Cero preocupación en el CD Tenerife
Tres días después de que el Tenerife encajara la primera derrota de la temporada, conviene no quedarse solo con el barniz de hiel del resultado adverso

Nacho Gil junto a Alexandre Corredera, en una jugada del partido Tenerife-Sporting. | ANDRÉS GUTIÉRREZ

Les reconozco que tenía olvidada la sensación de desazón y desamparo que produce en el ánimo una derrota del CD Tenerife. La sensación te deja mal cuerpo según el árbitro pita el final y se va haciendo bola conforme pasan las horas… y los días. Total, que es lunes y aún nos dura la amargura por un resultado que forma parte del juego y habría que asumir con naturalidad, aunque duela. Venimos de un año tan amable –en lo numérico y lo clasificatorio– que hacía mucho tiempo que no escocía tanto el punzón de un revés, además en casa y con un entradón en las gradas (más de 17.000 que se fueron afligidos a casa, pero orgullosos por la actitud y el equipo que los representa). El caso es que ocurrió en viernes, así que hemos tenido después un larguísimo fin de semana para ir masticando el disgusto pero también para ir comprobando –a través de los resultados ajenos– que cuesta un mundo ganar en la Hypermotion.
El tiempo sirve para digerir lo que en el momento nos pareció un mazazo grande, no nos vamos a engañar. Fuimos al Heliodoro con tan altas expectativas que casi olvidamos que podía darse un resultado negativo, más todavía por la forma en que nació la primera mitad, repleta de buenos y esperanzadores argumentos. Ahora bien, del estadio creo que la mayoría salimos más tristes que preocupados. Nervios cero. El funcionamiento colectivo del Tenerife, avalado además por las declaraciones posteriores de Cervera («volvería a plantear este partido de la misma manera», vino a decir), el desarrollo del propio envite contra el candidato Sporting y los registros diversos que presenta esta plantilla no deben alimentar el pesimismo ni encender ninguna luz de alarma. Más bien al contrario, 72 horas después sigo sin detectar señales para la preocupación o el desasosiego. Las habría si este Tenerife fuese un caos o un disparate en su regreso a Segunda, si hallase dificultades para la adaptación a su nueva realidad, si viese que los rivales son netamente superiores sobre el verde o si al bloque de Cervera se le vieran las costuras. En definitiva, si no compitiese. El viernes sí lo hizo aunque el Sporting fue más solvente y eficiente en las áreas, así que se llevó los puntos.
Tres días después de la primera derrota, conviene no quedarse solo con el barniz de hiel del resultado adverso. Tampoco con la sensación de que el equipo se olvidase de atacar (lo hizo con balines de plástico, expresión que le tomo prestada a mi compañero Luisfer Cabeza) y por momentos con un cierto desorden, el que se produjo en la segunda mitad cuando desapareció de la escena un imponente Juanjo, que ha irrumpido en Segunda con una solidez que abruma. Hubo sombras, sobre todo en los compases finales, pero que el disgusto no nos impida ver también las luces. En los primeros 45 minutos hizo Jesús Álvarez una jugada casi maradoniana, de esas a las que solo te atreves si vas sobrado de confianza. Miras y comparas con otros recién ascendidos y el Tenerife no parece novel en su regreso a la Hypermotion. Va bien armado de argumentos –algunos de banquillo están aún por descubrirse– y sigue siendo reconocible en la apuesta, los planteamientos y las intenciones. En cinco palabras: sabe a lo que juega. Hoy que es lunes ya estamos deseando que llegue el sábado y la propia competición le brinde al representativo la opción de revancha en el laberinto de Zubieta –partido difícil, que nadie se lleve a engaño– pero aprovecho para desmentir que el viernes hubiese por parte del Tenerife un paso atrás o un apagón que nos precipite a la preocupación cuando siquiera ha empezado septiembre. Van tres jornadas y nadie en la competición ha hecho pleno de puntos. Que sirva para valorar cada uno de los seis que ya lucen en el casillero propio.
De Miguel, mala solución para un caso complejo
En la historia de la Primera División española hay un ejemplo al que se recurre con frecuencia para demostrar que los giros imprevisibles sí existen. Uno muy sonado lo protagonizó Iván Zamorano, descartado una y mil veces por el Madrid de Valdano hasta que el chileno se empeñó en quedarse y logró convertir el ostracismo en goles. No parece que lo propio vaya a ocurrir con Jesús de Miguel, que ha hecho valer su año de contrato para permanecer en Segunda, la categoría que el Tenerife conquistó el 1 de mayo con una importante cuota de protagonismo y goles suyos. Su decisión le priva de mejorar su posición personal -podría ser relevante en otro proyecto y además agrandar su salario- pero además le resta al representativo los 200.000 euros que se habían previsto por su posible traspaso. Un dinero que habría podido alimentar las opciones del club para firmar a un jugador de nivel en el mercado que cierra mañana. Ojo, que nadie achaca ninguna culpa de nada a Demi, compañero ejemplar y futbolista relevante el año pasado, pero queda la impresión -ojalá equivocada- de que se ha optado en su caso por la peor de las soluciones. O al menos, por una que no convence a nadie.
Fichajes: que funcionen y no que suenen bien
Antes de empezar la liga me llamaron la atención unas manifestaciones de Álvaro Cervera en las que salía a justificar su predilección y deseo por uno de los nombres pretendidos en este mercado (Dawda) ante la percepción de que al ariete ya le estaban acribillando cuando ni siquiera había firmado, ni estaba cerca. En los entornos hay nombres que se reciben con gesto mohíno porque son desconocidos o tienen pocos renglones en Transfermarkt; y otros a los se aplaude sin motivo aparente solo por que suenan bien al oído. Años atrás, en el club había un gerente que consultaba cómo respiraban foros y cuentas de Twitter antes de acometer cualquier operación relevante. Así se cayó el fichaje de un técnico cuyo contrato estaba redactado (Julio Velázquez) para traer a otro al que sacaron de la comunión de su sobrina (Fran Fernández) para que firmase por el Tenerife aprisa y corriendo. Aquello no salió bien porque se hizo sin convicción, casi por inercia. Siempre mejor elegir las opciones que ofrezcan seguridad y generen consenso de puertas adentro. Entre los fichajes mediáticos que generan entusiasmo (Ximy Ávila o Juan Soriano) y los que ofrecen soluciones a los problemas que ansía resolver el míster, siempre y sin dudar mejor los segundos que los primeros.
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