Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

«Todos tenemos nuestro cuarto oscuro y es bueno visitarlo»

«Hay que tener cuidado, eso sí, porque en mi corta carrera he recibido algún que otro bolsazo cariñoso de una señora»

Jon Plazaola

Jon Plazaola Manuel Fleitas

Le costará desprenderse del entrañable Iñaki de Allí abajo, pero, pese a que había quienes temían que se encasillara en ese tipo de papel, que repetía en La pequeña Suiza, en Amar es para siempre, serie que ha estrenado su décima temporada, Jon Plazaola (Guipúzcoa, 1982) interpreta a un personaje opuesto. Raúl, es un empresario nato, pero le falta la creatividad de su primo. Y esa rivalidad le hará sacar su lado más oscuro. Ese que a un actor tanto le gusta mostrar.

Vuelta a Antena 3, y nada menos que en su serie más longeva

Nos hemos reído bastante en los primeros ensayos con el director, Edu Casanova, porque recibíamos separatas que decían: capítulo 2.200 y pico. Y eso hace que te sientas muy pequeñito. Es como la típica la foto del universo: usted está aquí.

Además, en la temporada diez.

Número redondo y con motivos para la celebración. Formar parte de esta temporada y este elenco es un privilegio. Es una auténtica fábrica donde las piezas tienen que estar bien engrasadas. Y también esuna familia y todos hacen que te sientas en casa desde el principio. Me decían: fliparás con una serie diaria.

Es que es su primera diaria...

Es verdad que vengo de una temporadita bastante cargada de trabajo, afortunadamente, con esto que nos partió y nos está partiendo por la mitad, que es el confinamiento y la pandemia, y eso hizo que se me solapara una cosa con la otra. Así que estoy encantado con esto de trabajar simplemente de actor, tener que aprenderme mi texto y defender un personaje. Hay que estudiar mucho, sí. Pero es el juego al que nos gusta jugar.

En este Cuéntame de A-3 están en los 80, década en la que nació.

Sí. En 1982. Es especial, porque la trama será de Juguetes Garlo, y parece ser que la industria juguetera estaba en auge en España. Han construido una en la plaza de los Frutos. Aunque de la primera parte de los 80 recuerdo muy poco, todos los juguetes y las cosas que se hablan te suenan y te hacen regresar a la infancia. Es una sensación muy bonita. Y en la plaza de los Frutos empieza a haber figurantes y personajes que visten de una forma más ochentera, con chupas de cuero negro, de la Movida madrileña. Y eso nos toca mucho más de cerca.

Es una década muy revivida.

Fue una década tan especial, sobre todo en cuanto a la creación y la liberación de esa vertiente artística que tenemos todos relacionada con la música y la moda...De todo. Con lo que los 80 nunca pasan de moda.

Su personaje, Raúl, es un lince como empresario, pero poco creativo.

Es una mente privilegiada, pero sobre todo para los números. Y podría dirigir igual una fábrica de chorizos. Pero para su padre, don Germán (Jesús Castejón), un empresario juguetero necesita meterse en la mente de un niño y ser capaz de ver si jugaría con el juguete que lanzará al mercado. Ese perfil lo tiene el primo Fran (Carles Francino), lo que hará que tenga celos de él. Siempre le ha visto como un rival en la lucha por el reconocimiento de su padre. Ese es el punto oscuro de Raúl, que para un actor es lo más interesante.

Muy opuesto al entrañable Iñaki de Allí abajo. Y a usted.

Siempre decimos que cuanto más alejados estén de nosotros los personajes que interpretamos, más interesantes. Todos tenemos nuestro cuarto oscuro, nuestras vivencias, dentro de nuestro ser y siempre es bueno visitarlo para poner orden y poder reconocerlo. Y este tipo de personajes te ayudan a buscar respuestas dentro de ti mismo. A la gente le va a gustar. Gustar no, pero no se va a quedar indiferente. Puede que me gane más de un reproche por la calle, pero eso es señal de que estamos haciendo bien el personaje.

¿Sigue pasando?

En pleno siglo XXI, en que controlamos los códigos tanto de la televisión como de las plataformas, de la ficción, que todavía se acerquen para decirte cosas sobre tu personaje como si fueras el personaje mismo, para mí es una parte preciosa que no deberíamos perder. Hay que tener cuidado, eso sí, porque en mi corta carrera he recibido algún que otro bolsazo cariñoso de una señora. Por las meteduras de pata de Iñaki he recibido alguna que otra bronquita.

¿La primera vez con Francino?

Sí. El primer contacto ya fue muy bueno. Me parece un tipo con una trayectoria envidiable y que trabaja muy bien. Y, lo más importante, un compañero cercano y una persona maravillosa. Voy a pasar bastante tiempo con él y creo que vamos a disfrutar mucho juntos los diez meses largos de rodaje. Que desde el primer momento pilláramos los roles del personaje y nos llamemos «primo» es un buen comienzo.

Qué penita que concluyera de sopetón Allí abajo. La última vez que hablamos pensaba que seguirían.

Pena, sí, pero también la satisfacción del deber cumplido. Allí abajo contó todo lo que tenía que contar en cinco temporadas, y tuvo un recorrido suficiente para lo que quería contar. Hace casi dos años que se acabó y ahora piensas que si hubieras alargado más el chicle, a lo mejor hubiéramos caído en una debacle o decadencia que quizá no habría dejado este proyecto maravilloso en el sitio que se merecía. Penita, porque esa gran familia que formamos va cogiendo otra dirección, pero intentamos mantener el contacto.

Luego vino Patria. Gran serie.

Tuve el privilegio de hacer un pequeñísimo papel en esa serie que para mí, como espectador, es la más potente que he visto últimamente de producción local. Y no ha dejado indiferente a nadie . Sobre todo si se ve con la mente abierta. Es una historia que se cuenta desde un punto de vista yo creo que válido para todos y hace mucho por sanar algunas heridas abiertas. Lo único, que tendría que haber sido hablada en euskera con subtítulos. Hay demasiados complejos con el idioma.

En una ocasión le dijeron si no temía encasillarse. Su papel en Amar... demuestra lo contrario.

No me preocupaba, porque al final está en mi mano. Ojalá que en 20 proyectos más de cine o televisión tenga personajes como Iñaki o Gorka, de La pequeña suiza. Bienvenido sea. Pero en mis manos está cambiar eso en teatro o haciendo yo mismo un monólogo interpretando otra persona, en el que ofrezca otro color. Y que la gente diga: «Pero... ¿este es Plazaola?». Nunca me ha preocupado, porque siempre he podido tener un resquicio para ofrecer otro aspecto.

Compartir el artículo

stats