03 de mayo de 2020
03.05.2020

Una fascinante y proverbial alianza

El director conservador del Parque Nacional de Garajonay analiza la realidad de esta joya natural de La Gomera tras las celebraciones del Día Internacional de los Bosques y Día Mundial del Agua

03.05.2020 | 13:44
El agua de La Gomera depende de las funciones de captación que desempeñan sus bosques de laurisilva

El Día Internacional de los Bosques y el Día Mundial del Agua se celebraron los pasados 21 y 22 de marzo. Presumimos que esta proximidad en el calendario es intencionada, como reconocimiento de la estrecha relación entre el bosque y el agua. Esta relación es especialmente evidente en La Gomera, donde la mayor parte del agua dulce fluye de los bosques.

El agua es fundamental para la vida, para nosotros, los humanos y para todos los seres vivos que aquí viven y comparten con nosotros el Planeta. El agua dulce es un recurso escaso en Canarias y también en La Gomera. En nuestra Isla la mayor parte del agua procede, insistimos, de sus bosques, principalmente de sus bosques de laurisilva, buena parte de ellos incluidos en el Parque Nacional de Garajonay. Esta realidad, reconocida desde siempre por los gomeros, obedece a la suma de va
rios factores. Por un lado está el clima lluvioso y húmedo reinante en estos bosques que permite su propia existencia y la entrada de cantidades considerables de agua. A esto se une la irremplazable función captadora y reguladora del propio bosque que junto con la configuración geológica de la meseta central de la Isla, hace posible un considerable almacenamiento interior del agua en forma de un gran acuífero colgado en el centro de la Isla, de donde surgen los nacientes cuyos caudales siguen siendo los principales suministradores de agua. También tiene su importancia el relieve relativamente suave de dicha meseta, donde el bosque se asienta, que favorece la infiltración y que el agua no se pierda rápidamente en el mar, encauzada por los barrancos, como ocurre de una forma mucho más acusada en el resto de la Isla.

Para que el agua sea posible en La Gomera, todos estos factores se alían con la propia conservación del bosque de una forma proverbial y fascinante. En lo que sigue vamos a centrar nuestra explicación en cómo funciona esta extraordinaria alianza entre el bosque, el agua y la conservación.

La laurisilva está adaptada al máximo para sacar provecho de las condiciones ambientales en que vive. Sus copas, interceptan con eficacia la lluvia haciendo que llegue mansamente al suelo, y los musgos, helechos, arbustos, plantas herbáceas y el manto de hojarasca que alfombra el suelo, lo protegen con eficacia de la erosión cuando se producen aguaceros intensos. No nos olvidamos de los árboles muertos que yacen caídos, que actúan como obstáculos que frena y retiene el agua en las laderas inclinadas, ayudando a frenar la erosión. Además, en el caso de árboles de gran tamaño en avanzado estado de pudrición, su madera, convertida ahora en una auténtica esponja, se empapa completamente de agua, llegando a almacenar cantidades no despreciables que quedan retenidas y que cuando llegan momentos de sequía ayudan a mantener el interior del bosque más húmedo. La laurisilva forma, en definitiva, una especie de abrigo protector frente a las avenidas que protege con eficacia el suelo de la erosión cuando se producen aguaceros violentos.

Por otra parte, los profundos suelos de estos bosques, mullidos y porosos, enriquecidos por los residuos de hojame descompuestos, facilitan la infiltración que alimenta los acuíferos de donde mana el agua. De esta manera el bosque contribuye al almacenamiento subterráneo del agua durante los periodos lluviosos, haciendo posible la suelta gradual del agua que alcanza a los momentos de sequía.

En lugares con nieblas frecuentes como son los territorios donde la laurisilva se asienta, las copas de los arboles interceptan la carga de agua suspendida que llevan las nubes, haciendo posible que termine cayendo al suelo. Esta aportación adicional de agua, conocida como lluvia horizontal, es posible por la presencia de los árboles. Sin ellos, la niebla, libre de obstáculos, pasaría de largo sin dejar su carga de agua, dejando los suelos secos, tal como podemos comprobar en los lugares pelados próximos. Incluso la maravillosa carga de musgos que despliegan los troncos y ramas contribuye de manera importante a atrapar el agua de las nieblas. La aportación de agua debida a este fenómeno es muy variable, dependiendo de la pendiente, la orientación de las laderas y también la altitud. En las zonas situadas en las proximidades de las cresterías, esta captación es máxima, consiguiéndose duplicar la cantidad de agua que llega al suelo a lo largo del año. Además, en las cresterías bajas por debajo de 1.100 metros de altitud, bañadas por el mar de nubes en verano, los bosques llegan a captar cantidades considerables de agua durante los meses más secos. En nuestras experiencias medimos en estos lugares más de 60 litros por metro cuadrado de media en el mes de agosto, cuando en todo ese mes no suele caer una gota de lluvia.

De todo lo dicho, podemos deducir que el bosque funciona como una gigantesca destiladera productora de agua y como una enorme esponja que la almacena y suelta cuando más necesaria es. Como colofón a todo lo anterior, está el hecho absolutamente crucial de que la producción de agua de nuestros bosques depende de su estado de conservación. Los bosques degradados o de creación reciente, de escasa altura e impenetrables no solo no ordeñan el agua de las nieblas con eficacia sino que interceptan una gran cantidad de agua de lluvia que se evapora directamente sin llegar al suelo. Igualmente los bosques con los suelos compactados por el transito del ganado o carentes de mantillo a causa de su extracción, ven reducida considerablemente su capacidad de infiltración, de freno a la erosión y de regulación de caudales. Por ello, conservar nuestros bosques, mejorar su estado de conservación, ampliar incluso su territorio, protegerlos de los incendios y de los daños de los animales sueltos es la mejor manera para aumentar la cantidad y calidad del agua que disponemos.

Los bosques de laurisilva de La Gomera son nuestra fábrica de agua. Sólo por eso su conservación es vital para nuestra sociedad.

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