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Un debut, cuatro retornos no deseados y cinco necesarios en el CD Tenerife

El CD Tenerife se reencuentra con la categoría en la que más veces ha competido: 48. Es el tercer club con más temporadas en este nivel

Roberto Perera, segundo entrenador del Tenerife, consuela a Diarra al final del último partido jugado por los blanquiazules en Segunda, el 1 de junio de 2025 en Almería.

Roberto Perera, segundo entrenador del Tenerife, consuela a Diarra al final del último partido jugado por los blanquiazules en Segunda, el 1 de junio de 2025 en Almería. / El Día

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Julio Ruiz

Julio Ruiz

Santa Cruz de Tenerife

El Tenerife regresa a su hábitat natural, a la categoría que mejor conoce y en la que más veces ha competido, 48, por trece en Primera, ocho en Segunda B y una en Primera RFEF. Es la puerta por la que entró en el circuito nacional en 1953 después de ganar en una promoción al Orihuela a ida y vuelta.

Los blanquiazules se estrenaron en ese nivel el 12 de septiembre de 1953, con una derrota en el campo del Xerez, con Carlos Muñiz como entrenador y con Antonio Pedrero como goleador. Fue el paso inicial en un largo camino que, claro está, ha tenido sus interrupciones, algunas deseadas y otras no. Porque el representativo ha festejado cinco ascensos a la ahora llamada LaLiga Hypermotion, aparte del ya indicado de 1953, pero también sufrió cuatro descensos.

Subió desde Tercera –en su antiguo formato– en 1971, desde la desaparecida Segunda B en 1983, 1987 y 2013, y desde Primera RFEF hace nada, el 1 de mayo de 2026. Los dos últimos éxitos tuvieron el factor común del mismo técnico, Álvaro Cervera.

La sensación fue muy diferente a la vivida al final de las campañas 61/62, 98/99, 01/02 y 09/10. En todas, el Tenerife pasó de competir en la máxima categoría a resignarse a partir de cero en Segunda División.

Entre unas cosas y otras, el club tinerfeño se ha convertido en uno de los más veteranos de la competición de plata. De hecho, solo hay dos con un recorrido más amplio, es decir, con más temporadas. Si los blanquiazules van a por la número 49, uno de sus rivales, el Sporting, se dirige a la 53. En medio está el Real Murcia, que se quedó estancado en 53 desde que bajó en 2014. Los de La Condomina llevan doce cursos seguidos intentando retornar, e insistirán en la 2026/27.

El origen

Todo empezó en mayo de 1953. El Tenerife, considerado ya el representativo, pudo acceder por primera vez a una Liga nacional al vencer al Orihuela en una promoción que para los alicantinos fue de permanencia. Después de perder por 2-1 en la ida (2-1 y gol visitante de Antonio Pedrero), los blanquiazules remontaron en el Heliodoro el 31 de mayo: 3-0 con un tanto de Paquillo y un doblete de Julio Alonso, Julito.

Para ser novato, al Tenerife no le fue nada mal aquello de consolidarse en un terreno que no había pisado antes. Su etapa inicial en Segunda fue larga, de ocho campañas, un periodo se cortó de la mejor manera, para mudarse a Primera en 1961 de la mano de Heriberto Herrera. Antes tuvo un debut prometedor, un sexto puesto en la 53/54 en una categoría formada por dos grupos de 16 equipos. El campeón fue la UD Las Palmas. Y el máximo goleador, Antonio Pedrero (21).

En ese tramo de ocho temporadas, el Tenerife solo lo pasó verdaderamente mal en la 56/57. Cerró el ejercicio en la decimotercera plaza con los mismos puntos que el mejor clasificado de los que tuvieron que disputar la promoción. Luego, en la 59/60 tuvo que hilar fino para no complicarse la vida: décimo con un corto margen sobre la zona de playoff de permanencia. Fueron dos excepciones en un viaje más o menos estable, que incluyó dos novenos puestos en los cursos 54/55 y 55/56, con Julito (25) y Antonio (21) como Pichichis, un segundo en la 57/58 –a cuatro puntos del campeón y ascendido Real Betis– y un cuarto lugar en la 59/60. Hasta que llegó la temporada redonda, la 60/61, y el Tenerife subió por primera vez a la máxima categoría como líder del Grupo 2, por delante del Atlético Ceuta.

Después de un año en Primera

A los blanquiazules les duró poco el lujo de estar en la élite. En la Liga 62/63 abrieron otra etapa en Segunda, esta vez, de seis campañas seguidas, una estancia que se rompió de manera peculiar: el Tenerife cayó a Tercera en 1968 siendo noveno en una Liga de 16 equipos. El motivo, una reestructuración de la categoría que condenó a los ocho peores de cada grupo. Los isleños cerraron ese pelotón con los mismos puntos que el siguiente, el octavo. Una carambola en la última jornada culminó una campaña nefasta. Lo único positivo, los 15 tantos del Tigre Barrios.

Y no es que el Tenerife hubiera estado jugando con fuego antes, pero en esa media docena de temporadas, su papel en Segunda fue discreto. Quitando un quinto puesto en la 63/64, se tuvo que conformar con ser un equipo de medianías, o incluso con algo peor: 10º en la 62/63, 11º en la 64/65, 8º en la 65/66, 11º en la 66/67 y 9º en la 67/68, perjudicado por la conversión de la Segunda en una categoría de un único grupo.

Bajar siendo noveno

El tiempo de espera fue de tres años. Tres años en Tercera. Al fin, en 1971, el Tenerife volvió a casa. Por delante, una visita duradera al segundo piso, de siete campañas. Lo más estimulante fue el cuarto puesto de la 73/74 con Dagoberto Moll al frente. Subieron directamente los tres mejores. Los isleños se quedaron a dos puntos del tercero, la UD Salamanca.

También hubo angustia, como la que sintió la afición en la 72/73 por la presencia de su equipo en la promoción de permanencia. Eso sí, a la hora de la verdad no hubo mayores problemas para vencer a Ensidesa.

Dos temporadas más tarde, el Tenerife escapó por muy poco, por un punto, de tener que enfrentarse de nuevo a un playoff.

Y en las otras Ligas, un 9º puesto en la 71/72, en una Segunda de 20 equipos, un 7º en la 75/76, un 6º en la 76/77... y el descalabro de la 77/78: penúltimo con Manuel Sanchís a los mandos de principio a fin.

La promesa de Fabricio: una de las imágenes de la fiesta del ascenso a Segunda logrado el 1 de mayo de 2026.

La promesa de Fabricio: una de las imágenes de la fiesta del ascenso a Segunda logrado el 1 de mayo de 2026. / Arturo Jiménez

Otro adiós a Segunda. En esta ocasión, para transitar durante cinco años por una categoría de bronce de la que escapó en 1983 con el entrenador José Ramón Fuertes.

Una vez recuperada la categoría perdida, al Tenerife le costó afianzarse. Entró con un 15º puesto en la 83/84, mejoró un poco con un 11ª lugar en la siguiente y, finalmente, se hundió en la 85/86 con una 19ª posición. No lo pudieron evitar ni Dragoljub Milosevic ni, en los 14 últimos partidos, Domingo Rivero.

Una nueva era con Javier Pérez

Y cambió la historia. El panorama sombrío se iluminó con la llegada al club de la Alternativa Azul y Blanca, liderada por Javier Pérez. El ascenso de Segunda B en 1987, con Martín Marrero dando las órdenes desde la banda, fue toda una señal. El Tenerife volvió a Segunda, pero esta vez para coger impulso hacia su década dorada en Primera, la de los 90. Tras un curso de transición, el 87/88, el Tenerife sorprendió en la 88/89 con un ascenso con el que ningún rival contaba. El momento cumbre fue la promoción contra el Betis. 4-0 en el Heliodoro y 1-0 en el Benito Villamarín el 2 de julio de 1989. Una obra firmada por el técnico Benito Joanet.

Así, sin verlo venir, el Tenerife estuvo sin pisar la Segunda División hasta la 99/00. Pero ya era otra cosa. Un grande que se había deslizado a la categoría inferior con la obligación de regresar a Primera. El intento inicial no cuajó. No hubo manera con Sandreani, tampoco sirvió el repunte con Castro Santos y el giro a la desesperada con Cappa dejó al representativo a medio camino. Y fue entonces cuando el club, con Santiago Llorente como director deportivo, dio en la tecla, entre otras cosas, eligiendo a Rafael Benítez como técnico. En una de las ediciones de la Segunda División más potentes, por la participación de Atlético de Madrid, Sevilla y Real Betis, el Tenerife logró subir como tercero dejando atrás a los rojiblancos. Para el recuerdo, el gol de Hugo Morales al Leganés en Butarque el 17 de junio de 2001.

De la euforia de ese día, el tinerfeñismo pasó a la preocupación unos meses después, porque el Tenerife, inicialmente con Felipe Miñambres como arquitecto de la plantilla, no logró encadenar resultados positivos en Primera. Pepe Mel fue despedido en febrero de 2002 y la apuesta por Javier Clemente, ya con Miñambres fuera por voluntad propia, no fue suficiente para esquivar el descenso.

Una etapa de cambios y Oltra

Otra vez con un ciclo largo en Segunda, de siete temporadas, con sus sombras y sus luces, con dos cambios de presidente, primero con Víctor Pérez Ascanio como sustituto de Javier Pérez y luego con la llegada de Miguel Concepción. En el proceso, el equipo estuvo a un paso de despeñarse en la Liga 2005/06. Se salvó por los pelos con Bernd Krauss como entrenador. Antes se había quedado en el intento como aspirante con dos octavos puestos en la 02/03 –Lienen y Amaral– y 03/04 –Amaral y Martín Marrero, y Lobo Carrasco como director deportivo–. En la 04/05 retrocedió a la novena plaza –Moré y Barrios–, en la 05/06 rozó el fracaso –Barrios, Quique Medina, Antonio López, David Amaral y Krauss–, y en la 06/07 empezó a ver la luz poco a poco: terminó séptimo –Casuco y Toño–. Hasta que llegó José Luis Oltra. Debutó con un gris undécimo lugar en la 07/08, pero aquel Tenerife, ya con Bertrán, Sicilia, Manolo Martínez, Ayoze –vicepresidente actual– o Nino, estaba llamado a hacer algo más. Lo logró con los fichajes de Alfaro, Juanlu, Richi, Kome... Y en la 08/09 se salió. En realidad, fue tercero por detrás del Xerez y el Zaragoza, pero con ello pudo celebrar su último salto a Primera.

El privilegio fue fugaz. Pero lo que vino después fue peor, una temporada en Segunda en la que pasó de ser un favorito a subir a bajar. Aquella 10/11 comenzó torcida con Gonzalo Arconada y ya no tuvo arreglo.

Cervera dos veces

El penúltimo retorno a Segunda, esta vez deseado, tuvo a Cervera como protagonista en la 12/13. Por delante, una etapa de doce cursos en la categoría de plata, algunos con claras opciones de escalar a Primera. Seguramente habría pasado si el equipo no hubiera encadenado siete derrotas en las siete últimas jornadas de la 13/14, o si hubiera tenido más suerte en las finales de las promociones de 2017 –Getafe, con Martí– y 2022 –Girona, Ramis–.

El Tenerife fue 11º en la 13/14, 17º en la 14/15 –Cervera y Agné–, 13º en la 15/16 –Agné y Martí–, 4º en la 16/17 –Martí–, 11º en la 17/18 –Martí y Etxeberría–, 16º en la 18/19 –Etxeberría, Oltra y Sampedro–, 12º en la 19/20 –López Garai, Sesé Rivero y Rubén Baraja–, 14º en la 20/21 –Fran Fernández y Ramis–, 5º en la 21/22 –Ramis–, 10º en la 22/23 –Ramis–, 12º en la 23/24 –Garitano– y antepenúltimo en la 24/25 –Óscar Cano, Pepe Mel y Cervera–. Un descenso a Primera RFEF que demostró que la Segunda División no se fija en el peso de los escudos.

La decepción vino acompañada de una regeneración por el cambio de propiedad –de Garrido a Rayco García– y por el aire fresco aportado por Miñambres, Ayoze, Manu Guill... Otro Tenerife. El paso dado hacia atrás sirvió para coger impulso y el equipo logró regresar en el primer intento.

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