02 de febrero de 2020
02.02.2020

Bienvenida al alumno con una galería de arte

02.02.2020 | 03:45

La visita realizada por el rey Alfonso XIII en mayo de 1906 a Tenerife hizo posible que tan solo un año después comenzaran a llegar al IES Canarias Cabrera Pinto más de una decena de obras del Museo de Arte Moderno. El traslado de fondos se prolongó hasta 1911 y, desde entonces, el Prado ha mantenido una estrecha relación con la institución porque muchas obras han vuelto temporalmente a Madrid para participar en diversas exposiciones. De hecho, el pasado año se realizó un levantamiento temporal de Flores con una vela y un papel, de Benito Espinós, para su participación en la exposición Museo del Prado 1819-2019. Un lugar de memoria.

El grueso de las obras depositadas en el instituto se encuentran en el Salón de Actos, aunque también hay algunas ubicadas en el despacho del director. Se trata por tanto de cuadros que no tienen un fácil acceso para la población y precisamente el director Juan Barroso lamenta este aspecto y afirma que trabajarán para poder abrir estas estancias al público garantizando la seguridad de las obras. Uno de los levantamientos que más polémica suscitó hace unos años fue el que se quiso realizar de Las uveras, de Eduardo Chicharro y Agüera, que fue depositado en el Cabrera Pinto en 1906. En 2014, el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía -del que dependen algunas de las obras depositadas en Canarias desde su creación en 1992- lo solicitó para poder exhibirlo en su colección permanente. Finalmente, la presión ejercida por el centro, las administraciones tinerfeñas y diferentes agentes culturales de las Islas, provocó que el Real Patronato del Reina Sofía decidiera prorrogar el depósito.

Entre los cuadros que se encuentran en este centro educativo lagunero destacan obras de gran formato como es el caso de Playa, de Antonio de la Torre y López (1897), con más de cuatro metros de largo, que fue depositado a través de la Real Orden del 13 de diciembre de 1906. Cuatro años más tarde llegaría la Muerte de Churruca, de Eugenio Álvarez Dumont (1892), que también ocupa un gran espacio en el Salón de Actos de este centro educativo y que llama mucho la atención con sus más de seis metros de largo.

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