once personajes protagonistas —«catorce si contamos a las tres eugénicas integrantes del coro», aclara el canario—, además de un coro mixto de cámara y un equipo de bailarines y figurantes «que han compuesto un grupo sólido muy comprometido con el proyecto», aseguran satisfechos desde el Teatro Real.

«El trabajo conjunto comenzó de una manera ciertamente atípica, ya que en los primeros días hicimos ensayos musicales y el maestro Panisello propuso hacer una especie de mesa redonda en la que todos los artistas debatimos sobre aspectos musicales y dramatúrgicos de la obra», rememora el protagonista de El Abrecartas. «Esto se complementó con otro trabajo sobre el texto al comenzar los ensayos de escena, en donde hicimos una lectura profunda del libreto y desde donde finalmente se nos mostró cuál sería la propuesta escénica, caracterización y vestuario. En este sentido», prosigue, «todos hemos contribuido en el proceso creativo y nos ha permitido hacer una comprensión de la obra en su conjunto». «El Teatro Real me hace esta propuesta hace dos años», recuerda Airam Hernández sobre su inclusión en la ópera El Abrecartas. «Me envían la partitura y me permiten ojear los personajes de tenor para que les de mi opinión sobre qué roles podría estar interesado en interpretar, aunque fue el papel de Federico la propuesta inicial que me hicieron. A pesar de que había otros que podría haber interpretado con sumo gusto, un impulso visceral me llevó a decantarme por Lorca».

«Creo que el proceso de preparación de un personaje es algo extremadamente personal», confiesa cuando habla del desarrollo que rodea la composición actoral. «En mi caso ha sido un camino largo y arduo, que ha respondido a mi forma habitual de afrontar los retos que me resultan apasionantes. Un impulso vibrante que raya la obsesión. Mi pareja, que es médico, lo compara con el proceso de investigación de cualquier área científica: se inicia con la recopilación concienzuda de todo el material disponible respecto a un tema. Y en este sentido, he tratado de ser todo lo eficiente que me

ha sido posible, por lo que hoy en día no sólo soy un gran admirador de la obra de Lorca sino que he empezado a tener un conocimiento más profundo sobre todo el material que retrata o da pistas de su personalidad, y de su relación consigo mismo y con el mundo. La verdad», reconoce, «es que ha sido enriquecedor en muchos aspectos».

De Tenerife al Teatro Real

«Siempre he creído que el talento se da independientemente del lugar de procedencia y condición», explica el artista nacido en Tenerife. «Y esto es así porque el talento viene de lo más profundo del ser humano. No puedo imaginar un lugar más propicio para mí que La Esperanza, donde nací, con un clima tan frío y que, por el contrario, destaca por la calidez que desprende su gente. Gracias a la Banda Princesa Yaiza, la banda de mi municipio, que vino a reclutar al Colegio Leoncio Rodríguez muchachos con talento musical, yo inicié mis estudios musicales. Gracias a muchos vecinos de mi barrio, que me llevaban en coche a los ensayos y al conservatorio cuando lo necesité, no me vi en la obligación de abandonar mi formación. Obviamente, gracias al apoyo incondicional de mis padres y de mis hermanos, tuve el ambiente propicio en casa para hacer de un hermoso hobby mi profesión».

«Supongo que la conjunción entre esa quietud, esos paisajes naturales y ese aire puro de montaña ayudó a configurar mi personalidad y mi manera de afrontar la vida, dando la importancia justa a cada cosa», prosigue hablando sobre sus orígenes Airam Hernández. «Soy una persona que vive la vida de la forma más relajada posible, por lo que trato de ir avanzando sin fijarme metas muy ambiciosas a largo plazo y siempre tratando de entregar lo mejor de mí como artista. En ese sentido sí soy muy exigente conmigo mismo, por lo que he tratado de perfeccionar al máximo el método de estudio y de trabajo, de modo que me permita afrontar los retos con profesionalidad. Al final la clave ha sido no ponerme límites, avanzar poco a poco y coger las oportunidades que la vida ha ido poniendo en mi camino de la forma más natural posible».

«No es la primera vez que se habla de homosexualidad en la ópera», cuenta el tenor que interpreta a Lorca en El Abrecartas. «Tenemos casos como Adriano, de Rufus Wainwright; Brokeback mountain, de Charles Wuorinen, o El público, de Mauricio Sotelo, basada en la obra homónima del propio Federico García Lorca».

Airam Hernández prosigue contando que «la visibilización de historias de contenido LGTBIQ+ no es una cuestión tan novedosa a día de hoy aunque debo decir que personalmente me gustaría que las historias basadas en personajes del colectivos no se centraran precisamente en la discriminación, en la centralización de la propia sexualidad del personaje como problema en la trama, sino todo lo contrario», reconoce. «Que fuera un rasgo característico más del personaje que no determinara su trama en la historia; que se mostrara a estos personajes viviendo de forma natural y libre su orientación sexual sin ser ridiculizados, victimizados o utilizados para escandalizar a la audiencia. Esto sería lo que, según mi criterio, sería tremendamente novedoso, ya que supondría la verdadera inclusión del colectivo en la sociedad».

«Lamentablemente, continúa explicando el tenor tinerfeño, «hoy en día existe la necesidad de seguir exponiendo y defendiendo los derechos del colectivo LGTBIQ+ desde los sectores más progresistas. En ese sentido, entiendo que obras como El Abrecartas pueden promover esa empatía tan necesaria para que la sociedad entienda que la orientación sexual de una persona no la define y, mucho menos, la reduce a un mero cliché. En esta obra se puede ver la manifestación del amor desde muchos prismas, todos ellos válidos y sin necesidad de ser etiquetados».

'El Abrecartas'

La gestación de una nueva obra

Volviendo a la producción que estrena el miércoles el Teatro Real, Airam Hernández asegura que «es un gozo» formar parte de la creación de una nueva obra. «Ves cómo se fragua la idea, la ves crecer y ganar entidad propia. Formas parte de su transformación y, finalmente, la ves nacer y la compartes con el mundo. Hay una pequeña parte de ti que queda impregnada en el resultado final. Como artista», dice, «no siempre se tiene la oportunidad de vivir una experiencia como ésta por eso trato de exprimirla y vivirla intensamente».

«Este año ha sido bastante revelador al respecto», cuenta este profesional que se inició en el coro del Liceu de Barcelona pasó al Ensamble de solistas de Zúrich y finalmente comenzó su carrera como solista al preguntarle por el nivel artístico en España. «Por primera vez he cantado prácticamente todas las óperas de una temporada en mi país, algo que me apetecía hacer desde hace mucho tiempo y que, irónicamente gracias a la pandemia, he podido materializar. La experiencia está siendo buenísima. En España se realizan producciones con una calidad excepcional, con grupos de trabajo extremadamente exigentes y de una gran calidad artística. Hay que tener en cuenta que España ha sido uno de los pocos países que apostó por no dejar que la cultura se hundiese, creando protocolos para que los espacios culturales sobrevivieran a la pandemia sin poner en riesgo a los artistas y al público. Obviamente siempre se puede hacer más para proteger a los artistas ante una situación como la que estamos viviendo ya que somos un sector especialmente vulnerable, precisamente por lo poco protegido que está legalmente. Espero que de esta situación salgamos reforzados y no sólo hayamos sacado conclusiones, sino que se pongan en marcha los mecanismos necesarios para que la cultura de nuestro país quede blindada ante futuros infortunios».

«No es mi primer acercamiento al repertorio contemporáneo», asegura sobre las dificultades que musicalmente conlleva este montaje. «Cuento con cierta experiencia para descifrar este tipo de lenguaje y es cierto que lo que caracteriza al repertorio del siglo XXI es justamente esa tendencia a alejarse de la estandarización estilística. Pero a medida que te sumerges en este repertorio te va resultando más sencillo descifrar los códigos compositivos y el lenguaje propio de cada compositor. En este caso concreto, el rol de Lorca tiene fragmentos complejos a nivel rítmico y armónico, pero otros en los que Luis de Pablo utiliza un tratamiento melódico hermoso y cercano a todo tipo de audiencia. De hecho», reconoce, «en mi opinión diría que dos de estos fragmentos son de los más bellos de la ópera»

No puede ocultar el intérprete que «estar en el Teatro Real es para mí es como estar en casa. Profesionalmente tuve la suerte de que algunos de mis primeros acercamientos al mundo de la ópera fueron en este teatro, como refuerzo del coro, ya hace mas de 15 años. Debo agradecer a Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real, la confianza depositada en mi trabajo. Que uno de los teatros más importantes de tu país apueste por ti es señal de que se reconoce tu valía como artista y ayuda a que teatros de todo el mundo se interesen por tu carrera», añade antes de reconocer que de cara al estreno mundial del miércoles en Madrid se encuentra «motivadísimo y con ansias de mostrar al público el resultado del inmenso trabajo desarrollado en este último mes. Quisiera agradecer a cada uno de los integrantes de este proyecto, porque gracias a ellos, esta experiencia ha sido realmente enriquecedora», concluye este Lorca nacido en la localidad tinerfeña de La Esperanza.

Dejar a un lado las heridas de las dos Españas


«Nuestra intención con El Abrecartas no es abrir heridas mostrando la realidad histórica de las dos Españas que todos conocemos. El fin último es reflejar los diferentes acercamientos al amor, a las diversas formas de manifestarlo y de cómo es capaz este sentimiento de impulsar a los protagonistas a vivir sus vidas a pesar de sus circunstancias. En realidad es un tema atemporal con un mensaje esperanzador: el amor nos hará libres», explica el tenor tinerfeño Airam Hernández, que el próximo miércoles estrena en el Teatro Real la ópera basada en una novela de Vicente Molina Foix. 

El público que acuda al Real se va a encontrar en esta ópera con diversas historias entre personajes reales que podrán reconocer fácilmente y otros ficticios, de los que probablemente puedan sentirse identificados. «A pesar de ser una obra enmarcada en la España del siglo XX, la puesta en escena pretende descontextualizar el espacio escénico», explican desde el Teatro Real. «La ópera parte de un espacio neutro con enormes ficheros alineados que nos sugiere una oficina de correo postal en algún lugar indeterminado. El desplazamiento de estos ficheros por el escenario son los encargados de recrear nuevos espacios y dar continuidad a la historia, sin la necesidad de recurrir a espacios reales y contextualizados. De esta manera la atención se centra en los personajes, quienes nos darán todas las claves para entender la secuencia natural de la historia. De ahí que sea tan importante el trabajo de los figurinistas, maquilladores y peluqueros en esta obra. Han hecho una labor meticulosa para recrear el vestuario y caracterización de cada época. Esto se plasma claramente en la recreación del acto sacramental, de La vida es sueño de Calderón de la Barca, que Federico García Lorca y el grupo teatral La Barraca interpretaban con frecuencia y que tan magistralmente nos ha querido regresar el maestro Luis de Pablo en el último fragmento que canta mi personaje», concluye el tenor. | Miguel Ayala


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