Cuerpo técnico
Aitor Sanz, excapitán del CD Tenerife: "Estoy haciendo un máster acelerado"
El excapitán asegura que no echa de menos el césped y disfruta de una nueva etapa en la que, como reconoce, pasa el día «con los ojos bien abiertos»

Aitor Sanz. | / CDT

El CD Tenerife entra en semana de competición oficial –debutará en su regreso a Segunda División este domingo a las 16:00 en Ipurúa ante la SD Eibar– y lo hace, trece años después, sin Aitor Sanz. El eterno capitán ha colgado las botas, pero no se ha alejado del vestuario. Ahora se acostumbra a su nueva vida en el cuerpo técnico de Álvaro Cervera, desde donde afronta una etapa que, según reconoce, está viviendo como «un máster acelerado».
Ayer pasó por COPE Tenerife para hablar de su retirada, de sus primeros pasos como técnico y del Tenerife que se prepara para el regreso al profesionalismo. Y lo primero que dejó claro es que no está echando de menos el césped tanto como podía imaginar. Preguntado por si al despertarse había pensado que el domingo debería haber estado jugando, fue tajante: «No, para nada». Su adaptación ha sido rápida y, además, se encuentra «feliz» por seguir ligado al fútbol y al Tenerife. Incluso ha descubierto una ventaja: «No estoy tan cansado como habitualmente ni me duele tanto el cuerpo».
La transición tampoco está siendo traumática gracias al recibimiento que ha encontrado dentro del cuerpo técnico. Aitor asegura que se lo están poniendo «muy fácil» y que siente que su opinión es tenida en cuenta. También reconoce que está aprendiendo constantemente de sus nuevos compañeros. «Estoy haciendo un máster acelerado», resume, antes de explicar que pasa el día «con los ojos bien abiertos e intentando retener información». De capitán a miembro del cuerpo técnico, pero todavía con mentalidad de alumno.
Su nuevo rol le permite, además, mantener una de las características que siempre le acompañó: «la cercanía» con sus compañeros. Haber compartido vestuario con muchos de ellos hasta hace solo unos meses le da una confianza especial para hablarles y aconsejarles. «Ellos saben que si yo les digo haz esto, es para su mejora y para el bien del equipo», explica. Una tarea que desempeña, eso sí, tratando de no convertirse en ese compañero que está todo el día encima, porque, como admite, a veces es «demasiado pesado».
En cuanto al Tenerife que se verá esta temporada, Aitor no descubre nada que no se pueda intuir. Dibuja un equipo «sólido» y que «conceda poco»; al fin y al cabo, como él mismo apunta, «conociendo un poco al míster, pues ya sabe un poco lo que a él le gusta». «Si tenemos que llegar tres veces y que no nos lleguen, mejor que llegar diez y que nos lleguen ocho», explica. El objetivo es ser un equipo «que tenga opciones de ganar en todo momento».
Ese planteamiento debe ir acompañado, eso sí, de una buena dosis de realismo. El Tenerife llega a la categoría de plata después de lograr el ascenso, pero no quiere hacerlo acomplejado. Aitor insiste en que el equipo debe presentarse «sin complejo de inferioridad ante nada». También confía en los futbolistas que ocuparán el centro del campo que él deja libre: «Son buenos futbolistas. Yo no tengo ninguna duda de ellos». Y ya ha analizado al Eibar, primer rival liguero, al que define como un conjunto «muy competitivo» y con «una base muy sólida».
Sobre la forma en la que decidió abandonar el fútbol, el eterno capitán reconoce que tuvo dudas sobre su capacidad para afrontar «los ritmos de Segunda» y no quería convertirse en un problema para el club («yo lo que sí que no quería era ser un lastre para el club», confiesa). Por eso pidió que la decisión fuese «consensuada» y que desde la entidad también participaran en la valoración. Visto ahora con perspectiva, cree que acertó.
También reveló, sobre su despedida, que pidió expresamente que todo fuese sencillo. «No me gusta ser protagonista, no me gusta estar en el candelero y menos en esta situación», explica. Incluso rechazó que su familia estuviera presente en la rueda de prensa porque sabía que podía emocionarse. «Si veo a mis hijos ahí, me voy a poner a llorar como una Magdalena», reconoce.
Por eso Aitor considera injustas las críticas que recibió el club por la supuesta falta de una despedida a la altura de su trayectoria. La realidad, según cuenta, fue precisamente la contraria: «He sido yo el que les pedí, por favor, que fuera lo más sencillo posible porque no era un momento fácil para mí y no quería montar ningún drama». Para él, el cariño recibido durante sus años en la Isla pesa mucho más que cualquier acto multitudinario. El reconocimiento diario del tinerfeñismo es, para el ya exjugador, «lo máximo».
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