Este Tenerife es un primor
Para deleite del Heliodoro, el Tenerife jugó con la seriedad, el aplomo y la templanza de un equipo llamado a grandes cotas en esta categoría

Los jugadores del CD Tenerife celebran el tanto que dio la victoria ayer al conjunto isleño. / MD
El Tenerife que había desarbolado al Eibar en su propio feudo fue capaz de tumbar anoche a uno de los grandes aspirantes al ascenso. Le habrán entrado las dudas al Almería, que se las prometía felices tras despachar con suficiencia en su debut a un recién llegado como el Eldense (3-0). Nada que ver el nivel de su primer rival con el del segundo aunque ambos vinieran del barro. Para deleite del Heliodoro, el Tenerife jugó con la seriedad, el aplomo y la templanza de un equipo llamado a grandes cotas en esta categoría. Esta portería a cero sabe a gloria.
Cuentan desde dentro que la gran reválida para los fichajes nuevos no es aprender el idioma (para aquellos que vienen desde el extranjero), tampoco adaptarse a las rutinas del vestuario ni hacerse a las costumbres y hábitos insulares. Lo más complicado –dicho por los futbolistas que ya estaban– es asumir e interiorizar que el Tenerife es un equipo de obreros del balón donde el esfuerzo no se negocia. Nunca, en ningún caso.
Con el inconfundible sello de Cervera, el representativo supo mantener a raya anoche a un auténtico plantillón y generó incomodidades múltiples al Almería prácticamente desde el amanecer de la contienda. Poco a poco fue gestándose la superioridad blanquiazul, que se trasladó al marcador antes del intermedio a través de una asistencia delicatessen de Nacho Gil (ahí va otra) y la magistral ejecución de Enric, que ya rima con Pichichi.
Si al Almería le sobraba presuntamente la calidad, al Tenerife el trabajo ímprobo en todas las facetas del juego. Con la traca de Gallego llegó el delirio a la grada pero el equipo siguió a lo suyo. Ni un centímetro le dejó para crecer al presunto candidato, que se vio obligado a arriesgar y ni aún así marcó. Ya son dos los equipos llamados a estar arriba y entre los dos le han hecho tan solo un gol a los blanquiazules. Ahí radica el mérito del equipo de Cervera, que los empequeñece mediante la presión asfixiante y la labor incansable de recuperación rápida tras perdida. Un primor.
El equipo isleño llevó a la mínima expresión el fútbol entre líneas del equipo andaluz e hizo de la cohesión grupal su mayor arma. Con balón jugó con mucho criterio; sin él, supo gestionarse antes de cobrar ventaja y supo sufrir después. Ni siquiera cuando el Almería sacó toda su pólvora a relucir logró obrar el empate.
Nadie va a emborracharse por tanto elogio (merecido) porque este vestuario sabe que en esta categoría cada partido será una conquista. Pero este pleno –seis de seis– no es solo una bendición para la familia blanquiazul tras tantos años en la penumbra; es también la confirmación de que este Tenerife le compite a cualquiera. Y además juega de maravilla.
Aitor: el cariño verdadero ni se compra ni se vende
No sé si la historia se conoce lo suficiente. Después de la final por el ascenso perdida en el Coliseum en 2017, Aitor Sanz no tuvo tiempo siquiera de llorar la derrota y digerir la decepción, que fue mayúscula. Al capitán lo ingresaron en el hospital con una urticaria por estrés. La tensión acumulada había sido tantísima en aquellas dos eliminatorias (contra Cádiz y Getafe) que su cuerpo dijo basta. Ayer, el Heliodoro tributó al madrileño un regalo sonoro de los que no se olvidan porque salen del alma. El aplauso infinito para Sanz era el de una afición que no olvida la forma en que siempre honró y sufrió por esta institución, sus noches sin dormir cuando las cosas se torcieron, su derroche de entrega por el Tenerife de sus amores y su condición de futbolista ejemplar. La insignia (merecida) lucirá para siempre, pero la cerrada ovación del Heliodoro perdurará incluso más allá que brillo de su trayectoria. El cariño verdadero ni se compra ni se vende.
Tantos feligreses como la Isla y el club merecen
Tiene aura el Heliodoro Rodríguez López. El estadio que más partidos de Segunda ha visto jugar sobre su 107x70 demostró ayer lo sediento que estaba de fútbol y se entregó a la causa blanquiazul como en las grandes ocasiones. Pocos escenarios en la actual Hypermotion con la banda sonora celestial del coliseo capitalino, que firmó un entradón con aroma a lleno. Aquí el mérito es incuestionable por parte de la directiva que lidera Rayco García, cuyas decisiones recogen un altísimo grado de aceptación en la grada, la masa social y el entorno en general. Durante muchos años se le compró a directivas anteriores un relato que en realidad era mercancía averiada. Tener 10.000 o 12.000 abonados nunca podía asumirse como un éxito para una isla que respira fútbol por todos los poros de su piel y en la que vive una multitud entusiasta y orgullosa de su equipo. Ahora sí, Tenerife y Heliodoro suman tantos feligreses como este club merece.
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