Llamarse David en el CD Tenerife
Creció en un contexto de altas dificultades para la cantera y tuvo que salir cedido en una de esas operaciones por las que casi nadie apuesta un centavo

Álex Sola y David Rodríguez, en el partido Tenerife-Almería. / María Pisaca
Hay 372.975 personas en este país que llevan por nombre David. Y son más del triple los que lucen en su DNI el apellido Rodríguez, el segundo más común en toda España. Así que probablemente a muchos ni les suene David Rodríguez, el dorsal 2 del Tenerife, y que su rendimiento y buenas maneras hayan pasado desapercibidos para la mayoría de seguidores de la categoría. Quizá tampoco sepan del impacto que ya tuvo David en el trayecto del representativo hacia el ascenso a Segunda y el que está teniendo en el inmaculado comienzo de temporada en el reencuentro del club con la Hypermotion.
David Rodríguez no alza la voz, no llama la atención, su demarcación no luce tanto como otras y cuando ha tenido pretendientes, casi nunca se ha sabido. Su afán por desoír ofertas viene desde niño, cuando respondió de forma muy elegante -la educación le viene de familia- a la primera llamada de Las Palmas, que tocó a sus puertas en edad cadete. «No gracias, soy del Tenerife», fue su respuesta de cinco palabras. La mejor declaración de amor a unos colores y un escudo.
El afecto al equipo patrio se lo inculcaron desde la cuna. Hijo de birrias, David se emocionó el día del ascenso cuando a través de la radio pudo escuchar la voz entrecortada de su padre, uno de los grandes sostenes de un niño normal que parece un futbolista normal, pero que es en realidad un superdotado para la posición que ocupa sobre el terreno de juego. Así lo acreditan las métricas, los porcentajes y las cifras de su aún incipiente singladura por la élite, que ya ha abierto los ojos de técnicos rivales, comentaristas especializados y también ahora de algunos scouters que aprecian con sorpresa la evolución de un tal David que juega en Tenerife.
Rodríguez creció en un contexto de altas dificultades para la cantera y tuvo que salir cedido (al Antequera) en una de esas operaciones por las que casi nadie apuesta un centavo. Mientras la mayoría de futbolistas que se marcharon a préstamo lo hicieron para no volver, el tinerfeño cumplió con creces en su club de destino y regresó más curtido, hecho un hombre.
Este año en el vestuario ha dado sobradas muestras de madurez deportiva y profesional. Se comporta como un veterano, juega como un adulto. En realidad ya lo es. 44 partidos con gran rendimiento en Segunda adivinan un porvenir esplendoroso - ya veremos si siempre teñido de blanquiazul- para un futbolista al que hace años que sus técnicos y compañeros en la cantera no solo veían carne del primer equipo; es que ya le veían capitán. Sus galones lucen ahora no solo en forma de brazalete, también en cada secuencia y en cada latido de los partidos que acaba exhausto porque David no se entrega; se vacía.
El lunes llamó la atención que publicase el club el nombre de sus cuatro aspirantes al MVP semanal y que el defensa no apareciera siquiera entre los candidatos. Secó a Embarba (palabras mayores) y lo hizo en una demarcación que no es la suya. Rodríguez, que empezó de central, fue acostándose a la derecha de la mano de Mazinho y ahora se ha reafirmado como un excelente lateral izquierdo. La solvencia del tercer capitán no entiende de posiciones ni coyunturas, solo de rendimiento. Ahí donde está, cumple. «Me lo llevaría conmigo a cualquier equipo al que me fuera», dijo Cervera. Y en su entorno más íntimo revelan que ese ha sido el mayor premio para David en sus años de futbolista. Ni la medalla que guarda como oro en paño por el ascenso a Segunda, ni las camisetas que intercambia con los rivales, tampoco la prenda del debut. Lo que a Rodríguez de verdad le llena es la valoración sincera del jefe y el aprecio unánime de sus compañeros de vestidor.
El 2 del Tenerife tiene más mercado del que parece y más influencia de la que pudiera suponerse en este equipo que ha entrado con fuerza en el laberinto impredecible de la Hypermotion. Pero ocurre todavía que se le confunde entre la multitud. A la prensa nacional le lucen más los Jefté, Ounahi, Chayra o Liso. Será porque marcan goles, será porque no se llaman como otros 372.975 españoles a los que también bautizaron como Luis y Lucía, sus padres, hicieron con David Rodríguez Ramos. Al que dieron un nombre normal y corriente.
El traspaso fallido de Álex Corredera
La escasa estatura como dirigente deportivo (y como gestor de grupos humanos) de José Miguel Garrido la retrataron en su día situaciones surrealistas como el par de veces que rompió un billete de 50 euros en presunta señal de poder -esa sobredosis de arrogancia fue en realidad una ridiculez manifiesta- o cuando una bronca suya hizo volar por los aires la tablet de Teto en una charla a puerta cerrada en un hotel de Córdoba. Pero ninguna operación tan ruinosa como la del traspaso fallido de Corredera. No fue mala suerte, fue una demostración absoluta de desconocimiento profundo. Al ahora metrónomo del Sporting le volvieron loco a llamadas. Primero para decirle que iba a ser importante y piedra angular; luego para instarle a salir por las bravas. Por el camino rechazaron la opción de un club mexicano al que sí quería ir; y acabaron por malvenderlo a un equipo ruso que desapareció a los pocos meses. El Tenerife sigue sin cobrar un euro de aquella venta que le dejó huérfano de un futbolista capital y que alimentó sus opciones de descenso. Imposible hacerlo peor.
Que no se pierda el deseo de disfrutar y ganar
Ayer publicamos en EL DÍA la lista de noveles del Tenerife, que son unos cuantos. Juanjo, Fabricio, Noel o Pecar están de estreno en la Hypermotion. La sensación de novedad alimenta el entusiasmo. En este grupo hay muchas ganas de hacerlo bien, lo cual quedó de manifiesto el domingo frente al Almería. El entrenador visitante explicó a la perfección cuál fue la llave maestra para abrirle al representativo las puertas del triunfo. Y fue el desee, la voracidad, la ambición por competir cada jugada y cada duelo. Solo así se explica que los blanquiazules acabasen fundidos. Que no pierdan nunca la ilusión de competir, batallar, sufrir juntos y celebrar cada punto conquistado es lo que va a diferenciarles de otros muchos rivales que afrontan sus partidos de forma casi funcionarial. Mientras otros despachan la competición como quien pone sellos en una oficina, en el Tenerife se adivina un disfrute difícil de disimular. Hoy, nueva ocasión para escenificarlo en el Heliodoro, que estará lleno. De espectadores y de entusiasmo. No es para menos.
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