13 de septiembre de 2020
13.09.2020
arte

"Este es el momento de que los artistas demos un paso hacia delante"

12.09.2020 | 22:54
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Viento-Madera, la nueva exposición individual de Luis Palmero (Tenerife, 1957), abrió sus puertas en la lagunera Galería Artizar el pasado 4 de septiembre. Desde sus primeras exposiciones a finales de la década de los 70 del pasado siglo, el trabajo de este creador ha estado marcado por "una vocación minimalista entregada a la pintura, de gran carga poética y con constantes reflexiones sobre sus límites", destacan sobre él los galeristas. Palmero es, sin duda, uno de los principales creadores de las Islas y su obra está presente en importantes salas, desde el Museo Centro de Arte Reina Sofía hasta el Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM) pasando también por el Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM). Este es un año de proyectos y repasos para el pintor, que mira hacia adelante con ganas renovadas.

Esta es la quinta individual que cuelga en Artizar, una galería que además está de aniversario este mismo año. Entre usted y esta sala tinerfeña hay ya una relación que se remonta a más de 30 años.

Ha sido una relación fructífera donde hemos ido creciendo: Artizar como galería y yo como artista. Es curioso, tengo una relación muy amplia con dos galerías en Canarias. Una de ellas es Manuel Ojeda, en Gran Canaria. Llevo casi 40 años de relación con ellos. Con Artizar pasa lo mismo. Ese vínculo no se sustenta únicamente en las exposiciones individuales sino en muchísimas exposiciones colectivas que he hecho con ellos o que Artizar ha organizado en otros espacios. Ha sido una relación profesional muy grande y sobre todo de amistad. Primero con Carlos Pinto y estos últimos años con sus hijos.

Imagino que es útil y muy importante para un creador tener ese vínculo con dos de las galerías más importantes de las Islas.

Sí, he trabajado con diferentes galerías de la Península. Incluso con galerías de Madrid muy importantes como Elvira González o Elba Beníntez pero han sido relaciones puntuales que no se han desarrollado más allá. Es verdad que hay distintas relaciones con el mundo galerístico y en este caso la que tengo con Artizar ha sido a largo plazo.

Este año se avecinan muchos e ilusionantes proyectos. Vuelve con esta individual y en breve se presentará una retrospectiva suya en TEA Tenerife Espacio de las Artes.

Esta exposición de Artizar ha sido preparada con mucho cariño, desde luego. Es cierto que se están preparando dos proyectos importantes. Uno es una antológica en TEA de 40 años de trabajo, una revisión desde los años 80 hasta 2020. Creo que va a ser interesante, independientemente de que sea mía sino. Es la revisión de un artista que ha tenido una constancia en el arte canario y español. El otro proyecto es que va a salir un número sobre mí en la Biblioteca de Artistas Canarios. Será una monografía con texto de un crítico de Madrid muy relevante. Hay mucho trabajo últimamente (risas).

Este 2020, pese a las circunstancias, se le presenta lleno de buenas noticias. En ese repaso por estos 40 años, ¿con qué se queda? ¿Ha descurbierto algo nuevo?

Sí, he hecho ciertos descubrimientos. Uno de ellos es el vértigo que me ha dejado, al revisar todo, el hecho de que no haya parado de trabajar. Sobre todo eso. Me he dado cuenta de que hay una semilla que se ha implantado y crecido con el tiempo, ha dado sus frutos. Ver ese pasado, sin duda, me ha dado vértigo.

Esta exposición, Viento- Madera, es el resultado de la unión de dos series, ¿cierto?

Suelo titular las exposiciones con algo que está muy entroncado con la obra y sí que es la conjunción de dos series. Una es la que estoy desarrollando últimamente, que es sobre la memoria del viento. La otra está basada en formas geométricas y su armonía, en este caso representadas en la fachada de las casas tradicionales canarias. Es una interpretación que se hace de los huecos de las casas, en puertas y ventanas. Primero me di cuenta de que jugaba con el viento, algo muy recurrente en la pintura y la poesía canaria, desde Tomás Morales hasta Manolo Padorno o Andrés Sánchez-Robayna, César Manrique y Martín Chirino. Me gustó meterme también en esa corriente. La otra serie surge al comprobar que estaba componiendo con los huecos de las ventanas y las puertas, que es madera y tiene memoria. De ahí surge esa idea, que además es una concepto musical para hablar de determinados instrumentos. Tengo también una gran fascinación por la música. Escucho y leo mucho sobre ello. Realmente, el título hace alusión al lugar donde está asentado mi cerebro últimamente.

El empleo de los colores es una de sus señas de identidad. ¿Considera que es una expresión de su vitalidad o de una visión optimista?

Poner los colores, en mi caso, no hace alusión a un estado de ánimo pero sí a una situación, a un posicionamiento. Por ejemplo, Jorge Oramas, artista grancanario que murió con 24 años de una tuberculosis, tuvo una vida corta y trágica. Sin embargo, pintaba con unos colores que eran pura luz y pura alegría. Utilizo siempre el color pero no necesariamente tengo que ser una persona alegre o terriblemente ?feliz. A veces el color surge de una tensión.

Usted que dedica su vida a la creación, tras esta experiencia que hemos vivido todos con la pandemia, ¿considera que el papel del artista ha variado o que debería ?hacerlo?

Evidentemente, la situación se ha endurecido para la cultura. Lo que sí es cierto es que en este momento vital para los que nos dedicamos a la creación, ya sea de una disciplina o de otra. Es el momento de que los artistas demos un paso hacia adelante, de trabajar y hacer cosas más que nunca. Si esto se para, se para todo. S ibien es una situación dura, es el turno de dar un paso hacia delante y hacer muchas cosas. Tanto los creadores como la gente necesitamos de estas cosas. Curiosamente, desde que he inaugurado me han llegado mensajes diciendo que les gusta, que la disfrutan pese a la situación. Es el momento para intentar estar lo más positivo posible.

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