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El secreto de las pintaderas

El secreto de las pintaderas

Se conocen con el término «pintadera» las matrices encontradas en yacimientos aborígenes canarios, mayoritariamente en Gran Canaria, hechos en barro cocido o en madera. Tienen formas geométricas y están decoradas, también, con motivos geométricos. Su dimensión suele oscilar entre los dos y los 12 cm y suelen contar con una prolongación en la parte posterior a modo de sujeción que puede estar perforada.

Las matrices (pintaderas), han servido para la arqueología, desde la segunda mitad del siglo XIX y hasta la década de 1980, como «fósiles directores» de ciertas oleadas poblacionales canarias. Su funcionalidad y significación son, sin duda, las cuestiones que han sembrado amplios debates en torno a la investigación de las sociedades aborígenes.

En cuanto a su funcionalidad, unos autores defendieron que eran empleadas como elementos de decoración corporal, mientras otros las vinculan al ámbito religioso y a su uso como amuletos. En cuanto a la primera idea, fue el cónsul francés Sabino Berthelot quien, en 1879, definió las matrices como «sellos o moldes para estampar […] destinados para impresiones en color, para tatuajes» (Berthelot, 1879). Por otro lado, Gregorio Chil y Naranjo explicó su funcionalidad inscribiéndolas en el marco de las creencias de los aborígenes. Más tarde, Chil cambió de parecer, planteando una nueva posibilidad: «Eran signos para escribir el lenguaje, como lo hacen actualmente los japoneses que, bajo esa forma gráfica, escriben lo mismo que nosotros». Esta última teoría tuvo poco éxito.

Fue el antropólogo René Verneau quien estudió por primera vez, de forma detallada, las pintaderas. Para hacerlo, acudió a las zonas arqueológicas en donde se habían hallado algunas de ellas para concluir que la principal función de las matrices era la del pintado corporal. Esta teoría es apoyada por las referencias etnohistóricas que aluden a una decoración tegumentaria aborigen. Además, esta teoría está sustentada en el uso tradicional de la voz «pintadera» por parte de habitantes de Tirajana para referirse a estos sellos, incluso, se han encontrado paralelismos formales con otras matrices encontradas en poblaciones indígenas vivas de Sudamérica.

El cronista Álvarez Rixo (1796-1883) achacó el uso de las pintaderas a «cierta especie de señales o caracteres que aseguraba […] ser el sello o tésera con que el Guanarteme de Gran Canaria autoriza sus órdenes o decretos».

Tendremos que esperar hasta 1940 para que un berberólogo, George Marcy, refute la teoría más aceptada hasta el momento, la propuesta por René Verneau. Marcy va más allá en su investigación y sus estudios girarán en torno a la etnoarqueología, comparando los sellos aborígenes canarios con los de las poblaciones bereberes del Aurés. Esta población fabricaba unos sellos de madera muy similares a los canarios. Bajo esta premisa, las pintaderas habrían sido utilizadas como sello para precintar los silos de graneros colectivos, es decir, para saber a quién pertenecía cada producto. Basándose en esta teoría, afirmó que los dibujos de los sellos tendrían un carácter identificador e individualizador.

A partir de la década de 1980 comienza a conferírseles una interpretación multifuncional, tanto como sellos para marcar el grano, como marca representativa e individualizadora de un clan. Sea como fuere, está claro que las pintaderas siguen siendo un misterio. El secreto de su uso y significado partió al olvido junto con los aborígenes a partir de 1496.

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