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Pedro y el CD Tenerife: un efecto óptico

Esta es la historia de un sueño de unas cuantas noches de verano. Y también de un efecto óptico. La estampa de Pedro Rodríguez con la camiseta del CD Tenerife en un acto público en La Laguna hizo creer a quienes vieron la fotografía -alcanzó un millón de impactos en las redes- que aquello era una señal del destino. En realidad, era solo un guiño cómplice de afecto y cariño a un escudo y una camiseta. Nada más que eso. Aquí, la reconstrucción de un intento de milagro.

La imagen que ilusionó al tinerfeñismo: Pedro en un acto en La Laguna con la camiseta del CD Tenerife

La imagen que ilusionó al tinerfeñismo: Pedro en un acto en La Laguna con la camiseta del CD Tenerife / Ayuntamiento de La Laguna

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Manoj Daswani

Manoj Daswani

Santa Cruz de Tenerife

Un restaurante elegante conocido por su extensa (y excelsa) bodega de tintos y frecuentado por algunos de los futbolistas más reputados de la Serie A acogió hace ahora más de un año la primera cita entre Rayco García y Pedro Rodríguez Ledesma. Ocurrió en Roma y con la presencia -entre pastas y carne- de una veterana dirigente de la administración Villar, ya fuera de la Federación, a la que el empresario de Santa Úrsula había recurrido para tejer puentes con el entonces único tinerfeño que había levantado la Copa del Mundo de la FIFA.

El encuentro con mesa y mantel transcurrió en un tono muy cordial, hablaron de todo un poco, se contaron anécdotas de todos los colores y Pedro se quedó con la impresión de que el CD Tenerife había pasado a manos de un dirigente serio, ambicioso y soñador, que tenía las ideas claras. Nada que ver el discurso convincente, seductor y con sentimiento de Rayco García frente a las mañas y formas de su antecesor José Miguel Garrido, quien en su día también llegó a contactar con Pedro para hacerle una oferta y tirarle números de manera más chusca, a través de desordenados e inconexos mensajes de wasap.

Tras aquel primer encuentro en Roma, Rayco y Pedro quedaron en seguir hablando y, a los pocos días, al jugador de la Lazio ya le llegó un primer documento de propuesta formal -con membrete oficial, por supuesto- para adherirse al representativo en un tiempo futuro y además, por varios años. El máximo accionista iba en serio. El documento salió de las oficinas del Heliodoro en un momento en que el club estaba aún en Primera RFEF y ni por asomo pensaba en topes y techos salariales. Para entonces, García sí sabía que ya existía (y aún existe) un impedimento casi tan grande como el Coliseo romano para que su sueño -ver a Pedro con la blanquiazul en el Heliodoro- se hiciera realidad algún día.

El precedente de Felipe Miñambres

García Cabrera suspiraba por una foto como la que obtuvo de Felipe Miñambres, a quien presentó en sociedad por sorpresa -el astorgano había negado la mayor los días antes a aquellos periodistas locales que le llamaron para preguntarle por su regreso- y al que acompañó un estallido de entusiasmo en torno al Tenerife. Volvía Felipe, un símbolo. Si aquello ya fue potente, qué decir del impacto que habría tenido Pedrito, que entonces aún nunca había lucido (ni en público ni en privado) los colores del representativo, al que por cierto siempre ha seguido con cariño en la distancia.

Pedro Rodríguez, como Cristiano, se acogió durante su doble periplo italiano (Roma y Lazio) a la ley fiscal que comúnmente se conoce con el nombre del astro portugués -Decreto Crescita- y que suponía un incentivo de marca mayor para aquellas estrellas de primer nivel que accediesen a enrolarse en la Serie A, entonces huérfana de jugadores de postín. Una ley que supone exenciones en el pago del IRPEF, pero también la obligación de renunciar a todas las ventajas con carácter retroactivo (hablamos de una cifra millonaria) si se produce un cambio de residencia en los años posteriores al momento de dejar de cotizar en Italia.

Aun conociendo que esta circunstancia tributaria era un valladar casi infranqueable -imagínense los ceros que habría significado el cambio de residencia fiscal-, Rayco García nunca dejó de intentarlo. Un nuevo encuentro con el futbolista se produjo en Italia con motivo del partido que disputaron en enero el Como y la Lazio en la 25/26, y al que el mandamás blanquiazul acudió acompañado de Felipe. La intención era cerrar para el Centenario del Heliodoro un partido amistoso con el equipo al que pertenece Nico Paz, el cual habría sido un reclamo de campanillas para conmemorar como se merecía el cumpleaños del Estadio.

Entonces y en otras ocasiones hablaron con Pedro también de otras cuestiones. Por ejemplo, de la voluntad y el interés compartido en caminar juntos, de la mano, como ya harán las Fundaciones del CD Tenerife y del propio jugador con motivo de la Royal Elite Cup que tendrá lugar en Geneto en septiembre; o a propósito del partido de Leyendas (un benéfico Pedro versus Silva) que se celebrará en el Heliodoro en 2027 y en Gran Canaria en 2028. Por cierto, que la rueda de prensa para presentar este proyecto apunta al primer fin de semana del mes que viene.

Pedro, en uno de sus últimos partidos con la Lazio.

Pedro, en uno de sus últimos partidos con la Lazio. / @Pedro17

Las gestiones para intentar convencer a Pedro

Quien conozca bien a García Cabrera sabrá bien de su insistencia para aquellas cuestiones que de verdad le importan. Ha habido llamadas y mensajes a Pedro ("vente, que aquí vas a estar bien"), pero también a su entorno más directo para que entre todos tratasen de buscar la fórmula de convencerle. O de sortear todos los escollos fiscales, familiares, deportivos… que entrañaba una operación que tampoco está claro que hubiese aceptado LaLiga (no olvidar que el Tenerife ha estado firmando jugadores foráneos de bajísimo coste porque su tope está absolutamente condicionado por los desmanes de años pretéritos y que aún hoy no ha alistado a las incorporaciones ya suscritas). Así que incluso hubo un momento en que se dijo: "Si no es como futbolista, que sea como embajador". El caso es que el celebérrimo jugador de Abades nunca ha estado cerca de fichar por el Tenerife. Lo que ocurra en días o meses venideros ya será otro cantar, pero esta es la historia de lo acontecido hasta hoy.

Dicen quienes más quieren y asesoran a Pedro que habría sido un disparate poner en juego toda su reputación y su carrera perfecta por un mal año en casa o una temporada en la que no le saliesen las cosas. El listón de la exigencia está muy alto en el Tenerife 26/27 y seguro que habría habido un sector de la afición (y de la prensa) que no le habría perdonado ni un fallo. Por no hablar de la toxicidad de las redes, de las que nadie habla pero ahí están.

Los riesgos de volver a casa

La historia del fútbol está repleta de jugadores que intentaron ser profetas en su tierra y fracasaron estrepitosamente en el intento. Los incondicionales del representativo aún tendrán muy reciente la forma en la que salió Ángel Rodríguez, partícipe en primera persona del ascenso de Montilivi y auténtico icono para alguno de los clubes de Primera por donde pasó. Tampoco conviene olvidar lo que le ocurrió a Santi Cazorla, que abandonó el Oviedo por la puerta falsa este mismo verano después de haber hecho lo que parecía más difícil: subir a Primera con el equipo de sus amores.

Un proyecto que avanza a toda velocidad como el del Tenerife no estaba para Pedro, que se limitó a decir la verdad en Televisión Canaria cuando se le preguntó en junio -en una entrevista que concedió con motivo de su campus estival- por la opción de venir y confirmó ante las cámaras las conversaciones, la oferta (la hubo hace más de un año), el interés y el empeño personal por parte de Rayco.

Ya entonces confesó Pedro que la operación era muy difícil por muchos motivos, una hipótesis en la que ahondaron luego Felipe Miñambres (reveló que no habría sido fácil inscribirle), Ayoze García (que apeló a razones de distinta índole que hacían quimérica la operación), Manu Guill (“lo veo casi imposible”, dijo) o Álvaro Cervera (“económicamente inviable”, zanjó el entrenador tras la final del Trofeo Teide). El propio míster llegó a decir que ni siquiera ha estado al tanto de que Pedro fuese una opción real, indicio que ratifica con claridad que todo este culebrón ha sido tan solo eso. El sueño de un par de semanas del verano.

El sueño de ver a Pedro con la camiseta del Tenerife

Obnubilados por la foto de Pedro luciendo la camiseta del Tenerife en un acto en La Laguna -se lo pidieron y no se negó, ¿por qué iba a hacerlo?-, ha habido muchos aficionados que han preferido desoír todos los avisos de que estábamos ante un Everest imposible de escalar para este Tenerife y se han hecho a la idea onírica de que cualquier día aparecería Rayco por la sala de prensa del Estadio con la compañía celestial de una estrella de este calibre. En psicología, es lo que se llama sesgo confirmatorio o trampa de la creencia. Es la tendencia mental a buscar, interpretar y subrayar la información que apoya las ideas o creencias que se desean, mientras se ignoran o rechazan aquellas que apuntan a lo contrario.

A decir verdad, tampoco ha habido nadie (un portavoz autorizado del club o del jugador) que se atreviese a parar con mayor rotundidad esta gigantesca bola de nieve. Pedro era y es un imposible, por muy voluntarioso y loable que haya sido el desempeño de Rayco, que sabía -desde el principio- la extrema dificultad de su misión.

Una trayectoria ejemplar y un amor imposible de verano

De confirmarse su retirada definitiva de los terrenos de juego, que sugirió su socio Albert Valles en una entrevista reciente, Pedro habrá cerrado una trayectoria ejemplar, imponente, impensable para aquel crío que salió rumbo a Barcelona de un torneo Villa de Adeje, que sufrió horrores para adaptarse a La Masía y sobreponerse a las consecuencias de su voluntario exilio -que propició que su madre entrase en depresión- y al que Guardiola le evitó una cesión (al Portuense) hasta hacerle lucir en los mejores escaparates del mundo. Entendible que la afición quisiera que la estrella bajase al barro, pero fue solo un amor imposible de verano.

Pedro nunca estuvo cerca. Fiscalmente era inviable. Estructuralmente, habría sido una decisión cuestionable cuando el proyecto pasa por buscar futbolistas con hambre y que resulten susceptibles de vender en un futuro. Administrativamente, hay dudas de que LaLiga hubiese pasado por el aro de inscribir a una estrella a precio de saldo. Y emocionalmente, nadie tiene claro que asumir las responsabilidades de un Tenerife tan exigente -y con las bandas ya muy bien cubiertas- habría sido lo más aconsejable para un Pedro al que le toca disfrutar de sus hijos, de la vida y del patrimonio (y no me refiero aquí a su cuenta corriente, sino a la unánime admiración y afecto que suscita su figura) porque se lo ha ganado a lo largo de una trayectoria extraordinaria. En la que no se le conocen enemigos. Ojalá que tampoco le aparezcan ahora, ni tan siquiera en las redes porque si finalmente todo acaba según parece, aquí no habrá resquicio alguno para reprocharle nada a nadie. Ni a Pedro, ni a Rayco.

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