Será un festival distinto, aunque la audiencia casi no notará la diferencia. Solo habrá 3.500 espectadores en una grada preparada para 15.000, el aforo habitual en las últimas ediciones. A causa de la pandemia, los organizadores han eliminado todas las actividades paralelas. Además, Eurovisión mantiene entre algodones a todos los artistas, a los que obliga a no abandonar el hotel de concentración salvo para asistir a los ensayos y a las galas.

(L) | STEVEN BERNHARD

Para acceder al Ahoy Arena, donde se celebrará el festival, todo el mundo deberá ser sometido a una PCR. ¿Y si algún artista enferma o ha de hacer cuarentena? ¡Todo está previsto! Los 39 participantes ya grabaron su actuación en un estudio y con voz en directo. Si por alguna razón no pueden actuar en Rotterdam, Eurovisión emitirá el vídeo en su lugar para que público y jurado les puedan valorar. De momento, Australia es la única que lo hará, debido a las estrictas limitaciones para salir del país.

Blas Cantó.

La maltesa Destiny Chukunyere es la gran favorita, aunque el suizo Gjon’s Tears y la francesa Barbara Pravi le siguen a la zaga. Destiny tiene 18 años y ya ganó el Eurojúnior de 2015. En el Britain’s Got Talent llegó hasta las semifinales, y ganó el X Factor de su país. Además de tablas tiene una voz impresionante. Defenderá Je me casse, un tema pop en cuyos arreglos han incluido sonido de charlestón. Su letra es un alegato feminista donde Destiny avisa que por mucho escote y pierna que muestre, «eso no significa que te esté dando permiso para nada».

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No será el único; Letonia, con Samanta Tina, y Rusia, con Manizha, también apuestan por el empoderamiento de las mujeres. La rusa es una activista transgresora, comprometida con diversas causas. Sabe de lo que habla; ella es de Tayikistán. Su familia marchó del país huyendo de la guerra civil. Por sus facciones asiáticas, ya en Rusia fue víctima de bullying en la escuela. Utiliza música creada por ella misma para concienciar sobre un mundo mejor. Desde que fue escogida para Eurovisión, le han llovido críticas de los sectores más conservadores e insultos. Y es que en la letra de su Russian woman, una mezcla de pop, rap y folk, carga contra estereotipos sexistas.

«No le hago mucho caso a las casas de apuestas»

El suizo Gjon’s Tears tiene 22 años y es de ascendencia albanesa. Entró en el mundo del espectáculo a los 13 gracias al Albania’s Got Talent, donde se plantó en la final. Al año siguiente lo probó en la versión suiza del programa. Su consagración llegó en 2019 cuando alcanzó la semifinal de La voz, en Francia. En Eurovisión cantará Tout l’univers, que se ha usado como banda sonora del docudrama de Telecinco Rocío: contar la verdad para seguir viva.

Además de activista por los derechos de las mujeres, la francesa Barbara Pravi es una artista todoterreno. Es cantante, compositora y actriz. Con su J’imagine, interpretada por Valentina Tronel, ganó el último Eurojúnior. Aquí compite con Voilà, una especie de autobiografía que entronca con la tradicional chanson francesa.

Aunque un poco más descolgadas en las apuestas, también cuentan para la victoria Italia, Bulgaria, Lituania, Islandia y, ¡cómo no!, Suecia. Los transalpinos participan con la banda metal Måneskin y el tema Zitti e buoni, una pieza sobre la superación personal contra viento y marea. Por Bulgaria, Victoria Georgieva, de 23 años, defenderá la balada Growing up is getting old. La banda lituana The Roop era la gran favorita de Eurovisión 2020; de hecho, ganaron el premio de las organizaciones de eurofans de todo el mundo a la mejor propuesta del año pasado. Pero entonces el covid-19 obligó a cancelar el festival. Este año repiten con Discoteque, un tema pop que trata sobre el poder de la música.

Islandia presenta a Daði & Gagnamagnið. También estaban entre los favoritos de 2020, aunque este año han decaído un poco en las apuestas. Compiten con 10 years, que trata sobre los 10 años de feliz matrimonio del solista. Su esposa Árný estará sobre el escenario ya que forma parte de su banda. La propuesta tiene sabor retro, con estética, sonido y coreografía con reminiscencia de los años 80. ¡Se harán notar!

Campo de refugiados

Suecia está cada año entre las favoritas. Los escandinavos esta vez están representados por Tusse, un joven congoleño de 19 años que huyó de los terrores de la guerra en su país y que, antes de llegar a Suecia, vivió en un campo de refugiados en Angola. Su tema Voices es una proclama optimista que anima a superar a haters y al pasado, por duro que sea. San Marino, Chipre y Azerbaiyán completan la terna de candidatos con más posibilidades. Todos, con temas pop muy actual y tres divas en el escenario: Senhit, Elena Tsagkrinou y Samira Efendi respectivamente. España está muy abajo en las apuestas.

Este año lucharán por la victoria 39 países. Una vez más, Eurovisión constará de tres galas; las semifinales del martes 18 y el jueves 20, y, el sábado 22, la gran final. De cada semi se clasificarán los 10 más votados y se unirán a los cinco finalistas de oficio: Países Bajos, por ser los anfitriones, y el grupo de los Big Five, es decir, los países que más contribuyen económicamente a la red Eurovisión; España, Italia, Francia, Alemania y el Reino Unido. Funcionará un doble sistema de votación: de jurados profesionales y audiencia.

Es uno de los artistas más completos del Festival de Eurovisión 2021; por cualidades interpretativas y, especialmente, por su voz. Ya desde pequeño su ilusión era participar en el certamen. A los 13 intentó representar a España en el Eurojúnior del 2004; a los 18 lo probó en el de adultos como solista, y al año siguiente con su grupo, los Auryn. Ahora, a los cinco años de haber iniciado su trayectoria en solitario y con un álbum, ha llegado su momento. Había sido elegido internamente por TVE para el festival del año pasado. Tras su cancelación, le propusieron repetir y no dudó en aceptar. El sábado 22 intentará romper una racha de 52 años de sequía eurovisiva para España con Voy a quedarme.

¿Voy a quedarme la compuso pensando en Eurovisión?

No. Cuando estás componiendo hay que dejarse llevar, porque nunca sabes hacia dónde te puede llevar un tema; a nivel de letra o de melodía. Luego, cuando la estás produciendo, ya piensas en el festival: cómo quieres que explote la canción, dónde quieres que sea más íntima; te imaginas la puesta en escena de una manera o de otra... Pero a nivel composición, es importante ser honesto con lo que estás contando. Hicimos varias canciones, pero Voy a quedarme trata sobre un momento importante en mi vida y compartirlo con Europa es algo muy íntimo.

Y muy complicado para usted…

No era mi intención ir al Festival de Eurovisión con una canción que hablara sobre lo que estamos pasando. Me parecía demasiado obvio y quería escapar de eso. Lo que pasa es que las vivencias personales te van marcando el camino. Al final, también es una canción que acabó eligiendo el público, porque había otra opción. Creo que mucha gente se ha sentido identificada con la historia de Voy a quedarme, con lo que estaba pasando, y se han emocionado conmigo. Y con ella también han contado su propia historia. Porque al final, ¿qué es la música si no hay una historia detrás de cada canción?

Y esta es sentimiento puro…

Creo que es importante contar algo. Pero más que contar es homenajear. Por las pérdidas que he tenido últimamente, sobre todo la de mi abuela, que ha sido mi madre durante 29 años. Ha sido muy doloroso para mí. Ha sido un año muy difícil Y tener la oportunidad de cantarlo en el mayor escenario del mundo… ¡No todo el mundo tiene esa suerte!, Porque hay artistas que han ido a Eurovisión con una canción que no querían o no han elegido ellos. Yo elegí la mía, pero también el público.

En el escenario vivirá emociones muy intensas…

Sí. Estoy trabajando para controlar todas esas emociones y que me ayuden a hacer una actuación impecable. Pero es cierto que, al ser una historia tan personal, me entran ganas hasta de llorar. Esa noche me sentiré acompañado de muchas personas.

Menudo estrés…

Esta presión me hace estar más alerta, porque no quiero decepcionar a nadie. A a veces, incluso intento desconectar un poco de la historia. Y vivirla de otra manera para no llevar toda mi realidad al escenario, porque si no, no podría cantar la canción. Yo entré en el estudio de grabación en esos días fatales en los que estaba ocurriendo todo. De hecho, el desenlace con mi abuela llegó dos días después. Y era cantarla y tener que parar a cada frase, porque me ponía a llorar. La contención se puede notar mientras cantas. Alguien decía que el mejor actor no es el que llora, sino el que contiene el llanto.

Las casas de apuestas están siendo duras. ¿Le condiciona?

No le hago mucho caso a eso. Yo voy a Eurovisión a hacer música. Mi apuesta es por mi familia y la gente que está a mi lado y confía en mí.

Así sentirá menos presión.

Cuando presentamos nuestras candidatas para este año, había gente que me decía: ‘¡Hubiera funcionado mejor un tema como Él no soy yo!’. Pero nunca se sabe. A mí siempre me ha ido bien no crearme expectativas. Y eso es lo que les diría a los eurofans y a la gente; ¡que se dejen sorprender!

¿En Eurovisión prevalece a veces el espectáculo sobre el arte?

Yo creo que el jurado de cada país sí que valora al intérprete. Si no hubiera sido por el voto del jurado, Pastora Soler no hubiera quedado tan arriba en 2012. El voto del público también es muy decisivo; valora que Eurovisión es un show. El festival se llama Concurso Eurovisión de la Canción, pero ahí hay más cosas que una canción; hay historias que contar, hay una puesta en escena, un vestuario. ¡Hay incluso entrevistas en las que puedes caer bien o mal! Hay muchas cosas en juego.

¿Teme quedar en mal puesto?

¡No! Después de lo que he vivido este último año, no me asusta.

¿Cuál es su favorita.

Yo soy un apasionado de la música francesa. Y me gusta mucho Bárbara Pravi, porque la suya es como una típica canción francesa, pero en 2021. Está bien que haya gente joven que cultive lo urbano, el reggaeton y todo eso, ¡porque me encanta! Pero ¡qué bien que lo otro no muera!

¿Cuáles son sus proyectos para cuando termine esta aventura?

El nuevo álbum. E intentaré cantar en directo pronto. Lo echo mucho de menos. Y participo en La vox kids, que ha sido una experiencia maravillosa.

Es un retorno a sus orígenes…

Yo nací musicalmente en los concursos infantiles. La voz kids ha sido poder verlo desde la silla en lugar del escenario y, sobre todo, interactuar con los participantes, cosa que conmigo no hacían los artistas. Una vez vino Rocío Jurado al Veo, veo, en 2002. Y nos dijo cosas muy bonitas. Poder hacer esto con los nuevos talentos, los niños y ver que cuando tú les hablas se les quitan los nervios, es un regalo.