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Entrevista | Músico, líder de Ilegales, grupo que acaba de cumplir 40 años

Jorge Martínez: «El rock enloquece un poco, se trata de salir al escenario y volverse loco»

(L) | LUISMA MURIAS

Jorge Martínez (Avilés, 1955) se prepara para celebrar los 40 años de Ilegales a lo largo de todo este año con gira y nuevo disco. El título robado a Baroja, La lucha por la vida, se ilustra con una imagen de Rasputín, tan irreductible cuando quisieron acabar con él, explica, como la propia banda. Saldrá a la venta el 25 de febrero y por allí desfilan un montón de colaboradores: Enrique Bunbury, Loquillo, Andrés Calamaro, Luz Casal, Iván Ferreiro, Coque Malla, Guille y Juanma (Vetusta Morla), M Clan, El Niño de Elche, Carlangas (Novedades Carminha), Dani Martín, Josele Santiago, Evaristo (La Polla Records), Kutxi (Marea), y Kutxo (de los argentinos Auténticos Decadentes).

El 4 de diciembre de 1981 Ilegales tocaba en un concurso de bandas en Oviedo. ¿Todavía se acuerda?

Perfectamente. Me acuerdo de que me empeñé en utilizar mi micro y que estuve a punto de romper una guitarra. Los comentarios que hacíamos les parecieron ofensivos a parte del jurado, no a todos. No habían visto un grupo de rock en su vida.

De ahí saltaron a grabar todo su primer material con René de Coupaud y Pedro Bastarrica

A René y a Pedro les impresionó la capacidad que teníamos y nos propusieron grabar el primer disco. De alguna manera, nos apadrinaron. Fue una suerte juntarnos con ellos, era gente con criterio.

¿Qué queda después de 40 años de aquellos Ilegales?

Ya desde el primer disco explorábamos campos muy distintos. Las bandas que había parecía que repetían la misma canción de forma constante, y a nosotros se nos acusaba de no ser homogéneos, de no tener personalidad. Yo creo que teníamos solvencia y conocimiento para meternos en todo tipo de jardines. Trabajaba con músicos de calidad, como ahora. Cuando junté hace 20 años a todos los que pasaron por Ilegales se pudo comprobar. Ahora no quise repetir lo mismo.

¿De qué trata este La lucha por la vida?

Es un disco de estudio y reforzado con otros artistas que aportasen variedad. Ilegales no es tan unipersonal como algunos pretenden ver.

Un disco de colaboraciones de una banda que no ha cultivado mucho de forma pública las buenas relaciones sociales.

Ha habido artistas y grupos con los que me he llevado francamente mal, pero con la mayoría la relación ha sido muy fluida. He ajustado las guitarras de un montón de bandas.

Pero no es la imagen que se proyecta.

Con algunos artistas practicamos cierto desprecio, pero es que el rock’n’roll tiene un componente de arrogancia de alto octanaje. Cuando ves a gente que no sabe tocar dárselas de gran músico los mandas al carajo de forma automática. Es que no veas cómo era la industria madrileña. Tuvieron que importar grupos de fuera porque si no iba a desaparecer.

En los colaboradores no ha metido a mucho contemporáneo.

Está el Loco, Luz y Evaristo de la Polla, que es el punk en dos patas. Y sí, los demás son gente relativamente nueva, de los noventa o última generación. Las canciones las eligieron ellos.

Algunas canciones nuevas y otras de los últimos discos.

Estoy en un estado muy creativo, me salen muchas canciones y no me las quiero callar. El material que se recupera es de muy reciente cuño porque no quería entregar a un compañero canciones que vinieran muy sobadas.

¿Hay alguna excepción?

Sí, hay una, Bunbury. Se empeñó en una, la grabó en Los Ángeles y la bordó. Iván Ferreiro también lo hizo muy bien, los de Vetusta Morla trabajaron a fondo, como Luigi, de León Benavente, Calamaro, del single que ya salió.

O la de M Clan, que suena al disco Regreso al sexo químicamente puro.

Puede ser. En aquella época escuchaba mucho a Don Covay. Aquí quería soul blanco, el sonido del hammond pero sustituyendo a Booker T por Jimi Hendrix. En la de Calamaro se trataba de ir alternado las voces, como dos tipos compitiendo con una canción, eso que hacían tan bien Sam & Dave.

No me contestó antes a la pregunta de qué se ha dejado Ilegales por el camino.

No hemos perdido velocidad. No sé. Las enfermedades venéreas, que en aquellos años se contagiaban muy fácilmente.

Perdieron a algunos músicos...

Perdimos muchos años, ya nos quedan menos para la última aventura. Pero bueno, siento que hemos ganado cosas, más instrumentos, armamento, conocimiento. Y nos falta tiempo, igual por eso las canciones vuelven a ser muy cortas.

Quizá con los años ha ido cicatrizando más esa herida interior vinculada a la infancia, de algunas canciones del principio.

Yo me siento más estable. Me siento muy bien.

¿Eso no es malo para componer?

Lo malo es no levantarse a la hora a la que venga al inspiración. Si son las tres de la mañana o si estás en una fiesta, no hay más remedio que levantarse y grabar. Eso es lo malo, no ser diligente. Yo vivo solo y duermo solo y me levanto a cualquier hora de la noche varias veces casi todas las noches para trabajar en algo. He compuesto un montón de canciones dormido y para recuperarlas cuesta, porque enseguida empiezan a difuminarse, se evaporan. Destruye salió así, y Yo soy quien espía; muchas.

Se identifica el rock con la juventud. ¿Qué piensa cuando ve a los Rolling Stones?

En el caso de los Rolling ellos imitan a los bluesman.

Morir con las botas puestas.

Sí, les veo esa intención. El rock’n’roll solo es una palabra. En realidad se trata de rhythm’n’blues con raíces más antiguas. Yo encuentro riffs de rock en Jerry Roll Morton y no creo que sea tan americano como se pretende, tiene más raíces africanas y europeas. Y puede ser practicado a cualquier edad. La cabra tira al monte tenga la edad que tenga. Esta vida disipada es arriesgada, yo he arriesgado mucho mi vida para poder vivirla, no he tenido otra opción

Bueno, o sí.

Internamente, no. Me hubiese muerto metido en cualquier jaula de esas de un trabajo fijo. He tenido muchas ofertas, muy tentadoras

Fue tertuliano de televisión.

Era divertido, y en esa época tenía un cierto interés, porque se desarrollaban temas. Ahora es hablar de la vida de idiotas, se han envilecido muchísimo todos esos programas.

También aparcó Ilegales para tocar boleros.

Porque no tenía canciones para Ilegales, ni una. La fuente se había secado y no me parecía honesto seguir. Luego empezaron a aparecer canciones de manera torrencial, cogí el teléfono, reunimos a la banda y ya en el primer ensayo, cinco años después sonábamos como si nos hubiéramos separado. Pasó algo parecido con Willy Vijande, cuando sufrimos la desgracia de Jandro (el bajista Alejandro Espina, fallecido en 2016). La verdad es que todavía llevamos fatal lo de Jandro. Estaba hablando con Juan Flores el otro día y es verdad que cuando se muere alguien es como si se volvieran a morir todos los que conocí.

Para esta música hace falta cierta forma física.

Como falte... Yo me pongo como loco en el escenario, me veo en las fotos la vena esta que va al cerebro. El rock enloquece un poco. Siempre he dicho que se trata de salir al escenario, volverse loco y luego recuperar la cordura justo a tiempo. Es un ejercicio muy peligroso y sé que a veces puedes no regresar. A veces, en los descansos después del concierto me dan ganas de volver a empezar.

En su caso parece que se mantiene bien.

Tengo 66 años y si me ves de pie es la hostia.Tengo una constitución que me permite estas alegrías.

Volvamos al disco, ¿cuál es el plan?

Es de La casa del misterio pero lo distribuye Warner. Y en la gira vamos a todos los países: Colombia, Chile, México, Perú, Ecuador, se está hablando de Estados Unidos… Vamos a ir sacando singles y el 25 de febrero sale el disco. La gira empieza el 8 de marzo en Zaragoza.

Son casi la última banda de rock nacional en pie. ¿Responsabilidad?

Hay que ser muy duro para aguantar esto, para mantener la banda junta. Yo creo que hemos demostrado un alta capacidad de resistencia, porque problemas hemos tenido todos. De hecho se nos acusaba de ser un grupo problemático, pero creo que solo internamente. A la hora de cumplir nuestras obligaciones siempre hemos hecho todo bien.

Ha visto cambiar a su público. Ahora supongo que habrá casi abuelos, hijos y nietos.

Al principio estaban todas las tribus, que eran incapaces de convivir entre sí, el ambiente era explosivo. Ahora es todo más homogéneo y el público es más educado. Se ha profesionalizado todo mucho porque ya ha cuajado y se ha consolidado todo ese mundo empresarial capaz de sustentar todo esto.

Quizá el amateurismo y cierta contestación está en otras escenas, ¿el trap?

Creo que no. El lenguaje del trap es un poco el rap descafeinado. Han dejado de decir cosas interesantes para cantar solo las glorias del sexo y tener un arma. Cosas muy simples. El trap es el rap al que le han arrancado los dientes. El rock lleva todo tipo de mensajes, es polivalente, mensajes nada revolucionarios y los más revolucionarios. Pero la capacidad de supervivencia va ligada a la industria que lo sustenta. El rock genera más atención y más consumo que cualquiera de estos tipos de música. La gente del trap generan muchas visitas en YouTube o en sitios donde los beneficios son ínfimos. En cambio, el rock vende entradas, copas, escuchas en las plataformas donde más se paga, sigue vendiendo soporte físico… El rock tiene unos atractivos que le dotan de una capacidad de supervivencia superior a cualquier otra música. En 1956 decían que iba a ser cosas de unos meses y algunos le daban más larga vida, que podía incluso durar dos años más. Pero resulta que a fecha de hoy el rock sigue ahí y ha convivido con todo, hasta con Los Pajaritos.

¿Qué piensa cuando ve a esos chavales del trap con sus vídeos de camellos de barrio?

Es un poco cursi. Yo me las he jugado con camellos de verdad y esto me parece un poco de nenazas. Pero si se divierten, la diversión siempre es bienvenida, sea haciéndose el camello de barrio o imitando a Lola Flores. La diversión siempre está bien.

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