Trayectoria
Paola, la vecina del Heliodoro
Juega en Liga F como local en la misma calle en la que ha vivido siempre. Paola Hernández solo tiene que caminar un par de minutos por la santacrucera avenida de San Sebastián para llegar al Rodríguez López. Lo hará este domingo con la esperanza de que el Costa Adeje logre el primer triunfo en casa.

Paola Hernández, junto a la antigua puerta de la grada de Herradura del estadio Heliodoro Rodríguez López. | MARÍA PISACA
La vida de Paola Hernández (Santa Cruz de Tenerife, 25/7/2002) siempre ha estado ligada al deporte. A los seis años empezó a jugar al fútbol en el colegio La Salle. «Lo compaginaba con baloncesto, pero no pensaba mucho más allá», afirma en una entrevista a Liga F. Tal era su pasión por darle patadas a un balón, que incluso sus padres lo utilizaban para tenerla entretenida. «Tuvimos unos vecinos murcianos a los que les encantaba el senderismo. Yo me aburría un poco, y yendo para el Teide, mis padres me llevaron una pelota en una bolsa para que estuviera distraída», confiesa entre risas. Esa indecisión entre ambos deportes la llevó a dejar un año el baloncesto para dedicarse exclusivamente al fútbol. Al año siguiente solamente hizo baloncesto y, precisamente, ese curso su vida cambió para siempre.
«En el patio del cole seguía jugando con mis amigos y, justamente, la hija del que era en ese momento el entrenador del filial del Tenerife iba al mismo colegio que yo y me animó a ir un día a probar. Yo estaba solo con baloncesto, pero mi padre también me insistió», confiesa. En ese momento, ella no sabía que podría dedicarse profesionalmente al fútbol. Para ello tuvo que esperar a enero de 2018, cuando recibió su mejor regalo de Reyes. «Mis padres ya lo sabían y el día de Reyes me dijeron que había otro regalo, me enseñaron la convocatoria con la selección española, y yo flipando». Apenas unos meses después, esa niña que jugaba con sus amigos en el colegio de La Salle, se convirtió en campeona de Europa sub 17, y en diciembre tocó el cielo proclamándose campeona del mundo sub b17 en Uruguay.
Un título que tiene grabado en su piel. «Fue el primer tatuaje que me hice. Era menor de edad todavía. Varias compañeras se querían tatuar la palabra invencible, pero yo me hice algo más sencillo. Me puse Uruguay, las siglas del campeonato y la estrellita», expresa la centrocampista, que también fue campeona del COTIF sub 19. Paola tiene otros seis tatuajes más, todos ellos dedicados a su tierra, Tenerife, y a su familia: «El Teide, la silueta de Tenerife también abajo en el pie, el número 7, dos corazones-cabecitas enlazadas y yo en medio, otro que pone Take It easy y un corazón detrás del brazo», afirma emocionada. Precisamente, su familia, que fue la que le transmitió su amor por el equipo tinerfeño, es el pilar más importante de su vida. «Lo es todo. El tiempo que tengo libre casi siempre lo dedico a estar con ellos», declara.
Precisamente, la futbolista tinerfeña vive en la avenida San Sebastián, a apenas cinco minutos del Heliodoro a pie, al que iba cuando era pequeña a ver al Tenerife masculino. Ahora es a ella a la que van a ver. «Cuando era pequeña me dicen eso y yo ni me lo creo. Es una sensación indescriptible», expresa. Además, ya sabe lo que es marcar en el estadio, en el empate ante el FC Badalona Women (2-2), un tanto con dedicatoria especial, para su yeya, su abuela Luisa. «Si hubiera estado, viva seguro que lo hubiera cantado desde casa antes de que se viera por la tele. Encima estaban mi padre y mi tío y sus dos hijos en el Heliodoro», confiesa emocionada. Esa sensación de jugar en el histórico estadio no se podría haber dado sin el acuerdo que se produjo este verano con el CD Tenerife masculino.
«Es crecimiento para todos tener un equipo en Primera División en el que las niñas puedan verse reflejadas. El sur es precioso, pero aquí hay mucha más población», explica. Además, Paola ha ganado mucho en calidad de vida. «Los años anteriores me hacía una hora en coche, luego la universidad… Mis días eran un caos, pero ahora subo caminando al estadio», declara la centrocampista, que siempre le ha dado prioridad a estudiar mientras jugaba al fútbol. En 2024 se graduó en el Grado en Maestro en Educación Primaria con la mención de atención a la diversidad. «Es muy importante formarse, sobre todo con la realidad que tenemos en el fútbol femenino, porque te lesionas o te va mal y siempre hay que tener esa alternativa. El plan A eran los estudios y el B hacer deporte», explica la centrocampista tinerfeña.
Y, es que, su camino no ha sido nada fácil: «Tuve suerte porque tenía el certificado de deportista de alto nivel, pero aun así hay momentos en los que es un poco complicado y se puede hacer cuesta arriba». Ya con la carrera terminada, su pasión por seguir formándose la ha llevado a colaborar con una ONG, Aspronte, una asociación familiar para personas con discapacidad intelectual. «Una vez deje el fútbol, me quiero dedicar 100% a esto, y ahora estoy yendo como voluntaria para ver poco a poco cómo funciona», explica. El 14 de abril de 2024 vivió uno de los momentos más duros de su carrera. En un partido ante el Madrid CFF se lesionó la rodilla. Rápidamente se dio cuenta de que se había roto. «Fue un crujido medio extraño. Si no era cruzado sabía que algo me había roto», explica. Terminó siendo el cruzado.
Reforzada tras la lesión
Un año de recuperación que ella se toma con positivismo. «Ahora soy una jugadora más fuerte a nivel físico y en ese aspecto me ha venido bien», confiesa. El 13 de abril de 2025 volvió a los terrenos de juegos ante el Granada CF, y precisamente ese día fue el más difícil de todo su proceso. «En la misma semana en la que volví a jugar, se me murió mi abuela Luisa. Y yo tenía expectativas de querer estar ya al 100%, pero era frustrante porque todavía me quedaban muchos meses por delante, de trabajo y de volver a tener ese ritmo competitivo», ensalza. El apoyo de su entrenador y de sus compañeras, y muchos entrenamientos durante el verano hicieron que esa lesión no fuera más un aprendizaje en su carrera, y esta temporada ha vuelto a ser una de las piezas clave del Costa Adeje Tenerife, que cada año sigue creciendo.
«Desde mi punto de vista, tiene el triple de mérito aguantar tantos años en la élite sin tener el sustento del masculino. Es de alabar la gestión del club», explica sobre el cuadro tinerfeño, que siempre se mantiene en la zona media-alta de la tabla de Liga F. «Con los éxitos de la selección, la Liga también crece en cuanto a nivel y estamos en el buen camino. Con pequeños pasitos se conseguirán grandes cosas», apunta, como que sea obligatorio el césped natural en todos los estadios: «Es un acierto porque en fútbol masculino no se contempla que en Primera haya un equipo que juegue en césped artificial». A sus 23 años tiene toda una carrera por delante y dos sueños, «seguir haciendo las cosas bien en la Isla y recibir la llamada de la selección absoluta». n
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