Despegue inmediato: el CD Tenerife también derrota al Almería
Después de iniciar la Liga con un 1-3 en Eibar, el equipo blanquiazul se estrena en el Heliodoro con un 1-0 de mucho mérito ante uno de los rivales más potentes. Enric Gallego, autor del único gol.

El tiempo dirá hasta dónde es capaz de llegar el Tenerife en la temporada de su regreso a Segunda División. De momento, seis puntos en juego y un pleno. Victoria en Eibar y también en el debut en casa ante el Almería. Bastó un gol de Enric Gallego en la primera parte para superar a uno de los rivales más potentes de la categoría. Eso y otra actuación coral, solidaria, sin fisuras -ninguna parada de Dani Martín-. Un Tenerife ganador de duelos y de cada minipartido para desactivar al adversario con un trabajo de laboratorio marca de la casa. Lo dicho, el tiempo dirá. Pero los blanquiazules, desde su teórico perfil bajo por ser uno de los ascendidos, van adelantando trabajo para avanzar por el calendario sin la presión de los que comienzan mal, los que se complican la vida. Hace dos años, eso fue lo que le tocó al representativo. Ahora, el panorama es otro. Muy diferente.
Cervera se decantó por no repetir la alineación de la visita a Ipurua. Influyó más el cambio de rival y la sospecha fundada de que el guion iba a ser diferente, que la voluntad de cumplir esa ley no escrita que dicta que lo que funciona no se toca. El once se acercó más al de la temporada del ascenso. Prescindió de los fichajes Jorge Moreno y Viereck y completó la defensa con César y Landázuri, disponible después de cumplir en Eibar una jornada de sanción que arrastró de la campaña pasada. Además, sacó a Noel y puso a Iván Chapela. De resto, los mismos del debut liguero.
Con estos argumentos, la primera impresión fue la esperada, la de un Tenerife intenso en la presión, nada conservador. Una propuesta que obligó al Almería a tomarse las cosas con calma para no convertirse en cómplice facilitando el plan de su oponente. Pero como no está diseñado para verlas venir, el equipo de García Pimienta trató de activar su maquinaria para empezar a tocar el balón en el campo contrario. El resultado, un pulso igualado, cada uno con su estilo. Y las primeras sacudidas en las áreas, en la visitante para empezar con una caída de Chapela -el arbitro no vio penalti- y un remate de Nacho taponado por Vesga. Como respuesta, una pérdida de David que pasó de la amenaza al alivio. Y para añadir otro ingrediente, una tempranera tarjeta amarilla a Jesús. En definitiva, un menú variado para abrir boca en el estreno del curso en el Heliodoro.
La secuencia creció casi sin respiro. Porque el Tenerife no se conformaba con explotar el recurso del contragolpe. La prueba, una combinación por el costado derecho que finalizó Juanjo con un chut alto (10'). Una manera de ampliar los registros e intimidar. Entre unas cosas y otras, la tendencia empezó a entrar en el camino de una supuesta naturalidad, con el porcentaje de la posesión aumentando a favor de un Almería sin filo y un Tenerife aferrado al factor sorpresa. Las cartas boca arriba tampoco fueron un claro indicio de que el duelo se fuera romper fácilmente. La cuestión era que en la ecuación seguían faltando las ocasiones claras de gol, de unos y de otros. En el minuto 17, los blanquiazules pusieron de su parte con un pase de Víctor Moreno a Enric, que no acertó a conectar el remate al borde del área pequeña. Palmada de impotencia del capitán.
Este nuevo aviso llenó de confianza a los de Cervera, que pasaron a llevar la iniciativa teniendo más el balón. Cambio de papeles. Esa dinámica se fue consolidando. En el Almería seguían sin aparecer sus jugadores más influyentes, Embarba, Melamed, Miguel de la Fuente... Y el Tenerife iba creciendo. Por eso no sorprendió que cayera el 1-0. Como en Ipurua, el primer tiro entre los tres palos acabó en la red. Y como en Eibar, el encargado de ejecutar fue Enric Gallego, que puso la pierna para desviar un pase atrás de Nacho Gil. Ventaja trabajada y merecida.
Así se fue apagando una primera parte que acabó con el Tenerife ganando y sin intervenciones de Dani, solo para atrapar sin agobios un centro de Embarba en el 40’.
García Pimienta aprovechó el intermedio para buscar soluciones. Visto lo visto, al Almería no le iba a dar con lo que estaba haciendo. La fórmula elegida fue un relevo en la banda izquierda: Cipenga por Sola. El efecto fue notable. No solo por el cambio. Seguramente también por el reseteo del intermedio. El Almería retomó el reto con un punto más de velocidad y precisión. Con eso logró encerrar a un Tenerife que tuvo que encender el modo defensivo. Demasiado riesgo para un equipo centrado en achicar agua y alejar el peligro.
Para recuperar el aire, los blanquiazules se estiraron con una acción ofensiva que terminó con un disparo de Nacho que rebotó en la defensa. Cervera también reaccionó poniendo en escena a Noel por Chapela para volver a estirar al equipo. La mejor noticia para el Tenerife fue que supo recuperar el control, ya sin tantos apuros y con una mayor frecuencia de ataque, durante un tramo con amagos de penalti, uno por una supuesta falta por manos y otra por derribo de Nacho Gil a un paso del área.
El dominio del Almería se tornó en sufrimiento. Pero tampoco estaba dispuestos a rendirse tan pronto. Para dejar claras sus intenciones, Melamed detuvo el tiempo con un potente remate al palo. El susto cogió a Martin Pecar y De Miguel todavía fríos, recién ingresados en el campo. Los andaluces se agarraron a ese momento de inspiración y siguieron apretando: otro remate limpio, esta vez de Dzodic y rozando el poste.
Mirando el cronómetro, al Tenerife le debió entrar la duda de si protegerse o dar un paso al frente. El cansancio también jugaba en contra. Cervera envió señales, o una ayuda: Jorge Moreno y Anes Krdzalic por César y Nacho Gil. La repuesta innata fue la primera, la prioridad de defender a toda costa la mínima renta, una actitud con la que los blanquiazules también se saben desenvolver. Los más de 17.000 espectadores se sumaron a la causa. El Almería lo intentó de una manera y de otra, con saques de esquina, incluso con una chilena de Pulido... Brazos al aire de los locales, a medias entre la celebración y la petición de un último esfuerzo a la grada. Así fue un poco más fácil. 1-0 y segunda victoria para un despegue inmediato.
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