Puede cambiar el diseño de las botas policiales, el calibre y consistencia de las balas que abaten manifestantes, las palabras que vituperan a los dirigentes o la chispa que ha prendido el incendio. Pero, con todas las variantes locales imaginables, el planeta está viviendo su otoño más caliente en una veintena larga de países repartidos por los cinco continentes habitados. Un estallido social sin precedentes y con algunas características comunes: la denuncia de la miseria ciudadana y la corrupción gubernamental, la exigencia de reformas democráticas, la dureza con la que se reprimen las protestas. Un seísmo, en fin, en el que convergen antagonismos locales, regionales y globales sobre un monstruo de tres cabezas: veterana austeridad para casi 5.800 millones de personas -tres de cada cuatro habitantes del planeta-, omnipresentes redes sociales e incipiente guerra fría.

E Esto es como una tarta. Bueno, es una manera de verlo. Una indigesta tarta de chocolate decorada con un planisferio en el que pequeñas guindas confitadas marcan los puntos de conflicto. Si se levanta esa cobertura aparecen los pisos del pastelazo, separados por finísimas obleas que no logran impedir las filtraciones de unos niveles a otros. El primer piso, un conjunto de frutos secos, resecos, de todos los tamaños, es un mosaico de conflictos locales bañados en sanguínea confitura de fresa. Debajo, el segundo, menos fragmentado, se compone de desiguales láminas de frutos pasos, a veces muy pasados, que representan bloques regionales sumergidos en una agria confitura de naranja.

El tercero es de una sola pieza. Era un esponjoso bizcocho relleno de frutos confitados, pero se ha resecado. Una incipiente fisura de guerra fría lo recorre de izquierda a derecha y parece ensancharse, provocando corrimientos en los inestables dos primeros pisos. En el cuarto piso, una base de turrón de Jijona (el blando), no hay fisuras. Es la población del planeta, el cimiento del postre. Sin embargo, un examen microscópico de sus 7.500 millones de microglóbulos indica que 5.800, tres de cada cuatro, sufren contaminación bacteriana por austeridad extrema. Además uno de cada cien es víctima de un ataque de levadura que lo hincha sin mesura. Esos 75 millones de microglóbulos enfermos de hipertrofia se comen el 85% del volumen de la base, lo cual, por dispareja, la vuelve muy inestable. ¿Habrá que tirar la tarta? ¿O cabe resignarse a comerla y sufrir una dolorosa diarrea con hinchazón y flatulencia extremas?

E Mermelada de fresa. Las guindas de la cubierta delatan que el conflicto global tiene un gran foco, Latinoamérica, que se entiende bajando al segundo piso, el de los bloques regionales. En Latinoamérica, la clave parece el intento de Estados Unidos de provocar la caída del chavista Maduro en enero. La autoproclamación del opositor Guaidó como presidente, teledirigida desde Washington y reconocida por 60 países, ha sido el punto culminante de la política latinoamericana de Trump tras congelar la apertura a Cuba y alentar las sangrientas protestas contra la perpetuación del "orteguismo" nicaragüense. Pero el golpe de mano fracasó por ausencia de complicidad del Ejército venezolano, uña y carne del chavismo. A partir de ahí se producen movimientos que reflejan tanto la voluntad de Trump de desmantelar el "eje bolivariano" (Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia) como los contraataques izquierdistas.

Ecuador, Chile y Bolivia han sido las guindas estelares. En el primer piso, el de los conflictos locales bañados en mermelada de fresa, hay pistas explicativas. Veamos, por ejemplo, el caso ecuatoriano. Gobernado de 2007 a 2017 por el izquierdista Rafael Correa, cambió de bando tras las elecciones que en 2018 llevaron a la presidencia a Lenín Moreno, vicepresidente con Correa hasta 2013. Reconvertido al neoliberalismo, Moreno aplicó una política de recortes y consiguió en febrero un préstamo del FMI de 10.000 millones de dólares, que llevaba aparejada más austeridad y un alza de los impuestos al combustible. Esta medida levantó a los transportistas y dio la señal para que indígenas, estudiantes y trabajadores salieran a la calle. Tras once muertos en diez largos días de violencia, que forzaron al Gobierno a cambiar Quito por Guayaquil, Moreno anuló el alza del combustible y llegó una tensa calma. Ahora renegocia con el FMI.

E La base turronera. Un aspecto común a varias de las protestas es la negativa a aceptar el encarecimiento de los transportes. Rechazo que delata la precariedad a la que se han visto reducidos muchos microglóbulos de la base turronera de la tarta a consecuencia de la hipertrofia de ese uno por ciento atacado de levaduritis. Lo vimos en Ecuador, pero también en Haití, donde los disturbios estallaron en febrero y se mantienen con altibajos. O en el Irán asfixiado por las sanciones de EEUU, que el pasado día 15 inició cinco jornadas de revuelta en todo el país, saldadas con casi 150 muertos, al subir un 300% los combustibles. Amnistía Internacional las ve como las más intensas desde el establecimiento de la República Islámica en 1979. Y, en Europa, recuérdese, la mecha que disparó a los chalecos amarillos franceses en noviembre de 2018 fue el encarecimiento del diésel, que reveló la dependencia extrema del automóvil en la extensa "Francia vaciada", la que más ha pagado los recortes de la austeridad. Pero también fue una subida del precio del transporte, cuatro céntimos de euro en el billete de metro en Santiago, el desencadenante de la revuelta chilena.

E Las mentiras de Chile. Las protestas de Chile se dirigen contra un régimen neoliberal, pero a diferencia de las ecuatorianas, que buscan frenar la involución de un país hasta ayer bolivariano, afectan al emblema de las políticas impuestas por la escuela de Chicago tras la crisis de 1973. El Chile de Pinochet fue el laboratorio en el que los Chicago boys experimentaron sus ideas por primera vez y sin cortapisa alguna, logrando además que las blindase la Constitución vigente. El resultado fue el "milagro chileno", una impostura basada en poner el foco solo en las grandes cifras macroeconómicas y no hurgar en lo que esconden. Se crece pero no se reparte más que la pobreza. Chile tiene un 6,8% de desempleo, pero salarios de miseria y un sistema privado de pensiones que ofrecen al jubilado rentas de inframiseria. El resultado es que el 50% de la población malvive con el 2% de la riqueza, mientras que el 1%, los que difunden el estereotipo de la Suiza latinoamericana, acapara el 26,5%.

E Estopa a mansalva. Además de ser un nítido ejemplo de la miseria como causa de protestas, Chile es el mejor reflejo de la durísima represión de las protestas. El gatillo fácil de las fuerzas de seguridad no solo ha disparado las alarmas de Amnistía Internacional, sino las de la misma ONU. Su secretario general, António Guterres, ha sido tajante en su llamada a los gobernantes para que respeten el derecho de manifestación, y a los manifestantes para que sean pacíficos: "No puede haber excusas para la violencia por ninguna de las partes", ha dicho. En Chile, en los primeros días de revuelta, antes de que el Ejército se replegara, cayeron 23 personas, la mayoría por la misma causa por la que han caído 35 en Bolivia, 77 en Haití, 143 en Irán o 370 en Irak: los disparos de policías y militares. Salvo excepción, no se conocen disparos de manifestantes.

E La trampa bolivariana. La tercera gran guinda latinoamericana, Bolivia, ilustra bien otra de las causas de las protestas: la desafección de los ciudadanos hacia sus políticos, a menudo resumida en la palabra corrupción y en la exigencia de transparencia. Nicaragua, Venezuela, Haití, Honduras, Bolivia, Argelia, Guinea, Kazajistán, Azerbaiyán, Georgia, Irak, Líbano y Egipto son algunos países en los que el enriquecimiento ilícito de los gobernantes, sus trampas para perpetuarse en el poder o el ejercicio autoritario del gobierno estallan en grito callejero. A la vez, en Europa y Australia surgen por primera vez protestas contra el doble discurso político sobre el cambio climático.

La Bolivia de Evo Morales ha sido un ejemplo de crecimiento combinado con fuertes políticas redistributivas. Cinco por ciento de crecimiento medio del PIB desde 2006 y una reducción de la pobreza del 60% al 34% y de la pobreza extrema del 38% al 15%. Sin embargo, la voluntad de Morales de lograr un cuarto mandato consecutivo, en un país que en 2006 no permitía encadenar siquiera dos, le ha generado la desafección de parte de sus bases, ha abierto la puerta a un golpe militar y le ha llevado al exilio mexicano. El fracaso de Morales, que a diferencia de Maduro no contaba con el control del Ejército, desnuda los límites de la estrategia de toma del aparato de Estado por vías democráticas y obliga a la izquierda radical a un ejercicio de análisis.

E El bizcocho está reseco. La brecha entre gobernantes y ciudadanos, que en Europa se ha ido rellenando con creciente populismo xenófobo ultranacionalista, lleva seis meses situando a Hong Kong en primera línea informativa. El caso de la excolonia británica, entregada a China en 1997, es del máximo interés, pues permite situar el foco en el tercer piso de la tarta, el reseco bloque de bizcocho atravesado por la incipiente fisura de guerra fría. La revuelta de Hong Kong, que está generando y exportando los más innovadores métodos de organización, está alimentada por una población que, con un modo de vida occidental, no solo se resiste a converger con China, sino que quiere escapar de ella. Baste ver el mar de banderas de EEUU desplegadas el pasado jueves para celebrar la ley firmada por Trump en defensa de las protestas. Pero, más allá, Hong Kong funciona para Washington igual que Corea del Norte para Pekín: como una punta de lanza con la que hostigar al adversario en el momento de más intenso choque entre las dos potencias desde que iniciaron su deshielo a principios de la década de 1970.

Hong Kong es ahora mismo el epicentro de la naciente guerra fría entre China, respaldada por Rusia, y EEUU, cuya plasmación más conocida es la guerra comercial que amenaza con una nueva recesión, pero cuyos movimientos van mucho más allá. En particular los de inteligencia, cuya punta de iceberg visible son las injerencias rusas, y chinas, en procesos occidentales. La guerra fría se caracterizó por minimizar los roces directos entre EEUU y la URSS a través de conflictos periféricos por todo el mundo. Parece probable, pues, que la actual explosión de protestas, nacidas o reavivadas en su mayor parte en octubre y noviembre, responda a movimientos causados en el primer y el segundo piso de la tarta por la fisura creciente que se detecta en el tercero.

E Y unos hilos de red social. Sumen el creciente deterioro de la condición vital de los 5.800 microglóbulos de la base enfermos de austeridad extrema y, con unas gotas de efecto contagio, tal vez tengan cierta idea de por qué arden hoy mismo tantas calles en todos los continentes urbanizados del mundo. Eso sí, no olviden añadir a la mezcla unos hilos de redes sociales. Al fin y al cabo, la revuelta de Líbano se inició por la pretensión gubernamental de imponer una tasa diaria de 20 centavos de dólar a las llamadas por Whatsapp.