24 de mayo de 2020
24.05.2020

Cosas de familia, por SEDARIS

'Calypso' es la última colección de ensayos autobiográficos de un humorista que viste con risas su melancolía

23.05.2020 | 21:44
Cosas de familia, por SEDARIS

Ahora tenemos la oportunidad de leer Calypso, la colección traducida de relatos o ensayos autobiográficos de David Sedaris (Nueva York, 1956), un humorista tan controvertido como famoso. Pero para ello tienen que estar antes prevenidos de los detalles escatológicos, el humor negro y tener la mente abierta a las digresiones, a veces algo artificiosas, de un escritor que se muestra orgulloso de comportarse como un mariquita algo pijo, pero que también disfruta riéndose de sí mismo. Ahí van unas pistas: Sedaris creció junto a su madre, su padre, seguidor de Trump, y sus cinco hermanos en el área suburbana de Raleigh (Carolina del Norte), y sus piezas autobiográficas, publicadas habitualmente por The New Yorker, están destinadas a contar sus andanzas por el mundo: Chicago, Normandía, Tokio, Londres y el condado de West Sussex (Inglaterra), donde desde hace treinta años vive con su pareja, el pintor Hugh Hamrick y, como él mismo confiesa, un erizo llamado Galveston y dos ranas, Lane y Courtney. Espero que esto último, del erizo y de las ranas, no les haya hecho desistir: la escritura de Sedaris destila hilarantes ráfagas de ingenio.

Calypso es un retrato de familia, a veces descarnado, y de la existencia cotidiana. Su autor escribe sobre las horas que pasa deambulando por las carreteras alrededor de su casa en Sussex, recogiendo basura, o describiendo las tortugas de Emerald Isle, un pueblo en la costa de Carolina donde él y su familia van de vacaciones. Su quelonio preferido tenía un tumor que crecía fuera de su cabeza, y él siente la extraña necesidad de alimentarlo con su propio lipoma, un bulto graso benigno del tamaño de un "huevo duro sin cáscara". De repente contrasta su opinión con la de su marido Hugh, que por lo general suele tener más los pies en la tierra, o cuenta sus encuentros nocturnos con un zorro al que llama Carol.

Sedaris no es Saki, pero hay algo de él en su inclinación por los animales salvajes. Otras veces bromea sobre el drama existencial. Con él no hay forma de tomarse en serio el humor. La ventaja de envejecer, piensa, consiste en poder adquirir una habitación para los invitados. Escribe sobre las pérdidas cercanas, la de su hermana Tiffany, que se suicidó en 2013, y no ahorra detalles en contar el último encuentro que mantuvieron. La discusión con su padre es por razones políticas. El objeto de la rencilla familiar suele ser Donald Trump.

En una de las mejores piezas del libro, Toda una serie de asuntos que me han ido deprimiendo en los últimos tiempos, recuerda cómo en 1996 estaba aguardando en la cola de un supermercado del Low Manhattan y observaba a la gente haciéndose la siguiente composición de lugar: "Votante de Bill Clinton, votante de Bill Clinton, expresidiario, votante de Bill Clinton, turista extranjero, criminal, criminal peligroso, votante de Bill Clinton, criminal?". Y cómo algunos años después en el supermercado de Emerald Isle, en Carolina del Norte, al que acude después de pelearse con su padre, el proceso es ya algo distinto. "Trump, Trump, Trump, Trump, Trump y luego la cajera, que también e ra votante de Trump. Son presunciones mías, por supuesto. Quizá me equivoco. El tío que lleva la camiseta con un dibujo de un rifle semiautomático con la leyenda VEN A QUITÁRMELO SI ERES HOMBRE y que resopla como un jabalí mientras compra dos packs de doce cervezas cada uno y diez unidades de pudín de chocolate, quizá no haya votado a los republicanos. Tal vez se quedó en casa el día de las elecciones, dando de comer pudín a la mujer que tiene raptada y escondida en la habitación secreta que oculta pared con pared con su salida de estar".

Ese es Sedaris. El mismo que su madre descubre de adolescente imitando a su profesora de español con unas medias en la cabeza y le pregunta: "¿Qué te pasa? ¿Eres maricón?". Él reflexiona de esta manera: "Me habían llamado mariquita antes, pero siempre otras personas nunca mi madre. Además la palabra era más fuerte, mariquita era algo que decían los niños. Cuando mi madre me llamó maricón se me puso la cara roja y exploté.

-¿Yo? Pero ¿de qué vas? ¿Cómo puedes decir eso? ¿Y cómo puedes decírmelo a mí?".

La familia y su peculiar misantropía? Después de nueve colecciones publicadas, Sedaris sigue descubriendo cosas de sí mismo y los suyos emparentadas con la vida ordinaria más extraordinaria.

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