Juan Viñas Alonso (Santa Cruz de Tenerife, 25 de abril de 1934) es una de las piezas claves en el engranaje del Carnaval, testigo de excepción de las Fiestas de Invierno, bajo la tutela del entonces concejal Ernesto de la Rosa, y luego del Carnaval de la Democracia, con el alcalde Manuel Hermoso Rojas.

Entró al Ayuntamiento de Santa Cruz en 1962 —año en el que se celebraban las segundas Fiestas de Invierno— tras ganar unas oposiciones para trabajar en el Negociado de Multas, donde tenía la responsabilidad de realizar certificados e informaciones; de ahí paso al Negociado de Tráfico y Transportes, departamento del que ocupó la jefatura desde agosto de 1970 hasta septiembre de 1971; bajo su gestión se concedieron un centenar de licencias de taxis de aquella época.

Nacido en el barrio de Cuatro Torres, cerca de donde vivió el recordado y célebre director y fundador de la rondalla Unión Artística El Cabo, el maestro Faustino Torres, Viñas atribuye a Ernesto de la Rosa el aprendizaje “del control de los duros”; también reconoce la labor de otro concejal, Juan Domínguez del Toro, el tesorero en la Concejalía de Fiestas. “Isaac Jiménez Calvo entró también siendo alcalde Javier de Loño. Nos reuníamos oficialmente los jueves a las cinco de la tarde, donde hoy está la junta de gobierno en la sede del ayuntamiento, que entonces era la comisión permanente”.

“Ernesto de la Rosa me mandó a buscar; yo era por esa época jefe de Negociado y Transportes del ayuntamiento. Ernesto me metió colaborando con el secretario y el administrador. El secretario dejó el puesto en 1972, y yo pasé a ocupar esa responsabilidad; luego se marchó Ángel Emilio Rojas en 1973 para Cespasa, la empresa a la que se adjudicó por primera vez el servicio de limpieza. Ernesto de la Rosa me pidió que me hiciera cargo de la administración porque consideraba que era la persona ideal. Coincidió que ese año había retomado mi carrera de Derecho y había aprobado Derecho Administrativo. Le dije a Ernesto que quería acabar la carrera y que no podía asumir el cargo. Al día siguiente me llamó el alcalde Javier de Loño, me dijo que lo sentía mucho pero que tenía que aceptar el cargo porque era de mucha responsabilidad. El presupuesto era de seis millones de pesetas…”.

La conversación con el histórico gerente de Fiestas, junto con Hermoso considerado padre del nuevo Carnaval, tiene lugar en una cafetería de la plaza de la Isla de la Madera, junto a la antigua Recova Vieja o Palace Royal. “La primera sede de la organización fue en el mercado viejo, frente a la taquilla actual del teatro Guimerá. Era una habitación, con un servicio, una mesa de reunión y al fondo la mesa del administrador. ¿El personal? Ángel Emilio Rojas y Aproniano Palenzuela. Tanto Ángel Emilio como Aproniano fueron dos funcionarios compañeros de una valía extraordinaria”.

1972: sortean un apartamento para recaudar fondos“

En 1972 a las murgas se les daba de subvención 30.000 pesetas: 15.000 antes de Carnaval y el resto, después. Las primeras 15.000 se las dábamos en especie. Hicimos unos banderines para venderlos. Otra cosa que hicimos, el programa. Contratamos una opción de compra de un apartamento en Los Cristianos. Hicimos rifas y les dimos los boletos a los grupos para que los vendieran”, cuenta Juan Viñas.

“Estábamos haciendo el recuento de los talonarios para hacer el acta y cada uno de nosotros llevaba mil pesetas en boletos. Estábamos oyendo la radio y salió el número; cuando lo oímos nos sonaba, y un jolgorio cuando vimos que el número no se había vendido. Fue en 1972, como si nos hubiera tocado a nosotros. Esto ayudaba a pagar a los grupos. Antes si te pasabas de presupuesto te la jugabas”.

Tras el paso de Fiestas de Invierno a Carnaval, en 1976, Juan Viñas asegura que “se evitaban las peleas para evitar que volviera a estar prohibido”.

1976: Santa Cruz relanza el Carnaval de Las Palmas

Juan Viñas recuerda que en 1976 el entonces concejal de Fiestas —precisamente en el año en el que Santa Cruz se atrevió a colocar un cartel a las puertas del teatro Guimerá con el nombre de Carnaval, en vez de Fiestas de Invierno, como ocurría desde 1961— “para la reserva de billetes, Ernesto de la Rosa me entregó una relación de billetes en la que yo estaba incluido. Cuando me vi en ella le dije a Ernesto que yo no iba a Las Palmas. Se cogió su cabreo, por supuesto, pero este niño se quedó aquí. En el chicharro. Embarcaron a Ernesto porque le calentaron la cabeza, llevaron a los Brasileiros, hicieron un King Kong en El Toscal y lo llevaron para allá…”.

1981: nació la comisión mixta del Carnaval

Entre las principales satisfacciones de Juan Viñas, la creación de la comisión mista del Carnaval, en septiembre de 1981. “El primer Carnaval de Manolo Hermoso fue en 1980, porque había tomado posesión en 1979. Fue presidente Antonio Buenafuente en 1980 y 1981. En el Carnaval 1982 se estrenó la comisión mixta, presidiéndola el alcalde. Formaban representantes de los grupos políticos y un representante de cada modalidad, como rondallas —representadas por Castillo, delegado de la compañía Marítimo Atlántico—, comparsas —con Manolo Monzón al frente—, o murgas —de la mano de Enrique González—, también de instituciones, como el CIT, con don José Sabaté. Antes de la comisión mixta existía la comisión de fiestas, que se constituía cada año, que era aprobada por la comisión permanente. La comisión mixta fue la que tuvo los primeros estatutos, eminentemente gerenciales. Hermoso me encargó la gerencia”.

En sus más de treinta años como responsable de la organización, Viñas trabajó con nueve alcaldes de Santa Cruz: Joaquín Amigó, luego Pedro Doblado Claveríe, Javier de Loño, Ernesto Rumeu, Leoncio Oramas, Félix Acuña Dorta, Manuel Hermoso, José Emilio García Gómez y luego con Zerolo. Otra anécdota, en este caso con Félix Álvaro Acuña. “Me trataba como un hijo. Una vez, para meterse conmigo, me dijo: ¿Sabes lo que te digo? El Carnaval de Las Palmas te va a pasar la pata por encima a ti; le dije: alcalde, a partir de este año, cien años de ventaja, y me llamó fanfarrón” (se ríe).

1982: nace la Piñata Chica

“Una vez hicimos la Piñata chica; creo que fue en 1982. Llovió muchísimo. Los feriantes se quejaron porque habían tenido pérdidas. Enrique González y Nicolás Mingorance se vistieron de negras, y se presentaron en el ayuntamiento con una instancia pidiendo Piñata Chica debido al mal tiempo. Una vez registrada la instancia se la subieron al alcalde, Manolo Hermoso, quien decretó el conforme. Fue de los días más grandes de Carnaval. Eran las seis y cuarto de la mañana y la calle estaba de bote en bote. Hice lo que dijo el alcalde: dos orquestas contratadas y una semana más de feria”.

1985: la gala llega a la plaza de toros

Entre los hitos de Viñas, de la mano del alcalde Hermoso, el salto de la gala, del teatro Guimerá, donde desde 1965 hasta 1984 se celebraba la elección de la reina, a la plaza de toros, entre 1985 y 1988, donde se desarrolló la proclamación de la soberana, experiencia que tuteló el entonces director José Tamayo. “Isabel Coello (prestigiosa costurera que acaparó la mayor parte de las reinas de la década de los años sesenta y setenta) era muy amiga de don José y también de Mary Carrillo. Estaba Ani Oramas de concejala y se lo dijo. Estuve una mañana con don José viendo zonas, porque tampoco quería un teatro. Fuimos al parque de La Granja, la plaza de España y la plaza de toros, y la eligió. Hasta pensó en sacar a la reina en una grúa, que luego no lo hizo… (se ríe). El ayuntamiento tuvo que haber comprado la plaza de toros”. No pasa por alto la anécdota del primer año de Tamayo al frente de la dirección, cuando en uno de los últimos ensayos generales dijo que estaba indispuesto y no podía ponerse al frente del espectáculo. “Fuimos al hotel Ani y Miguel, pedimos la copia de la llave de su habitación y cuando abrimos estaba acostado y tapado con las sábanas y lo obligamos a vestirse y dirigir la gala”. “Don José era un enamorado de esto, hasta se compró un piso en Ifara para residir aquí”.

Otro año de la plaza de todos, rememora cuando se pusieron las plumas en la corona del escenario. “Esa noche cayó un palo de agua a las tres de la madrugada; la lluvia me despertó. Cuando entro en la plaza… Estaba toda anegada. Llamé a Hermoso, y me dijo que llamara a bomberos y él a Adán Martín. En media hora estaban allí. Entre los dos sacamos los equipos de sonido”.

1987: el récord Guinness

“Ya en 1986 habíamos traído las mejores orquestas, que se daban tortas por actuar en el Carnaval de Tenerife porque era la puerta de entrada que les permitía una proyección artística en Europa. En 1987 se le ocurrió a Miguel Zerolo, y no sé si también de Paco Padrón, batir el récord Guinness. Recuerdo que estábamos en la azotea del Casino Opelio Rodríguez Peña, Manuel Hermoso, Miguel Zerolo, el arquitecto del ayuntamiento, el jefe de la Policía y un servidor con un plano que calculaba el metro cuadrado: desde la plaza de España para arriba hasta Peceño, no cabía nadie. Luego Cabildo, Correos, San José…”. “Cuando el notario certificó que había más de 250.000 personas bailando a la vez con la misma música en las calles de Santa Cruz recuerdo los abrazos en la terraza del Casino; fue muy emocionante, más de alguna lágrima vi”.

“El Carnaval es de todos, pero no es de nadie en particular; no seremos el mejor Carnaval del mundo pero sí somos el más seguro”, sentencia el histórico gerente que se curtió en la empresa familiar de la fábrica de tabaco Isol, en la calle San Sebastián, en la gestión económica antes de pasar a la administración pública, donde miró hasta el último duro como si fuera propio.